La migración y la mala idea de recortar la ayuda

Como parte de la estrategia de chantaje del presidente Donald Trump para construir el muro en la frontera con México está nuevamente la amenaza de recortar la cooperación internacional que Estados Unidos destina a Honduras, Guatemala y El Salvador. Pero no tomar en consideración los motivos por los que la gente huye es miope y socava la seguridad a mediano y largo plazos.

La desesperación que en estos momentos reflejan las políticas del presidente Trump derivan del hecho de que el número de indocumentados detenidos en la frontera con México en 2019 ha alcanzado sus niveles más altos en 10 años. De acuerdo con Aduanas y Protección Fronteriza en marzo más de 92 mil personas fueron detenidas entre los puertos de entrada de la frontera con México y tan sólo en febrero la cifra supera los 66 mil. Sin embargo, Trump obvia que, en 2014 por ejemplo, uno de los elementos que contribuyó a disminuir los flujos migratorios procedentes de centroamérica fue el compromiso de México para administrar su propia frontera sur, con la capacitación de la patrulla fronteriza y de los agentes de inmigración estadounidense.

Pero no es sólo México, Panamá, Costa Rica y otros países de la región son socios valiosos en la gestión de la migración de hoy. Con las reservas del caso, por ejemplo Estados Unidos ha encontrado un socio muy discreto en Panamá para el control de la migración de los miles de personas originarias de Eritrea, Nepal, Bangladesh, India, Pakistán y Camerún que ingresan a continente americano por Brasil o Ecuador, y que atraviesan territorio panameño para llegar a Estados Unidos o Canadá. Aunque la cifra de estos migrantes representa sólo 3.2% de los indocumentados detenidos en la frontera México-Estados Unidos en 2018 (2% en 2017), este último busca contar con información de aquellos migrantes en tránsito que podrían representar una amenaza a su seguridad nacional y para lo cual capacita a los oficiales panameños y los dota de equipo tecnológico para monitoreo, a cambio Panamá detiene a los migrantes de quienes recopila información biométrica y biográfica que después comparte con Estados Unidos. Para ser francos no existe evidencia de que los migrantes africanos y asiáticos detenidos en Panamá supongan una amenaza para Estados Unidos, ya que su migración tiene razones similares a las de los centroamericanos: reunirse con sus familias y buscar asilo y oportunidades económicas.

Inversión en desarrollo

Está documentado que ni medidas extremas, ni sistemas de migración, ni muros detienen a personas desesperadas que huyen del crimen, la violencia y la falta de oportunidades en sus países de origen, de ahí que parte de la solución para resolver estos problemas sea la cooperación internacional, el compromiso de los gobiernos receptores para enfrentar los problemas que provocan que las personas abandonen sus hogares, y acrecentar los vínculos de colaboración con los países, en lugar del acoso.

En lugar de gastar miles de millones de dólares para un muro y recortar la ayuda a países centroamericanos, Trump debería invertir en una verdadera asociación en la región, lo que implica que Estados Unidos continúe invirtiendo en el desarrollo del Triángulo del Norte.

Donald Trump quiere un total de 22 mil millones de dólares para construir el muro en tres años y medio, de los cuales se le asignaron 1,5 mil millones en 2018; mientras que la ayuda estadounidense a los tres países centroamericanos en conjunto asciende a 180.8 millones de dólares para el año fiscal 2019. Las cuentas son simples: con el dinero que el presidente Trump exige para su muro, Estados Unidos podría brindar el mismo monto de asistencia para el desarrollo a El Salvador, Guatemala y Honduras juntos durante los próximos 122 años.

En el contexto electoral estadounidense, el muro es más atractivo que combatir las causas de la migración desde su origen. Trump le debe un muro a sus electores y negociará hasta el final de su mandato los medios para construirlo. Sin embargo, con los recursos que piensa utilizar en la construcción de una barrera física entre México y los Estados Unidos, bien se podría desarrollar una nueva versión del Plan Marshall que fomente el arraigo en las zonas más pobres de México y Centroamérica, para entonces avanzar a formas más civilizadas de gestión de los movimientos migratorios.

¿Exoneración total?

@alifur1  | @OpinionLSR | @lasillarota


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