Opinión

¿Arrasó el PRI?

Para las elecciones 2021, la moneda sigue en el aire. | José Antonio Sosa Plata

  • 22/10/2020
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El triunfo contundente del PRI en Coahuila e Hidalgo fortalece la hipótesis sobre la incertidumbre que hoy tienen las elecciones 2021. La popularidad que aún mantiene el presidente Andrés Manuel López Obrador no incidió de manera determinante en los resultados del domingo pasado.

Los gobernadores del PRI lo sabían y actuaron en consecuencia. Su triunfo, sin duda, debe reconocerse. Por eso, en una primera lectura de las cifras tienen motivos para festejar y declarar que arrasaron, están de regreso y van con todo para recuperar el poder que perdieron en 2018.

Sin embargo, los datos no permiten concluir que se trate de un “voto de castigo”, una derrota al proyecto del Presidente, un “serio revés” para Morena, ni de una tendencia segura e irreversible con miras al 2024. Lo que sí confirmaron fue que el peso de las estructuras sigue siendo un factor relevante en los comicios locales, sobre todo cuando el abstencionismo es alto.

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La información disponible hasta hoy indica que en Coahuila el PRI obtuvo el 49% de los votos. Morena quedó en segundo lugar con 19 por ciento. Si se comparan estos resultados con las elecciones de 2018 —en donde el presidente obtuvo el 44%— la caída fue estrepitosa. Pero si el referente es la contienda de 2017, resulta significativo ver que Morena solo logró entonces el 12% para gobernador, 11% para diputados y casi el 8% para ayuntamientos.

Desde esta perspectiva el resultado en esa entidad tal vez no sea tan desalentador para Morena. Más aún si se considera que en 2014 la izquierda en el estado era prácticamente inexistente, ya que la segunda fuerza electoral siempre había sido el PAN, partido que descendió ahora al 10% de los sufragios.

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En Hidalgo, el PRI declaró su triunfo en 32 de los 84 municipios que tiene el estado. Pachuca, la capital, entrará seguramente en una disputa judicial por lo cerrado del resultado. Algo similar puede suceder en Tulancingo, Mineral de la Reforma, Actopan y Tizayuca. No obstante, la sorpresa fue el PRD, que obtuvo el segundo lugar con siete alcaldías. Morena solo se quedó con seis, lo mismo que PRD y PAN en coalición.

Comparada con la elección de 2018, en donde el presidente obtuvo el 61% de los votos, la derrota de Morena en Hidalgo fue enorme. Pero si el referente es la elección de 2016, cuando se eligió gobernador, el partido del Presidente consiguió menos del 8 por ciento de la votación, contra un 27% del PAN y un triunfo holgado del PRI con más del 43%. Visto así, el avance es innegable a pesar de los conflictos internos que ha tenido el partido a nivel estatal y nacional.

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En retrospectiva, entonces, el gran perdedor fue el PAN. Relegado por la ciudadanía al tercer lugar, este partido tiene que revisar estrategias, tácticas y estructuras. Si bien es cierto que aún hay tiempo para recomponer, se trata de una señal que no se puede ignorar y que lo obliga a replantear no solo su comunicación sino los diagnósticos y acciones que están llevando a cabo en los procesos de selección de candidatos y candidatas.

En casi todos los análisis que se han publicado hasta ahora, se refiere una participación muy baja. De más del 60% en Coahuila y de 50% en Hidalgo. Sin embargo, estos números son normales para este tipo de elecciones. Lo interesante es que no haya sido mayor cuando la crisis económica, de seguridad y sanitaria siguen siendo los tres obstáculos principales de los procesos electorales en la mayoría de los países.

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Por otra parte, es necesario resaltar que en las elecciones no existe “una nueva normalidad política”. Las campañas no han registrado cambios significativos. Tampoco las narrativas. Lo mismo sucede con los escenarios postelectorales. Los ganadores festejan igual que siempre y reconocen a las instituciones. Los perdedores siguen asegurando que hubo fraude, que desconocen los resultados y que los van a impugnar.

En otras palabras, sigue sin haber nada nuevo bajo el sol. Por lo tanto, si las actitudes, acciones y discursos se mantienen en la misma sintonía para el próximo año, lo más probable es que Morena mantenga la mayoría, pero con grandes dificultades. La decisión de ligar la imagen del Presidente a su partido con las consultas ya aprobadas, y en las campañas de las y los candidatos, le ofrecen sin duda cierta ventaja.

Consulta: Yuri G. Beltrán Miranda. "Elecciones en tiempos de pandemia: los retos ante una paradoja inesperada". Revista Este País, 1 Junio 2020.

Sin embargo, se tiene que esperar a ver el estado de ánimo de la ciudadanía con la evolución que tenga el escenario multicrisis que hoy estamos viviendo. Es cierto que el primer mandatario y su partido llevan hoy, a pesar de todo, ventaja. Pero también lo es que el humor social puede empeorar o exacerbarse aún más si las expectativas no se cumplen o si los partidos de oposición logran posicionar los liderazgos fuertes que le puedan hacer un contrapeso efectivo.

Si los opositores a la llamada Cuarta Transformación logran identificar la clave para cambiar el paradigma de los liderazgos, estrategias y la comunicación política, entonces será posible hablar de un cambio en las tendencias en las elecciones federales. Mientras tanto, la incertidumbre se mantiene como la variable principal dada la volatilidad que genera siempre una crisis. Pero más si se le suma la que hoy enfrentan todos los partidos, incluido el ganador de este año.

Recomendación editorial: Jean François Prud'Homme. Coyunturas y cambio político. México, El Colegio de México, 2014.

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