Opinión

¿El peor escenario?

La peor crisis para un líder es la que oculta información, está basada en engaños o no resuelve. | José Antonio Sosa Plata

  • 28/01/2021
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Con más de 150 mil muertos por covid-19, México se encuentra hoy en el peor momento de la pandemia. Esta afirmación no es un lugar común. Es una tragedia que no se previó con estas dimensiones y que se hará más grave en los meses siguientes. Sin embargo, ninguna de nuestras autoridades la reconoce como tal. Y sí, por el contrario, en la narrativa oficial se incrementan las omisiones, contradicciones y los mensajes esperanzadores.

Los contagios crecen también en forma preocupante. De igual forma, los impactos económicos son cada día más grandes en un porcentaje cada vez mayor de la población. Por eso, la incertidumbre es lo que prevalece, frente a una estrategia de comunicación que no cumple a cabalidad con lo que dicta la metodología más apropiada para gestionar una crisis. El diseño de escenarios no está siendo efectivo para reforzar los procesos de toma de decisiones de nuestros gobernantes.

Michael Porter, economista especializado en estrategia empresarial, definió en 1985 el escenario como "un modelo de futuro posible, dotado de coherencia interna". Para tener una idea más clara del concepto, el escenario permite tener una visión estratégica de lo que se pretende lograr en el mediano y largo plazos. Si lo que se quiere es tomar decisiones para el corto plazo, lo que procede es elaborar una predicción, es decir, la interpretación del futuro próximo que parece tener la mayor probabilidad.

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Jarbas Barbosa, subdirector de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), dijo desde marzo pasado que los gobiernos y las instituciones de salud pública debían “prepararse para el peor escenario". La realidad ha demostrado, por desgracia, que no todos los países tomaron en cuenta su recomendación. Pudo haber sido porque no le creyeron. Pero también porque no todos tienen la capacidad científica y técnica para hacer frente a una crisis con las dimensiones como la que generó el coronavirus.

Por su parte, Joe Biden dio un viraje audaz en la estrategia y el discurso el día que tomó posesión como presidente de Estados Unidos. Reconoció —como pocos gobernantes— la gravedad de la situación e hizo algunos pronósticos de lo peor que se pondría la situación en el corto plazo. Comprendió que era necesario cambiar el paradigma y asumir los riesgos de hablar con la verdad sobre los futuros posibles. En unos meses sabremos si tuvo razón o no con el cambio de estrategia.

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En México, sin embargo, ya casi no se hacen proyecciones o predicciones realistas públicamente. Como en los viejos tiempos, se sigue pensando que si se dicen las cosas tal como son, se ponen en riesgo algunos intereses políticos, de manera particular los que están vinculados con las elecciones. Frente a las diversas críticas en el sentido de que la estrategia  gubernamental adolece de fallas importantes, las respuestas han evitado el diálogo y promovido la confrontación.

Las mejores y más modernas prácticas en gestión de crisis refieren que no hay que esperar que las situaciones salgan de control para tomar las medidas correctivas correspondientes. De ahí la importancia que tiene hablar con la verdad y de no dejar espacio para la manipulación, el engaño ni el doble discurso, sobre todo cuando se trata de puntos tan sensibles como el número de contagios, de muertos, de camas disponibles o del estado de salud del presidente.

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La elaboración de escenarios y su incorporación a las estrategias es tal vez la herramienta más poderosa de la planificación en contextos de crisis. Su revisión constante permite el ajuste de las tácticas y metas para reducir la incertidumbre y los factores de riesgo. En contraste, también es recomendable considerar el mejor escenario posible. Sin embargo, la experiencia también ha demostrado que lo deseable casi nunca coincide con la compleja y necia realidad.

El éxito o fracaso de las estrategias depende de la calidad del análisis y de la visión prospectiva, a partir de datos basados en la realidad y de las previsiones que se pueden lograr al considerar el peor escenario dentro de las opciones múltiples disponibles. Además, la obsesión con lo positivo es una de las equivocaciones más frecuentes de los líderes políticos, pues creen de manera errónea que para cuidar su imagen y mantenerse en el poder siempre es mejor informar a la población que todo marcha bien, que todo está bajo control o que las crisis no son como las percibe la mayoría de la gente.

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El diseño de escenarios sirve para gestionar el futuro y las crisis que siempre se presentan. Las metodologías actuales ofrecen herramientas para reducir la incertidumbre y, por lo tanto, los riesgos y peligros que cada escenario puedan presentar. Así, el futuro se puede modificar en nuestro favor a partir de la planeación de escenarios alternativos viables y factibles. Por lo tanto, cuando se visualiza el peor escenario, estamos en mejores condiciones para identificar las tendencias más seguras o favorables y los peligros de las incertidumbres.

Si no se pone el peor escenario sobre la mesa, la estrategia corre el riesgo de no funcionar. Por lo tanto, no resulta exagerado afirmar que la peor crisis para un país puede ser la que no se reconoce. O que ocultar o negar una crisis tampoco la resuelve. Cierto es que partimos de que no existen estrategias perfectas. Pero cuando se comprueba una y otra vez que la estrategia no está funcionando, es una insensatez y una irresponsabilidad no aceptar lo que está fallando y corregir. 

Consulta: Tom Leney, Mike Coles, Philipp Grollman y Raivo Vilu. Manual de escenarios. Cedefop Dossiers series 9. Luxemburgo. Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas, 2004.

A la hora de elaborar un proyecto estratégico, siempre es conveniente considerar el peor escenario. Con un análisis detallado sobre las mayores adversidades que se podrían enfrentar, es posible construir alguno de los mejores futuros posibles. Si los escenarios están bien descritos y estructurados, también estaremos en condiciones más apropiadas para elaborar narrativas, discursos y mensajes más certeros, confiables y creíbles. 

Si tomamos como punto de referencia las proyecciones estadísticas más pesimistas que presentó el gobierno federal a mediados del año pasado, es evidente que las fallas fueron enormes. Desde hace meses, el golpe de timón en la estrategia era necesario. Más ahora si tomamos en cuenta el lamentable contagio del presidente Andrés Manuel López Obrador. Pero si se mantiene la misma estrategia y la creciente tendencia negativa en el número de contagios y muertes, el peor escenario lo veremos, ciertamente, en el marco de las elecciones que se llevarán a cabo en junio próximo.

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A pesar de la esperanza que despertaron las vacunas en la población, solo tuvieron que pasar unos cuantos días para que el optimismo se cayera. Por un lado, porque no están llegando en la cantidad y a la velocidad que se comprometió en diciembre pasado. Por el otro, porque aún no queda del todo clara la estrategia ni el procedimiento que deberá seguir la población para aplicarse la vacuna.

Aún más. Si bien es cierto que en nuestro país no se puede hacer a un lado la política para enfrentar la pandemia —como sí lo propuso el presidente Joe Biden al pueblo de Estados Unidos—, también lo es que aquí no se están vinculando los escenarios con la estrategia. El problema de fondo no es teórico. Es eminentemente práctico y sigue afectando los procesos de toma de decisiones. ¡Pero sí hay solución!

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Los fenómenos de politización no se pueden erradicar de las acciones contra cualquier tragedia ocasionada por los seres humanos o la naturaleza. Lo que sí se puede es conciliar las soluciones que demanda la población con los intereses legítimos que tienen los grupos de poder. La experiencia ha demostrado que los liderazgos se consolidan cuando se imponen los hechos a la simulación o la demagogia. 

Cuando una nación está inmersa en un escenario crítico o complejo, el lenguaje y las definiciones deben estar basadas en la verdad, ser claras, motivar a la acción, a la unión y a la solidaridad. También se ha demostrado que es posible mantener al mismo tiempo un discurso con estas características y abrir el espacio público para el debate, la confrontación e incluso el conflicto. Es una de las muchas ventajas que ofrece la democracia.

Recomendación editorial: Edgar Jiménez Cabrera y Carlos Haefner. Escenarios para la construcción social de políticas públicas de nueva generación en América Latina. Chile, Universidad de Valparaiso, 2015.

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