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Muere Emilio, el personaje que abría las puertas del inframundo en Hermosillo

Durante el, día el aspecto asemeja a una casa abandonada, en la que no existe actividad, pero por la noche se convertía en el "antro" clandestino más famoso de la capital

  • MÓNICA MIRANDA/ CORRESPONSAL
  • 05/02/2019
  • 18:05 hrs
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Muere Emilio, el personaje que abría las puertas del inframundo en Hermosillo
La emblemática "Casa del Emilio" parecía una casa común en el centro histórico de Hermosillo (Foto: Especial)

“El infierno”, “el inframundo”, “el tugurio”, “lugar de mala muerte”, “el hogar eterno after”, “el antro clandestino”, son algunas de las expresiones que los hermosillenses utilizan para referirse a “La Casa de Emilio”, una vieja casona localizada en el corazón del centro histórico de la capital de Sonora.

Durante el, día el aspecto asemeja a una casa abandonada, en la que no existe actividad alguna, pero durante la noche, pasada la media noche, las luces, música y fiesta hacen cobrar vida a este sitio en el que no existen reglas y son bienvenidos todos los excesos.

Drogas y alcohol son el elemento principal para seguir la fiesta después de los antros y bares. Esto hace de esta casa el lugar preferido de jóvenes y adultos de cualquier clase social y religión, en el que no existen los prejuicios, pues su visita permanece en el anonimato.

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Además, la venta de cerveza pasada la hora legal, conocida como “aguaje”, es también uno de los atractivos para los jóvenes.

El anfitrión de esta fiesta había sido por años, Emilio del Razo Hidalgo, quien falleció este lunes en el Hospital General del Estado debido a complicaciones por la diabetes que padecía.

El hombre era un emblemático personaje dentro de esa casa. En silla de ruedas, y con sus pies amputados, Emilio ofrecía cigarros, droga y alcohol a quien se sintiera bienvenido en su casa.

La sala se convertía en una pista de baile, los cuartos de la casa en moteles de paso para los jóvenes amantes.

“¡Vamos a la casa del Emilio!”, era una frase común entre la juventud que buscaba seguir la fiesta después de medianoche.

A pesar de que eran conocidas las actividades nocturnas de esta casona, ninguna autoridad hizo algo al respecto.

Aun así, sus seguidores y amigos, que cada fin de semana los acompañaban durante las madrugadas, expresaron su sentir en redes sociales, asegurando que echarían de menos al dueño de este antro clandestino, quien los acogía en su propia casa hasta el amanecer.

Misma que, pese a decenas de inspecciones por parte de la autoridad municipal y dirección de alcoholes, lograba continuar operando de manera ilegal con venta de sustancias nocivas como drogas y alcohol.

El motivo por el cual las autoridades no ejercían orden de aprehensión contra el propietario, hasta el momento se desconoce, es por eso que sus clientes le llaman la entrada al inframundo, donde todo es permitido y la fiesta nunca acaba.

La familia Del Razo, durante años se dedicó a la administración de bares y centros nocturnos en el norte de la capital, sin embargo, al pasar los años murieron varios de los socios de estos bares todos familiares de Emilio, por lo que terminó solo en el emblemático inmueble ubicado en No Reelección y Juárez donde, además, vivía.

Los restos fueron velados en este domicilio que tantas noches dio vida a la fiesta de miles de hermosillenses. Se dice que a la Casa de Emilio acudían personalidades reconocidas como empresarios, así como jóvenes estudiantes y miembros de la comunidad gay de la ciudad.

A través de redes sociales comenzaron a llover mensajes sobre historias vividas en este sitio.

“Emilio del Razo y su hermana Roxana, cuantas historias habrán vivido en este mundo alterno, alejados de la doble moral y tan cerca del libertinaje, fueron muchos los personajes distinguidos que se dieron cita en este lugar. El infierno”, escribió Jaime Monge en Facebook.

Baldemar de los Llanos escribió en su cuenta de twitter:

“Con la muerte de Don Emilio del Razo, la ciudad perdió uno de sus últimos pantanos de la selva. Nos quedamos mancos, sin uno de los pioneros en el arte del desenfreno lúbrico nocturno. El centro histórico pierde fuelle, su última guarida y, lo que es más grave, patrimonio cultural”.

mvf