Opinión

El caudillo y su realidad virtual

El entorno virtual en el que vive AMLO le hace creer que todas sus posiciones y actitudes son sensatas, necesarias y moralmente buenas | Leonardo Martínez

  • 01/02/2018
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De entre las diferentes maneras de explicar el fenómeno de la realidad virtual, una de ellas dice que se trata de un fenómeno en el que se borran las fronteras entre la realidad y lo aparente, es decir, es un entorno creado artificialmente en el que se puede interactuar sensorialmente con otras personas y vivir situaciones creadas ex profeso que no existen en el mundo real.

En efecto, las posibilidades infinitas de manipular los aspectos que definen nuestra realidad permiten crear entornos virtuales insospechados. Podemos hacer que las personas experimenten todo tipo de mezclas sensoriales, así como romper con las coordenadas habituales de espacio y tiempo.

Esto significa que cuando nos sumergimos en un entorno virtual podemos sentir que somos una hormiga trabajando dentro de un hormiguero, o un pez escondido en un arrecife o un astronauta paseando solo y a la deriva, a altas velocidades, por la infinidad del espacio sideral.

Pero también son cada vez más las disciplinas que utilizan la realidad virtual como un eficaz y poderoso método de enseñanza y de prácticas en campo, con excelentes resultados. Casos ya muy conocidos son los simuladores de vuelo, los ejercicios militares y las intervenciones quirúrgicas.

Aplicaciones funcionales...

En el ámbito militar, el uso de la realidad virtual ofrece diferentes entornos de combate en los que los soldados pueden enfrentar todo tipo de situaciones de batalla. En medicina, esta tecnología facilita el aprendizaje de la anatomía y mejora el entrenamiento quirúrgico de los futuros cirujanos; y para los enfermos, hay aplicaciones para el manejo del dolor, la rehabilitación física y el tratamiento terapéutico de enfermedades mentales.

En México, la evidencia nos muestra que la realidad virtual (o un espejo de la misma, ya que esta no requiere del uso de avanzadas tecnologías) tiene otras aplicaciones, como la transformación de la propia identidad en algo que se quiere ser, pero todavía no se es. Es una situación en la que la persona no distingue las fronteras entre la realidad y lo aparente, generando todo tipo de reacciones entre sus interlocutores, desde la simpatía y una cierta ternura, porque no entiende muchas cosas, hasta la animadversión y los odios más acendrados.

El caso más emblemático

AMLO. Formalmente todavía precandidato a la presidencia, pero que actúa, habla, decide, hace y deshace sintiéndose ya el nuevo caudillo de la nación.

Me pesa utilizar el término de caudillo, pero cómo referirse a alguien que no solo desprecia a las instituciones y las leyes, sino que se coloca por encima de ellas para adelantar las decisiones que ya tomó y que harán de este el país de la bondad, el amor y la esperanza. ¿Cómo referirse al nuevo adalid del patrimonialismo?, que sin recato alguno toma, reacomoda, vende y reparte bienes y equipamiento público a quien él quiere, ya sea de aquí o del extranjero ¿Cómo le decimos entonces a quien asigna y reparte puestos públicos entre los miembros de su club de admiradores?, sin atender ni por asomo los procedimientos jurídicos establecidos para ello. O qué decir de quién ofrece perdones y amnistías a quien él quiere, sin mirar siquiera de reojo al sistema de justicia.

La lista de ejemplos sigue, pero el entorno virtual en el que vive AMLO le hace creer y sentir que todas estas posiciones y actitudes son sensatas, necesarias y moralmente buenas, y que solo pueden llevarse a cabo por él, el redentor del pueblo.  

Siente que ya es presidente…

El desvanecimiento de las fronteras que separan a la realidad de lo aparente le permite sentirse ya presidente de la República, y actuar en consecuencia. En su favor se puede decir, al menos, que ha guardado congruencia porque así ha sido en las otras ocasiones.

Pero bueno, supongo que eso nunca va a cambiar. Lo que me parece más preocupante es que la gente vea con buenos ojos las ocurrencias que dispara porque, entre otras razones, compara o se imagina lo que podría ser su presidencia con las que hemos tenido en los últimos sexenios, y sale bien librada. Eso sí es profundo y ciertamente lamentable.

Finalmente hay que decir que, si bien todos los otros contendientes pueden tener aspectos criticables, en este tema particular y específico de la percepción virtual de la realidad que vivimos todos los días, me parece que el esposo de Beatriz es un caso singular y, la verdad, se pinta solo.

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