Opinión

¿Será #2019 un gran año para México?

El mensaje de año nuevo del Presidente es optimista y pone una vara muy alta en los resultados que pretende lograr este año. | José Antonio Sosa Plata

  • 03/01/2019
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El estilo personal de gobernar del presidente Andrés Manuel López Obrador es muy distinto al de otros mandatarios que hemos tenido en las últimas décadas. Uno de los elementos diferenciadores más importantes lo estamos viendo —desde que tomó posesión— en su comunicación personal.

Se podría decir que es un personaje excepcional, pero no es así.

En Iberoamérica no han sido pocos los casos en los que el protagonismo de algunos mandatarios nacionales, estatales y municipales han hecho de la comunicación el eje de sus estrategias políticas, no solo para fortalecer su poder y la confianza de la ciudadanía, sino con el propósito de mantener a raya a sus adversarios con conflictos reales, ficticios o generados desde su trinchera.

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El mensaje de año nuevo del Presidente tuvo un gran impacto en todos los medios.

Generado desde las #RedesSociales, #AMLO se salió del formato acartonado que hemos visto desde la década de los 80, cuando se instauró el modelo. Los videos en más de 30 años (siempre leídos en teleprompter y en el marco de un ambiente cálido, navideño y familiar), no solo eran utilizados para enviar buenos deseos, sino que nos han dado cuenta de los logros y retos más importantes del país.

El objetivo siempre ha sido generar confianza y esperanza en la población

Pero no siempre lo han conseguido. Por un lado, debido las dificultades económicas que se han enfrentado en el país. Por el otro, como consecuencia de las situaciones tensas y críticas que se vivieron en algunos momentos como en el umbral de 1994 a 1995.

El mensaje de año nuevo es una oportunidad que los presidentes han querido aprovechar.

¿Por qué? Son momentos en los que las emociones de la gente están a flor de piel y en donde la mayoría renueva sus esperanzas de una vida mejor.

Es el momento propicio para hablar de paz, amor, solidaridad, armonía y fraternidad.

Y también de optimismo. Con este concepto, el presidente López Obrador enmarcó los logros principales de su administración durante el primer mes de gobierno y reafirmó su voluntad para cumplir con los retos y compromisos que asumió con la sociedad desde que estaba en campaña.

Por si no lo viste: Define AMLO en 5 puntos el inicio de su gobierno; "no todo ha sido felicidad":, dice.

Si el mensaje se ve en forma aislada, nadie puede negar que se trata de un buen mensaje.

La estructura del mensaje, la naturalidad con la que se expresa, la elección de un escenario natural en Palenque, Chiapas, y la sencillez de la producción, entre otras variables, demuestran que comprende en buena medida la esencia y el código de los nuevos medios, además de lo que espera ver en él la gente que lo ha apoyado desde hace muchos años.

Sin embargo, no todo es “miel sobre hojuelas”

Se mantienen los problemas de contenido y #Estrategia. Algunas frases y palabras que utilizó implican riesgos que no pueden minimizarse. Unos, porque pone muy alta la vara con la que será evaluado (prometer el “renacimiento” de México, por ejemplo). Otros, porque lo ubican con un perfil que se aleja del carácter institucional que tiene su cargo como Presidente de la República (“Yo ya no me pertenezco, ya soy de ustedes”).

Crear expectativas tan grandes, tal vez no sea lo mejor.

Los límites que tiene el presupuesto aprobado para el gobierno federal, más la situación grave que dijo haber encontrado en la administración pública, no permiten vislumbrar cambios espectaculares en el primer año de gobierno. Qué más quisiéramos todos. Por eso, un mayor cuidado en su agenda y en lo que dice en sus conferencias de medios es un asunto táctico de la mayor importancia.

El protagonismo y optimismo del Primer Mandatario es necesario.

Sin embargo, la #Estrategia de comunicación política del Presidente no está partiendo de una visión integral y periférica. Destacan tres problemas:

1)    La inconveniencia por tratar de mantenerse —todos los días y a todas horas— en el centro de la agenda nacional, lo que le va a repercutir en un desgaste de su imagen y en una disminución del apoyo ciudadano cuando no se cumplan algunas expectativas.

2)    Las contradicciones que persisten en su narrativa, como prometer amor y paz y al mismo tiempo confrontarse con sus adversarios, sin medir las consecuencias de sus palabras.

3)    La polarización que está generando en la sociedad como consecuencia de los dos puntos anteriores.

Esto no significa que el Presidente deba cambiar su esencia

La ciudadanía lo eligió porque le gusta o está de acuerdo con su estilo personal. Tampoco quiere decir que se mantenga alejado de los conflictos o incluso de las confrontaciones directas con quienes no piensan como él. Y mucho menos significa que pierda el contacto cotidiano con la ciudadanía a través de todos los medios que tiene a su disposición.

Pero el estadista tiene una doble responsabilidad.

Primera, mantener la gobernabilidad, no solo con sus decisiones y acciones, sino también con su discurso. Y segunda, cuidar la imagen y el simbolismo de la institución que representa, porque es factor de unidad de la nación que gobierna y valor fundamental de nuestra democracia.

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¿No especular con la tragedia?

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