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¿Exoneración total?

El Informe de la investigación sobre la interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016 no concluye que Trump cometió un delito. | Alicia Fuentes

ALICIA FUENTES 02/04/2019 00:00 a.m.



Tras casi dos años de investigación, finalmente el 22 de marzo el fiscal especial Robert Mueller entregó su “Informe de la investigación sobre la interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016”, y del que hasta el momento sólo se conoce públicamente la “revisión inicial” del Fiscal General de Estados Unidos, Willian Barr.

Por supuesto, las reacciones no se hicieron esperar, incluida la del presidente Donald Trump que no tardó en twittear victorioso “exoneración total”, pero ¿es cierto que Trump ha sido exonerado totalmente de la llamada trama?

Con un equipo conformado por 19 abogados apoyados por 40 agentes del FBI, Mueller tenía la tarea de investigar hechos que pudieran establecer la validez de las acusaciones de la interferencia rusa en las elecciones que llevaron a Donald Trump a la Casa Blanca. Para llegar a sus conclusiones, Mueller entrevistó a 500 testigos, se presentaron cargos penales contra 34 personas, 13 ciudadanos rusos y tres entidades rusas fueron acusados de conspiración y 12 oficiales militares de inteligencia rusos fueron acusados de piratería.

Si bien las 400 páginas de las que consta el informe de Mueller no han sido publicadas, el Fiscal General envió al Congreso de Estados Unidos sólo cuatro hojas que, a su consideración, resumen tres importantes conclusiones: 1) Rusia sí interfirió en las elecciones presidenciales de 2016; 2) No se encontraron pruebas de que miembros de la campaña de Trump conspiraron o coordinaron actividades de interferencia electoral con Rusia; y 3) No se exonera al presidente de cometer un delito por obstruir la justicia.

Aunque mucha de la información ya era del dominio público, Barr confirmó que Internet Research Agency realizó una campaña de desinformación y que el gobierno ruso hackeó correos electrónicos de Hilary Clinton, de miembros de su campaña y de organizaciones del Partido Demócrata para distribuirlos a través de Wikileaks.

Además de buscar los hechos fehacientes de la interferencia rusa, Mueller tenía el trabajo de comprobar si Trump y su equipo de campaña apoyaron a Rusia en la interferencia electoral, pero Mueller no encontró pruebas que sugirieran que los actos de Trump y de sus allegados fueran atribuibles a un cargo criminal por conspiración con Rusia para interferir en las elecciones presidenciales de 2016.

Sin embargo, el despido de James Comey como director del FBI y la forma en cómo se hizo acrecentó las dudas respecto a si Donald Trump estaba obstruyendo la justicia durante la investigación sobre la interferencia rusa y valió para que este tema se convirtiera en uno de los ejes de la investigación de Mueller. En este sentido, aunque el anuncio de exoneración completa y total por parte de Trump pudo ser visto como una verdad para él y sus partidarios, el propio Fiscal General cita puntualmente la declaración de Mueller: “si bien este informe no concluye que el presidente cometió un delito, tampoco lo exonera”.

La determinación de Barr de que “la evidencia no es contundente para establecer que el presidente cometió un delito de obstrucción de la justicia” ha acrecentado las sospechas sobre la imparcialidad del Fiscal General de Estados Unidos y amenaza la independencia y rigurosidad con la que se había caracterizado la investigación de Mueller. Los juristas puros señalan que la afirmación de Barr de que “la evidencia no es contundente” sugiere que Mueller sí encontró evidencia, pero no como para justificar un proceso penal contra Trump, al menos no a los ojos de William Barr, y de ahí que los críticos de Trump pidan que el informe de Mueller sea compartido con la opinión pública aún sujeto a restricciones legales.

El resumen de cuatro páginas, pero en especial la ambigüedad de las conclusiones a las que por sí mismo llega el Fiscal General, William Barr, alebrestó más el ambiente de fuertes divisiones partidistas que caracterizan a la actual política estadounidense. Uno de los mayores reproches es el hecho de que el Departamento de Justicia aún mantenga fuera del alcance del Congreso de Estados Unidos el informe sobre la interferencia rusa y que le impide evaluar los actos del presidente conforme a los hallazgos de Mueller.

Aunque se lee alentador que Barr haya expresado su compromiso de publicar el informe de Mueller, cualquier evaluación confiable tendrá que esperar hasta su divulgación pública, que según el propio Fiscal General será a mediados de este mes de abril, o antes; mientras tanto, Donald Trump está utilizando su aparente exculpatoria del informe de Mueller para victimizarse, y para atacar a los medios de comunicación y a los demócratas a la luz de una carrera hacia las preparatorias de las elecciones presidenciales de 2020 en Estados Unidos.

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