Opinión

Youtubers pro AMLO, la epopeya del poder

Como fenómeno mediático es difícil pronosticar hacia dónde se orientará en el mediano plazo la influencia de esta forma de comunicación política. | Cristina Tamariz*

  • 07/04/2019
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En el contexto de la última campaña presidencial en México, los youtuberos pro AMLO irrumpieron en la escena política como parte de un exitoso ejercicio de propaganda. Con perfiles de lo más diverso, encontramos al tabasqueño Ignacio Rodríguez de “Chapucero”, a Edwin Granados de “Campechaneando”, a la tapatía Juncal Solano de “Charro negro” o bien a Vicente Serrano de “Sin censura media”. Los youtubers de la política reportan un número de suscriptores que en algunos casos llegan al millón y medio, por ello se cuentan por millones las reproducciones de sus materiales en video.

En foros improvisados en sus propios domicilios, al frente a una computadora, estos personajes dicen formar parte de un espectro informativo de medios independientes. En entrevistas, los youtubers señalados se definen en oposición a los medios tradicionales que desde esta perspectiva son acusados de servir a los intereses de los gobiernos pasados, el PRIAN, la perversión política por excelencia. En esa línea, el posicionamiento de los youtubers está en sintonía con el discurso presidencial que denosta a la prensa cuando cuestiona sus acciones, “la prensa fifì”, los periodistas “chayoteros”. Desde una plataforma digital, alejados de la formalidad y la ética de la prensa tradicional están ellos, los youtubers abiertamente afines al proyecto obradorista, los que lograron acreditar su presencia en las conferencias mañaneras y afianzar así su cercanía con el poder político.

Quien se dé a la tarea de revisar con ojo crítico sus videos, alojados en YouTube y difundidos en otras redes sociales como Facebook y Twitter, podrá advertir en un primer acercamiento, la construcción de un ring virtual donde el Jefe del Ejecutivo “deja callados”, “humilla” o se “enfrenta” triunfante a sus detractores. En una contienda de AMLO contra el mundo, los videos de los youtubers perfilan por su tratamiento, la representación de un gobernante asediado por legisladores, empresarios, políticos o periodistas, una suerte de héroe popular que sale fortalecido después de cada ataque o cuestionamiento.

Por lo anterior, la popularidad de los youtubers es preocupante en términos de audiencia, primero, porque enrarece la discusión y apaga cualquier crítica o disenso al poder político por la vía de la descalificación, la burla o el insulto. Segundo, porque permea en la sociedad una visión caricaturizada y maniquea que lejos de incentivar la discusión y el diálogo, justifica las acciones de gobierno y las reduce a la voluntad del presidente. El público de los youtubers permanece expectante y pasivo ante cada contienda del presidente. El mensaje implícito anula cualquier crítica o cuestionamiento a las decisiones de gobierno, no se habla de costos sociales, tampoco se señalan prácticas que en otro momento abrieron la puerta a la corrupción. En cambio, lo que se incentiva es una confianza total en la figura presidencial.

La hechura de los videos retoma información de los medios tradicionales y de los propios discursos del presidente y los editorializa sin contexto para invalidar opiniones negativas al gobierno actual. Con la informalidad de una charla de sobremesa, sin análisis políticos de por medio, y aderezados con una que otra palabra altisonante, el público celebra la irreverencia de los youtubers. En las interacciones a través de comentarios entre ellos y sus seguidores permea la noción de estar informado por medios alternativos sin compromisos políticos. Sin importar que en el canal de Chapucero se oferten camisas y figuras de AMLO o que la portada de Campechaneando sea una imagen del presidente y su esposa, estos medios presumen independencia y credibilidad.

Como fenómeno mediático es difícil pronosticar hacia dónde se orientará en el mediano plazo la influencia de esta forma de comunicación política. Por el momento, los materiales que difunden este tipo de canales mantienen su carácter propagandístico. Frente a la popularidad de los youtubers, los medios tradicionales se deben plantear nuevas formas de incentivar el debate público y de hacer valer su condición de contrapeso al poder político. Las plataformas digitales representan un auténtico desafío para el ejercicio periodístico y la comunicación política. En el actual contexto de polarización social y ante el descrédito de los medios de comunicación tradicionales, los youtubers tienen la ventaja.

*Cristina Tamariz

Es investigadora y docente especialista en diseños de investigación social. Doctora en Ciencias Sociales por El Colegio de México; maestra en Sociología Política por el Instituto Mora y licenciada en Ciencias de la Comunicación y Periodismo por la UNAM. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Conacyt. Forma parte del cuerpo docente de la Maestría en Periodismo político en la Escuela Carlos Septién García.

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