Opinión

Si un muro no es la solución ¿qué quiere Trump?

Si la obsesión de Trump con el muro fronterizo no hace sentido a la luz de datos duros de las agencias estadunidenses ¿qué la motiva? | Alicia Fuentes

  • 08/01/2019
  • Escuchar

El crimen, las drogas y el desorden en la frontera con México son la justificación de Donald Trump para construir el muro fronterizo. Sin embargo, estos argumentos se vuelven endebles a la luz de la protección física y tecnológica con la que actualmente cuenta la zona limítrofe entre México y Estados.

Hoy en día, los casi 3 mil kilómetros de la línea divisoria entre México y Estados Unidos están equipados con alta tecnología de vigilancia, un muro de casi mil kilómetros y un gran despliegue de personal del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), cuya responsabilidad es impedir el contrabando de drogas y el cruce ilegal de personas a Estados Unidos. El DHS cuenta con un presupuesto anual de 4,2 mil millones de dólares destinado especialmente para la interdicción de drogas y que se reparte entre la Patrulla Fronteriza, el área de Operaciones Aéreas y Marinas (AMO) y la Oficina de Operaciones de Campo (OFO), las tres adscritas a Aduanas y Protección Fronteriza (CBP)[1].

Al 2017, la Patrulla Fronteriza, que vigila las fronteras norte y sur de Estados Unidos, tenía casi 20 mil agentes de los cuales cerca de 17 mil custodiaban la frontera con México; mientras que AMO, que respalda a la Patrulla Fronteriza entre los puertos de entrada, tenía una flota de 286 embarcaciones y 257 aviones entre ellos drones diseñados para detectar e interceptar a traficantes. Además, la OFO, responsable de inspeccionar a los viajeros que ingresan legalmente, ha instalado escáneres de alta tecnología en los puentes de cruce oficiales. A este despliegue de personal y equipo se le suman 1500 perros entrenados especialmente para detectar cargamentos de drogas, casi mil kilómetros de muro construido por la Patrulla Fronteriza entre el 2003 y 2009, y tecnología de vigilancia entre cada puerto de entrada, incluidos drones y torres de observación.

Todos los recursos humanos, tecnológicos y de infraestructura física destinados a la frontera México-Estados Unidos la han convertido en la zona más resguardada del mundo. A pesar de ello, tan pronto como llegó a la Casa Blanca, Donald Trump solicitó al Congreso casi 22 mil millones de dólares para construir el muro fronterizo, de los cuales se le asignaron 1,5 mil millones para 62 kilómetros en el presupuesto de 2018, pero estos recursos fueron condicionados a un tipo de cercas y a tramos específicos de California y Texas.

Para el presupuesto de 2019, Trump no sólo exige más recursos para el muro, que ahora cambió por cercas de acero en lugar de concreto, también solicitó financiamiento para contratar 5 mil agentes más para la Patrulla Fronteriza que serán asignados a la frontera con México. Adicionalmente, ordenó el desplazamiento de efectivos militares con la instrucción de construir su muro con el “supuesto” apoyo de la industria siderúrgica estadounidense; y amenazó que no habrá acuerdo para reabrir al gobierno a menos que tenga dinero para su soñado muro. Los demócratas, que ahora controlan la Cámara de Representantes, se niegan a dar más recursos en términos cada vez más agudos y argumentan que un muro es un medio costoso e ineficaz para frenar la droga y la inmigración ilegal.

En esto último los demócratas tienen razón. Un muro fronterizo o más agentes de la Patrulla Fronteriza en realidad tendrían poco efecto en el contrabando de drogas, ya que las incautaciones han disminuido entre los puertos de entrada y no en los puertos de entrada oficiales. Como dato, durante el 2018, el promedio de decomisos de droga por agente de la Patrulla Fronteriza fue de 23 mil dólares entre los puertos de entrada, mientras que los oficiales de aduanas promediaron 71 mil dólares en los puertos de entrada oficiales. Los números socavan la supuesta necesidad de contratar a más agentes de la Patrulla Fronteriza o de construir el muro fronterizo para interceptar el contrabando de drogas entre los puertos de entrada. Por el contrario, es en los puntos de entrada oficiales a Estados Unidos donde está el problema, es ahí donde se necesita más vigilancia.

Recorte de la demanda de mariguana

Uno de los factores que parece contribuir con la disminución de los decomisos de drogas en la frontera con México es la legalización a nivel estatal. Por ejemplo, durante décadas las leyes estatales complementaron la prohibición federal de la mariguana en Estados Unidos, pero desde 2014 estados como Washington, Colorado, Oregón, Alaska, Nevada y California legalizaron la mariguana recreativa para adultos. Esto recortó la demanda de mariguana ilegal proveniente de México, lo que a su vez disminuyó el narcotráfico a través de la frontera entre ambos países. Después de la legalización de la mariguana, las agencias que apoyan al DHS en la interdicción de drogas incautaron conjuntamente 56% menos mariguana en 2017 que en 2013. En este contexto, llama la atención que la propia DEA informara que la producción de mariguana dentro de Estados Unidos creció debido a los nichos de mercado propiciados por la legalización a nivel estatal.

Otro dato importante es que el contrabando de mariguana tampoco se trasladó a los puertos de entrada oficiales. De acuerdo con la DEA, debido a que la mariguana es más difícil de ocultar que otras drogas, antes de la legalización era contrabandeada entre los puertos de entrada. Por este motivo, se consideraba que la agencia más importante para la interdicción de drogas era la Patrulla Fronteriza, de ahí la justificación de duplicar el número de agentes y de construir cercas fronterizas; sin embargo, ni más agentes ni cercas redujeron el contrabando de mariguana entre los años 2003 y 2009.

Aunque no lo reconozca, Donald Trump comenzó siguiendo la práctica de Barack Obama de no interferir con la venta legal de mariguana en los estados en donde es permitido, hasta que en enero de 2018 el ex Fiscal General, Jeff Sessions, derogó el memorando de Obama que exigía considerar las prácticas estatales para la venta de cannabis, y que por cierto detonó fricciones legales entre la administración Trump y los fiscales de distrito de Colorado y California.

En relación con otras drogas, de abril a agosto de 2018 la mayor parte de la heroína, cocaína, metanfetaminas y fentanilo fueron incautadas en los puntos de entrada oficiales a Estados Unidos, donde el muro fronterizo no representa ninguna solución. El coctel que se hace al sumar la producción local de mariguana y la demanda de opioides, le causa una migraña de pesadilla a Donald Trump, pues el elevado consumo de drogas entre los estadounidenses ya es un problema de salud, cuya solución no es un muro en la frontera.

Migración y legalización de trabajadores

Respecto a la migración, la legalización de trabajadores migrantes menos calificados en Estados Unidos ha ayudado a controlar el tráfico de personas y la migración ilegal. Programas como Bracero o el de Trabajadores Temporales Agrícolas y No Agrícolas permitieron reducir drásticamente la migración ilegal a Estados Unidos, de hecho existe una relación entre el aumento de las visas de trabajo temporal con la disminución de las detenciones de la Patrulla Fronteriza. De 1986 a 2017, los permisos para trabajadores temporales pasaron de 26 mil en 1986 a 536 mil en 2017, mientras que las detenciones de la Patrulla Fronteriza disminuyeron 97% en el mismo periodo.

Por otro lado, los patrones de inmigración hacia Estados Unidos han cambiado. Consientes de los peligros que corren en el desierto, con los traficantes de personas y con los grupos antimigrantes, los migrantes que buscan ingresar a territorio estadounidense van directo a los puntos de entrada oficiales para pedir asilo, ya sea individualmente o en caravanas, como las organizadas por los centroamericanos que huyen de la violencia y pobreza de sus países de origen. Estos patrones han disminuido los cruces ilegales entre los puertos fronterizos y han demandado más la atención de agentes migratorios en los puertos de entrada, dónde la solución tampoco es el muro.

Si la obsesión casi enfermiza de Donald Trump con el muro fronterizo no hace sentido a la luz de datos duros de las agencias estadunidenses ni de los patrones actuales de tráfico drogas y de cruce de migrantes indocumentados, entonces ¿qué la motiva? Sin que éstas sean excluyentes, hay dos posibilidades: 1) Cumplir una de las promesas que lo llevó a la Casa Blanca y que le puede dar dividendos políticos para 2020; y 2) Dejar un legado tangible de su presidencia, como lo señala Michael D´Antonio, uno de sus biógrafos.

Finalmente, no hay que perder de vista que a Trump le sirve la ausencia del muro para justificar las consecuencias de sus malas decisiones en materia migratoria, que le han ganado el repudio internacional y que ahora han cobrado la vida de dos niños; y que adicionalmente le da un pretexto para culpar a los demócratas por no contar con todos los elementos de una política migratoria como Trump y sus votantes desearían.

[1] La Guardia Costera es la única agencia de apoyo a la interdicción de drogas que no está adscrita a la frontera terrestre.