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Islas Marías, el final de “Los muros de agua”

Con José, un indígena tzotzil originario de Berriozábal, Chiapas, se cierra una era en la historia del sistema penitenciario en México

  • MARCOS MUEDANO
  • 19/03/2019
  • 20:44 hrs
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Islas Marías, el final de “Los muros de agua”

Siete décadas después de que José Revueltas escribió “Los Muros de Agua”, el olvido, dolor, nostalgia, soledad y aislamiento que arropó a cientos de mujeres y hombres que habitaron la Colonia de Islas Marías, comenzaron a derrumbarse en el archipiélago mexicano.

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Por más de un siglo, las fauces del sistema penitenciario que dieron la bienvenida a aquellos que se atrevieron a desafiar al Estado, a los que sin temor ejercieron su sexualidad, a los “leprosos”, “psicópatas”, cristeros, a las “putas”, “vagos”, a los “homicidas”, a los que “traficaron drogas”, así como a los que “robaron” para comer, se cerraron con José, el último reo en habitar Islas Marías.

José, un indígena Tzotzil originario de Berriozábal, Chiapas, condenado a 13 años y tres meses de prisión por delitos contra la salud, fue el último reo en caminar por el muelle que recibió por más de un siglo a los internos de la Colonia, e incluso, a sus familiares (hijos y esposas) con los que compartieron el encierro en las pequeñas casas que se edificaron en la isla.

Con la salida de José se cristalizaron los sueños y esperanzas de prisioneros, (entre ellos, José Revueltas, recluido en dos ocasiones en Islas Marías) de ver derrumbados “Los muros de agua” que rodearon por 113 años y ocho meses a la prisión que el 12 de mayo de 1905 inauguró el entonces presidente Porfirio Díaz con el nombre: "Las Tres Marías".

UNA ISLA EN MEDIO DE LA NADA

Ubicada en el océano Pacífico, la Colonia de Islas Marías (Isla Madre), nombrada en febrero de 2010 como Complejo Penitenciario, se ubica en el archipiélago mexicano a 112 kilómetros (cuatro horas en barco) de San Blas, Nayarit y a 207 kilómetros de Mazatlán, Sinaloa (siete horas en barco).

La prisión es custodiada por dos islas pequeñas: María Cleofás y San Juanito, ambas llenas de secretos por descifrar, como la fuga de 16 internos, algunos muertos en el intento y otros de los que se desconoce su paradero. Dos de ellos, vistos por última vez horas antes de que se cerrara la isla.

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Los registros del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social (OADPRS) indican que las Islas Marías fueron vendidas por Gila Azcona al gobierno de Porfirio Díaz en enero de 1905 por 150 mil pesos.

En sus inicios, la Colonia, ubicada originalmente en Puerto Balleto, fue concebida como una prisión para despresurizar las cárceles del país a través del internamiento de reos de menor de peligrosidad.

Sin embargo, años después fue utilizada como un “castigo” para las personas que “desafiaban” al Estado y para los que eran considerados un peligro para la sociedad. Con el paso de las décadas la población carcelaria de la isla fue creciendo, hasta llegar a albergar 10 mil internos durante el sexenio de Felipe Calderón.

La demanda penitenciaria dio paso a la construcción de cuatro centros más: Aserradero, Bugambilias, Morelos y Laguna del Toro, este último edificado durante el gobierno de Calderón.

La Laguna del Toro, un complejo amurallado con alambre de púas dentro de la propia isla, fue ideada y construida como un centro de “máxima seguridad” para encerrar a los internos de alta peligrosidad que habitaban el complejo.

Sin embargo, de acuerdo con el testimonio de custodios que aún permanecen en el inmueble, la prisión fue un “despilfarro” de recursos públicos autorizado por el ex Secretario de Seguridad Pública (SSP) federal, Genaro García Luna, ya que al final fue un elefante blanco que sólo albergó a unos cuantos internos “desobedientes” o algunos que pedían su “apando” por temor a ser asesinados por otros prisioneros.

Los nombres de esos reos que habitaron La Laguna del Toro, así como alguna de las áreas de la isla, están en los registros oficiales (escritos, videos, fotos) que se elaboraron en los 113 años en que la isla fue utilizada como cárcel.

Sin embargo, el archivo permanece oculto en gavetas que se han ido acuñando en los inmuebles (dormitorios) y en la Casa de Gobierno de la isla a la que sólo tiene acceso el Estado.

Parte de ese acervo también es integrado por actas nacimiento y muerte (reos y familiares), de matrimonios que se celebraron en el complejo, nombres de internos y personal que ha laborado ahí, así como el de familiares (de prisioneros y trabajadores) que convivieron en las 14 mil 754 hectáreas que integran a la isla.

Los empleados de la isla aseguran que algunos de esos documentos se han perdido con el paso del tiempo. Los motivos son la humedad, el hurto y el paso de fenómenos meteorológicos, como el huracán Willa, el cual durante las ocho horas que azotó a la isla en octubre de 2018 dañó y se llevó parte de los registros que eran acuñados en las casas con techos de lámina. Una de esas “bodegas”, se encuentra a unos metros del muelle, justo enfrente de una de las oficinas de control de la Comisión Nacional de Seguridad (CNS).

Personal del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social que aún sigue en la isla y está a la espera de su reubicación, asegura que se enviaron escritos al expresidente Enrique Peña Nieto para rehabilitar las Islas Marías, sin embargo, Presidencia omitió la petición con el argumento de que era fin de sexenio y la entrada de un nuevo gobierno, el cual asumiría los gastos. 

Las otras fuentes de la historia de Islas Marías son los 652 internos que fueron desalojados del complejo la madrugada del 7 y 8 de marzo tras el decreto del presidente Andrés Manuel López Obrador.

También, los mandos y empleados (custodios, marinos, policías, doctores, psicólogos, trabajadores sociales), e incluso, los Padres y Monjas (Jesuitas) que durante los últimos años o décadas laboraron en el complejo que hoy luce desolado y en silencio.

LAS HISTORIAS POR CONTAR

Por los caminos de terracería y algunos pavimentados que tiene la isla caminaron cientos de personas que le dieron vida a la Colonia a través de historias de dolor y sufrimiento. Los testimonios de custodios que aún permanecen en el lugar, describen el paso de algunos de los reos y autoridades que habitaron por más de un siglo la prisión.

Aunque no existe un registro oficial del primer prisionero de la isla, las autoridades penitenciarias tienen el conocimiento que en los primeros años de vida de la Colonia (1905-1907) habitaron 190 personas, entre reos y autoridades.

Uno de los habitantes que marcaron el rumbo de la isla fue el General y gobernador Francisco J. Mujica. De acuerdo Francisco Garduño, comisionado del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social, fue nombrado director de la prisión, el general se distinguió por la disciplina que impuso al lugar.

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“Francisco J. Mujica, gobernador en tres entidades, un general paradigmático que luchó al lado del general Cárdenas y Carranza y que se atrevió a disputar la gubernatura. El Grupo Sonora lo envió a gobernar y fue cuando en la isla comenzó a subir la disciplina”, comentó Francisco Garduño durante una entrevista realizada por LA SILLA ROTA al interior de las Islas Marías.

Otra de las personas que marcaron la vida de la Colonia fue María Concepción Acevedo de la Llata, “La Madre Conchita”, acusada de ser la autora intelectual del asesinato del entonces presidente Álvaro Obregón.

En esta prisión el más emblemático fue –José- Revueltas, filósofo y luchador social que fue condenado por sus ideas políticas. Era la época de represión contra cualquier gente que disintiera en contra del partido oficial. Estuvo en dos ocasiones, aquí hizo la obra ´Los Muros de Agua´ y también estuvo ‘La Madre Conchita’, la autora intelectual del asesinato de Álvaro Obregón. También estuvo Pancho Valentino, un criminal que robó cosas al interior de una iglesia en la Ciudad de México”.


José Manrique Vázquez o Sergio Montes de Oca, “Pancho Valentino” fue un luchador profesional que asesinó por estrangulamiento a un sacerdote católico en una iglesia de la colonia Roma.

Otro de los internos fue el general Ricardo Martínez Perea, ingresado por tener vínculos con el cártel del Golfo.

Jorge Hernández Castillo, “El Guama”, fue un reo especial. Fue recluido por primera vez en Lecumberri y después enviado a Islas Marías en 1986.

“Jorge Hernández era muy conocido porque precisamente le nombraban ´El Chequera´ en Lecumberri. Era el pagador de los delitos que se cometían, él se echaba la culpa. Tenía varios procesos y sentencias que en total acumulaban 98 años y seis meses de prisión. Él era muy querido por la población. El señor refería en las pláticas que se tenían con él que buscaba salir de prisión para morir allá afuera y cumplió su sueño, porque salió en 2015 y a los seis meses murió en libertad”, narra Antonio Molina Rivas, ex director de Islas María, actualmente Coordinador General de Políticas Públicas en el Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social.

Juan Manuel Martínez Macías, “El Padre Trampitas”, quien vivió en las islas durante 37 años de manera voluntaria, fue un padre que trató de rehabilitar a la población penitenciaria. Uno de sus principales discípulos fue José Ortiz Muñoz, “El Sapo”, enviado a las Islas por el homicidio de diferentes personas, entre ellas, un migrante cubano. “El Sapo fue asesinado en las Islas Marías. Su cuerpo descansa al lado de la tumba de su amigo, “El padre Trampitas”.

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