Opinión

Mecanismo de Montevideo, el Contadora del nuevo Gobierno

La comparación entre Contadora y Montevideo sólo se puede hacer parcialmente, ya que el último no es un ejercicio diplomático acabado. | Erik Del Angel Landeros*

  • 31/03/2019
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Tal vez, el último episodio de la llamada época dorada de la diplomacia mexicana fue la creación del Grupo de Contadora en el sexenio de Miguel de la Madrid, quien, por cierto, elevó a rango constitucional los principios de política exterior.

El Grupo de Contadora se creó en 1983 a iniciativa de México y Colombia con el propósito de encontrar una solución pacífica a los conflictos de Centroamérica. Estas negociaciones, a las que se unieron Venezuela y Panamá, también buscaban resolver los problemas en dicha región sin la intervención de EU. Los esfuerzos mexicanos los encabezó el canciller Bernardo Sepúlveda Amor, quien por cierto, recién envió una carta a Marcelo Ebrard para corregir un comunicado en el que se afirma que Ricardo Valero participó en Contadora por nuestro país.

Por su parte, el Gobierno de Obrador propuso la creación del Mecanismo de Montevideo, con el fin de resolver el conflicto interno en Venezuela de una manera autónoma, es decir, sin la injerencia de Washington. Con el acompañamiento de Uruguay y los países del CARICOM, México está tratando de que el diálogo internacional y regional para la paz en Venezuela salga de la OEA (organismo en el que está EU) y se traslade a este mecanismo. Obrador y Ebrard propusieron a Bernardo Sepúlveda como el encargado de conducir las negociaciones por parte de México. Es decir, los pasos de la diplomacia mexicana actual en el tema Venezuela son los mismos que se siguieron en el Grupo de Contadora.

Por supuesto, la comparación entre Contadora y Montevideo sólo se puede hacer parcialmente, ya que Montevideo no es un ejercicio diplomático que esté acabado, como sí lo es el Grupo de Contadora. México en los dos ejercicios buscó que lo acompañaran otros países de la región, fórmula exitosa en ambos casos. La estrategia diplomática actual pretende aprovechar la experiencia en la materia de Bernardo Sepúlveda y, en caso de que en Venezuela se acepte la propuesta, sumarían a Rebeca Grynspan, secretaria general Iberoamericana; Enrique Iglesias, excanciller uruguayo y a David Simons, como alto representante de CARICOM. En su momento, ante el éxito inicial del Grupo Contadora, se agregó a la OEA, la ONU y en 1985 se creó el Grupo de Apoyo a Contadora o Grupo de Lima con Argentina, Brasil, Perú y Uruguay. Sin duda esta ruta es la que se pretende seguir en el Mecanismo de Montevideo.

Sin embargo, la principal diferencia entre ambas intermediaciones son los actores en disputa. En Contadora se pretendía solucionar un conflicto subregional entre Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras. Es decir, eran países y aunque el diálogo duró muchos años, los tratados de Esquipulas y el Plan Arias pudieron poner fin al conflicto. La gran diferencia en este punto es que los planteamientos de Contadora sí fueron aceptados por las partes en conflicto, mientras el protocolo de Montevideo no ha sido adoptado por los bandos venezolanos. El caso actual en Venezuela involucra a dos grupos políticos internos que quieren detentar el poder y los diálogos anteriores que se han llevado entre los bandos le resta atractivo y certeza a la apuesta de México y sus socios. Por lo que el éxito de la nueva propuesta diplomática mexicana depende de la adhesión o no de los grupos venezolanos referidos. Por tanto, no se puede saber si Montevideo tendrá los alcances de Contadora, pero lo que sí es claro es que el Gobierno mexicano está siguiendo la misma estrategia que en aquella ocasión.

Por lo que toca al Grupo Contadora, fue tal su éxito que se formalizó como un mecanismo permanente de diálogo y concertación política entre 1986 y 1990, bajo el nombre de Grupo de Río. Diez años después, el grupo dio otro paso contundente para la negociación latinoamericana autónoma con la creación de la CELAC. ¿El Gobierno de Obrador pretende crear una nueva configuración asociativa en la región? ¿Cómo pretende relacionarse la cancillería con UNASUR, Alianza del Pacífico, SICA, CELAC, Conferencia Iberoamericana, OEA, CARICOM, AEC, GRULAC, ALADI, etc.? Lo conducente sería aglutinar y consolidar un organismo o mecanismo en el que los países de América Latina y el Caribe se sientan cómodos para dialogar políticamente, otro para concentrar la cooperación sur-sur o triangular y otro para dotar de instrumentos jurídicos y de supervisión en temas de derechos humano y asuntos a fines. O bien, articular en un gran organismo todas las vertientes que abordan las instancias regionales existentes. Si la apuesta de mediación mexicana en Venezuela se enfría, como parece está sucediendo, al menos que sirva como detonante para reconfigurar el regionalismo latinoamericano bajo el liderazgo mexicano.

*Erik Del Angel Landeros

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM, donde fue Consejero Universitario, y maestro en Historia Moderna y Contemporánea por el Instituto Mora. Su tesis de maestría fue reconocida en el Premio Genaro Estrada 2012. Cuenta con estudios en la Universidad de Texas y con el Diplomado Líderes Progresistas por la Fundación Friedrich Ebert. Se ha desempeñado en el sector público y académico. Actualmente es profesor en la carrera de Relaciones Internacionales, en la UNAM y realiza el Doctorado en Historia por la UNAM.

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