Opinión

Sexualidad, salud, derechos y bienestar

Un sinfín de debates han llevado a que en nuestra actualidad se discuta públicamente la necesidad o no de impartir educación sexual | Leonardo Bastida

  • 03/09/2018
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Sexo es una de las palabras más buscadas en internet, sino es que la más buscada. Y también de las que más contenidos hay. Una búsqueda rápida arroja alrededor de 465 mil millones de sitios web relacionados con el tema.  Los motivos por lo que la gente escribe la palabra, a la vez, tan sencilla y tan compleja en los buscadores son variados. Hay quienes buscan información en general sobre aspectos relacionados con el sexo; otros optan por las citas y encuentros casuales; algunos más por una sexualidad virtual; unos más por consejos para mejorar la vida sexual y disipar sus dudas con respecto al tema.

Comúnmente se piensa en sexo y en sexualidad como sinónimos, pero, en realidad, el sexo refiere más a cuestiones biológicas mientras que la sexualidad va más allá de comportamientos, pues le incumben el género, los roles, los cuerpos y su funcionamiento, valores, actitudes, sentimientos, emociones, principios, entre otros factores.

Sexualidad

La fascinación de la humanidad por su propia sexualidad ha sido inherente a la misma. Murales y mosaicos encontrados en los vestigios arqueológicos de Pompeya (Italia) han mostrado cómo en la sociedad romana de hace tres mil años, su representación no era un tabú. Por el contrario, era mostrada de manera explícita, a manera de guía pictográfica, para quienes desearán entregarse a los placeres consentidos por la diosa Venus o la carnalidad promovida en el culto al dios Baco, o como lo referiría Nietzsche, al dios romano Dioniso, asociado al éxtasis y a esa pérdida de cordura través del placer corporal.

Incluso, desde la reflexión filosófica de la Antigua Grecia había el planteamiento sobre el “mejor amor”, como se discute en el diálogo del Banquete de Platón, en el cual se argumenta la posibilidad de un amor con tintes eróticos entre hombres.  En Mesoamérica y otras regiones del continente americano, la situación no ha sido ajena, pues se han encontrado figuras precolombinas con representaciones de actos sexuales y en la mitología de diferentes culturas se hace referencia a la sexualidad de las deidades y seres míticos.

El sociólogo e historiador Jeffrey Weeks sostiene que la sexualidad es un producto histórico “que reúne multitud de posibilidades biológicas y mentales – identidad genérica, diferencias corporales, capacidades reproductivas, necesidades, deseos y fantasías – que no necesariamente deben estar vinculadas y que en otras culturas no lo han estado”.

Él mismo hace un recuento de cómo se ha pasado de reflexionar y normar sobre la sexualidad del ámbito religioso al espacio médico a partir de la segunda mitad del siglo XIX,  para en vez de determinar “lo pecaminoso”, establecer qué es “lo enfermo”. Y a partir de allí, un sinfín de debates que han llevado a que en nuestra actualidad se discuta públicamente la necesidad o no de impartir educación sexual en los niveles básicos de educación, de reconocer o no las uniones entre personas del mismo sexo o de permitir a las mujeres decidir sobre su cuerpo y modificar la visión tradicional de tener que ser madres.

Salud sexual

En la última década del siglo XX, tras la celebración de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo en El Cairo, se planteó la necesidad de fomentar la autonomía de la mujer y ofrecerle mayor cantidad de opciones de vida mediante un mayor acceso a servicios de educación y salud, con énfasis en los enfocados a la reproducción y los derechos derivados de estos, dando pie al surgimiento de los derechos reproductivos.

Tres año más tarde, la Asociación Mundial para la Salud Sexual (WAS por sus siglas en inglés)  propuso el reconocimiento de los derechos sexuales, entendidos como aquellos derechos humanos universalmente reconocidos relacionados con la sexualidad. Destacando el derecho a la igualdad  y no discriminación, la libertad y la seguridad, la autonomía e integridad del cuerpo, no sufrir violencia sexual, privacidad, acceso a la información sobre la vida sexual, tener o no tener hijos e hijas, tener educación integral de la sexualidad, acceder al grado máximo alcanzable de salud para experiencias placenteras, satisfactorias y seguras, casarte con quien quieras y bajo libre consentimiento y recibir justicia en caso de que estos derechos no se respeten.

Sumada al ímpetu, la Organización Mundial de la Salud definió a la salud sexual como “un estado de completo bienestar físico, emocional, mental y social en relación con la sexualidad”, partiendo del hecho que no es solamente la ausencia de enfermedad, disfunción o malestar.

Derechos y bienestar

En tanto que, desde 2010, la WAS comenzó a promover una jornada mundial de concientización a la población con respecto a su salud sexual y sus derechos sexuales, estableciendo al 4 de septiembre como el día para hacerlo. En este año, el lema de la celebración es Salud sexual y derechos sexuales: fundamentales para el bienestar, resaltando que en América Latina, hay muy pocas mediciones sobre el bienestar de la población con respecto a la sexualidad y las oportunidades que se pierden al no tomarse en cuenta la salud sexual de la población.

A su vez,  se llama a los gobiernos locales a integrar a la salud y los derechos sexuales a las leyes locales para superar las barreras existentes alrededor de la impartición de educación sexual, el reconocimiento legal de las parejas conformadas por personas del mismo sexo y el derecho de las mujeres para decidir sobre su cuerpo, entre otros pendientes.

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