¿Usted cree en las encuestas que muestran la preferencia y/o rechazo a los candidatos a puestos de elección popular?

La pregunta resulta obligada a poco más de un mes de la elección del 1 de julio porque cada vez son más las evidencias de que los sondeos de opinión parecen una competencia de incompetencia.

En la presente semana hemos visto media docena de sondeos de opinión, tanto para la elección presidencial como la contienda capitalina, que solo muestran una constante; que el puntero siempre es el mismo.

Sin embargo, los números que colocan a Morena a la punta, en la Ciudad de México y en la elección presidencial, tampoco coinciden.

Es decir, no existen dos encuestas que muestren una misma tendencia y unos números similares. En algunos casos el puntero presidencial tiene más de 20 puntos de ventaja sobre el segundo lugar mientras que en otras encuestas la diferencia entre el primero y segundo es de apenas seis puntos.

¿A quién le debemos creer en materia de encuestas?

Si hacemos memoria vamos a recordar que luego de la elección de 2006 y luego de la contienda de 2012, la decepción por las fallas reportadas en las encuestas fue general. Incluso, algunos medios se comprometieron a no reportar nuevas encuestas. ¿La razón? Que todos los sondeos de opinión fallaron, casi todos se equivocaron y la mayoría mintió.

¿Por qué creer hoy en las encuestas? Lo cierto es que no existe un solo incentivo para que los ciudadanos confíen en el resultado de los sondeos de opinión. Más bien el estímulo es para no creer en esos métodos de sondeos de opinión.

¿Y entonces cómo sabremos las preferencias en las elecciones presidencial, estatales y del Congreso Federal?

Lo cierto es que no hay un punto de referencia, no hay nada para nadie y, en el extremo, en la elección del 1 de julio puede pasar cualquier cosa.

Incluso puede ocurrir que alguna de las encuestas se gane el aplauso general al pronosticar correctamente el resultado.

¿Por qué fallan las encuestas hoy si no fallaban antes?

La respuesta a la anterior interrogación tiene tantas variables como ciudadanos consultados.

Es decir, que en el México de hoy, el de la pluralidad, la alternancia, las elecciones creíbles y –sobre todo- en el México de redes  y espacios digitales, la opinión expresada en un ejercicio demoscópico carece de buena parte de la certeza indispensable para una encuesta.

Hoy los electores cambian de preferencia a partir de un tuit, de una tendencia en redes, de un tropiezo en medios digitales. Hoy los encuestados mienten, u ocultan su preferencia. Hoy muchos no votan y otros que aparecen en redes y crean tendencias no tienen derecho al voto.

¿Y entonces por qué seguimos creyendo en las encuestas?

Por qué necesitamos creer en algo, porque el ciudadano de ayer y el de hoy necesita un punto de apoyo para su credibilidad.

Al tiempo.

¡Las televisoras votan por... AMLO!

@RicardoAlemanMx | @OpinionLSR | @lasillarota




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