Opinión

Prolongación del desempleo en las grandes ciudades

La mala planeación de las ciudades mexicanas tiene una variedad de efectos insospechados, muchos más de los que nos imaginamos | Leonardo Martínez

  • 15/02/2018
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Retomo en esta ocasión algunas ideas desarolladas en un texto que forma parte de un libro en proceso de edición. En el fondo, el tema tiene que ver con los diferentes enfoques que pueden ser utilizados para abordar los problemas de la ciudad, sin embargo, en este caso particular, me limito a presentar algunas reflexiones sobre el desempleo de las personas de bajos ingresos que habitan grandes ciudades.

La visión convencional atribuye las causas del desempleo a razones estrictamente económicas. Se arguye que al tratarse de un tema económico, es natural que el mismo deba ser analizado y resuelto por los especialistas de la economía. Pero esta no es la única historia posible, es más, es una historia sesgada porque hay otras que cuentan una faceta que liga al desempleo con aspectos de la morfología de la ciudad.

El desempleo y la economía

Como decía, la diferencia entre ambas historias tiene que ver en el fondo con dos visiones distintas: la primera corresponde a una visión convencional, que en este caso concluye de inmediato que el tema del desempleo se circunscribe al ámbito de lo económico.

En general, el desempleo se refiere al subconjunto de la población en edad de trabajar que no tiene trabajo durante un período determinado. Las razones que explican por qué una parte de la población no tiene trabajo, así como la duración del desempleo en cada uno de los casos, son muchas y variadas: discrepancias entre la oferta y la demanda laborales, ciclos y ajustes económicos, factores estacionales, políticas establecidas por las propias empresas o gobiernos y decisiones de las personas para dejar de trabajar o para buscar otro empleo.

Estructura urbana y desempleo

Pero hay otras razones que complementan no solo la explicación del desempleo, sino que hacen que el desempleo de personas de bajos ingresos se pueda prolongar por tiempo indefinido. Son razones que tienen que ver con la estructura urbana, esto es, con lo que llamamos la plataforma de orígenes y destinos que determina las distancias entre la casa y el trabajo.

Esta es la historia que surge de una visión no convencional de lo que sucede en la ciudad. Es lo que llamo un enfoque sistémico, un enfoque que busca las causas funcionales de un fenómeno entre un conjunto más amplio y diverso de variables, más allá de los límites de una sola disciplina de estudio.

Para tipificar la estructura urbana se toma en cuenta las características resultantes del esquema de zonificación vigente, tipificado por usos preestablecidos y excluyentes del suelo, que ha propiciado la construcción de ciudades horizontales con bajas densidades de población y empleo. La plataforma de orígenes y destinos correspondiente a este tipo de ciudades presenta una alta dispersión y provoca que la gente tenga que recorrer distancias muy largas para realizar sus actividades cotidianas.

Cuando, como en el caso de las ciudades mexicanas, se suma a las bajas densidades la mala planeación del transporte público y una paupérrima interconectividad modal, el resultado tiene efectos todavía más negativos, pues el problema de las distancias se potencia cuando pensamos en el tiempo perdido en los traslados cotidianos.

La búsqueda de empleo

Si bien se puede pensar que la búsqueda de empleo es una actividad que una persona desempleada realiza continuamente hasta encontrar uno, en la vida real esto no sucede así porque dicha actividad suele enfrentar varios tipos de restricciones. Una de esas restricciones se deriva del hecho de que la búsqueda de empleo no es algo que se pueda realizar gratuitamente, pues enfrenta al menos dos tipos de costos: los relacionados con la búsqueda de información (para saber de sitios en los que se ofrece el tipo de empleo buscado) y los costos de transporte (que corresponden a los incurridos para visitar los sitios preseleccionados o para recorrer una zona buscando oportunidades de empleo).

Cuando una persona de bajos ingresos está desempleada, el ingreso disponible para solventar este tipo de costos suele estar muy limitado, entre otras razones porque además de no estar recibiendo un ingreso regular, la persona tiene que seguir gastando en el consumo de una canasta, personal o familiar, de bienes y servicios de primera necesidad.

Mi interés se centra por lo tanto en las personas de bajos ingresos que quieren trabajar, pero que no pueden encontrar trabajo porque las características de la ciudad en la que viven les imponen restricciones difíciles de sortear durante el proceso de búsqueda. Lo común en las ciudades mexicanas es que la distribución espacial de los usos del suelo hace que las zonas habitacionales estén alejadas de las zonas de empleo, lo cual incrementa tanto los costos de la información para saber dónde hay trabajo, como los costos de transporte para ir a solicitarlo. Este mecanismo opera independientemente de las razones aludidas convencionalmente para explicar el desempleo y por lo tanto puede ser catalogado como un tipo de desempleo reforzado por la estructura urbana.

Una actividad necesaria para encontrar trabajo, es ir a solicitarlo. Las personas de bajos ingresos suelen tener bajos niveles de escolaridad y poco o nulo acceso a las tecnologías de la información, lo que significa que no buscan empleo en bolsas de trabajo en internet, sino que van personalmente a buscarlo. Pero el costo de recorrer distancias largas reduce su ingreso disponible, lo cual a su vez disminuye necesariamente la intensidad de búsqueda de empleo, lo cual contribuye a que su situación de desempleo se prolongue independientemente de la dinámica de las variables económicas.

Pues sí, la mala planeación de las ciudades mexicanas tiene una variedad de efectos insospechados, muchos más de los que nos imaginamos.

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