Opinión

Marco Antonio

La actuación de la policía y la falta de información sobre el paradero de Marco Antonio Sánchez Flores ha desatado una oleada de indignación | Jorge Garduño

  • 03/02/2018
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Después de días de confusión e incertidumbre, de un sinfín de pistas por aquí y por allá, Marco Antonio, el joven estudiante de 17 años, quien desapareció el martes 20 de febrero después de ser detenido por la policía de la Ciudad el México, fue localizado tras movimientos de organizaciones civiles, y posturas de la UNAM.

Los padres reconocieron al menor en un video que les mostraron las autoridades. Se trataba de una grabación de la noche del sábado, en la que se veía al joven con la cara golpeada, sin abrigo y sin su mochila en un juzgado de Tlalnepantla, Estado de México.

Las autoridades lo habían arrestado por segunda vez después de ver sus "movimientos erráticos" por la calle y considerar que su vida corría peligro. Pese a que, para entonces, la denuncia de su desaparición era ya conocida, y se trata de un menor de edad, fue puesto en libertad, según refieren las autoridades.

Los cuestionamientos


Miguel Ángel Mancera ha sido cuestionado en diversas ocasiones sobre el tema, pero fue tras horas de manifestaciones y movimientos en redes sociales que, la noticia se dio ese mismo domingo 25 de enero: las autoridades localizaron a Marco Antonio. Las vertiginosas sucesiones de acontecimientos dejan abiertas de momento la mayoría de interrogantes del caso. ¿Por qué la policía detuvo al joven? ¿En qué circunstancias lo liberaron? Y también, ¿cuál será el destino de los agentes?, quienes ya declararon y han desaparecido. ¿Por qué apareció con ropas que evidentemente no son de su talla, para horas más tarde ser presentado con las ropas con las que originalmente desapareció?

Estamos ante un delito


Porque ya sea que no se siguieran los protocolos de actuación de las autoridades, o bien, abuso de autoridad, que en todo caso deriva en una desaparición forzada, hay un delito que las autoridades quieren maquillar con “errores de implementación en los protocolos de detención”, que no deja de ser un delito mayor.

La actuación de la policía y la falta de información sobre el paradero de Marco Antonio Sánchez Flores ha desatado una oleada de indignación y ha forzado la reacción oficial, y deja al desnudo la inoperancia y abuso de poder con que actúan los elementos de la policía de Seguridad Pública de la Ciudad de México, así como la policía estatal del Estado de México.

Y Miguel Ángel Mancera, actúa como lo ha venido realizando desde que está al frente del gobierno de la capital: dando palos de ciego.

¡Indignante!

Lee: El defecto Trump

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Esta semana en DIORAMA, aquí mis recomendaciones literarias:


“El truco” (Anagrama) de Emanuel Bergmann. Dos ciudades. Dos épocas. Dos personajes cuyos destinos se cruzan: un niño dispuesto a creer en todo y un anciano que ya no cree en nada.

Las dos ciudades y las dos épocas son Praga en 1934 y Los Ángeles en 2007. El anciano que ya no cree en nada es el gran Zabbatini, un mago procedente de una familia de rabinos que, cuando era niño y se llamaba Moshe, quedó fascinado por un legendario ilusionista de circo que visitó la ciudad y acabó actuando ante Hitler y viviendo una intensa y dolorosa historia de amor y trágicas peripecias en la Europa ocupada por los nazis. El niño dispuesto a creer en todo es Max Cohn, tiene diez años, su abuela sobrevivió a los campos de concentración de pequeña y sus padres están a punto de divorciarse. Y cuando Max descubre entre trastos viejos un disco de conjuros y trucos del gran Zabbatini, se empeña en buscarlo para que le ayude a salvar el matrimonio de sus padres y lo localiza en una residencia de ancianos...

Fascinante, deliciosamente divertida y emotiva, esta novela atrapa al lector con una bellísima historia en la que confluyen dos mundos, emergen amores perdidos y olvidados gestos heroicos y surgen segundas oportunidades. Una fenomenal mezcla del humor melancólico de Isaac Bashevis Singer con la fantasía y los ecos de la mejor tradición popular; el truco de un debutante que se nos revela, con este su primer título, como un verdadero mago.

Emanuel Bergmann (Saarbrücken, 1972) estudió Cine y Periodismo en Los Ángeles. Ha trabajado para va­rios estudios cinematográficos, productoras y edito­riales independientes en Alemania y Estados Unidos. Actualmente ejerce de profesor de alemán, traductor y articulista. El truco es su primera novela.

“Los huéspedes de pago” (Anagrama) de Sarah Waters. Londres, 1922. La sociedad está en pleno proceso de cambio y las consecuencias de la Primera Guerra Mundial siguen muy presentes. A Frances Wray la contienda le arrebató a sus dos hermanos y ahora vive con su madre viuda en una mansión de una zona residencial a las afueras de Londres. Madre e hija, de clase alta, pasan apuros económicos, y, para aliviarlos, deciden alquilar parte de su residencia a unos huéspedes de pago.

Sus inquilinos son un joven matrimonio con aspiraciones burguesas, Leonard y Lilian Barber. Él tiene ambiciones y ella luce coloridos quimonos y pone música en el gramófono. Frances y su madre deberán amoldarse a la pérdida de intimidad que supone la llegada de la pareja, y entre propietarias y huéspedes se establecerá una relación a veces incómoda, marcada por la diferencia de clase. Pero Frances irá descubriendo que comparte más cosas de las que pudiera parecer con Lilian, y entre ambas mujeres se forjará una complicidad de secretos compartidos y una peligrosa pasión que desembocará en un acto violento de terribles consecuencias...

Sarah Waters abandona la época victoriana y el periodo de la Segunda Guerra Mundial que había explorado en anteriores libros y recrea los «felices veinte», mezclando la crónica de una sociedad en pleno proceso de transformación, el retrato costumbrista con toques de comedia, la historia de un amor prohibido y el suspense de un crimen inquietante... Manejando con magistral exactitud el crescendo de tensión y erotismo, la autora nos deslumbra con esta obra que la consagra como la reina indiscutible de la novela de ambientación histórica con un toque muy personal y moderno.

A través de su exploración del pasado de la sociedad británica, desvela sus tabúes, rincones oscuros y deseos inconfesables.

Sarah Waters nació en Gales, Gran Bretaña, en 1966. Estudió literatura inglesa en las universidades de Kent y Lancaster, y ha publicado artículos sobre género, sexualidad e historia en revistas como Feminist Review, Journal of the History of Sexuality y Science as Culture. Ha recibido numerosos galardones, entre ellos el Somerset Maugham y el Sunday Times Young Writer of the Year, y ha quedado finalista de los premios Booker y Orange. En 2002 recibió el British Book Award a la mejor novela por Falsa identidad, el BA/Nielsen Book Data Author y el de la Crime Writers’ Association. En enero de 2003 fue seleccionada por la revista Granta en su lista decenal de los mejores Young British Novelists.

“La charla” (Anagrama) de Linda Rosenkrantz. «De una obscenidad asquerosa», fue la respuesta que le dio un reputado editor a Linda Rosenkrantz cuando se negó a publicarle este libro, que al final vio la luz en 1968. ¿Qué provocó ese airado comentario? Sin duda que La charla es, tal como señala Stephen Koch en su pórtico a esta edición, «una novela reality».

La propuesta de Linda Rosenkrantz es tan simple como osada. Tres amigos pasan el verano de 1965 en la playa de East Hampton. Y hablan. Con franqueza y sobre todo lo imaginable. ¿Cómo plasmar esas conversaciones sin que pierdan la vivacidad al trasladarlas a la página? Muy sencillo: la autora las registró con una grabadora y las reprodujo tal cual. Con un único matiz: el original ocupaba 1.500 páginas, y en él intervenían veinticinco personas, así que redujo la extensión y los personajes. Quedaron tres: Marsha, que tiene un buen trabajo en Nueva York; Emily, su confidente y amiga, actriz, dipsómana y desinhibida; y Vincent, pintor homosexual, talentoso y analítico, por el que Marsha siente un amor no consumado.

Estamos en los años sesenta, y la novela capta de un modo documental esa época de cambios revolucionarios. El trío habla de sexo –promiscuidad, ménages à trois, masturbación, sadomasoquismo...–, de drogas –una experiencia con el LSD–, de cultura –se mezclan sin complejos Fitzgerald, Proust, Durrell, Ginsberg, Dylan...–, de psicoanálisis y del mundillo artístico en el que los tres se mueven, la Nueva York de Warhol, Sontag, el expresionismo abstracto, las fiestas interminables...

¿Y por qué rescatar este libro ahora? Ante todo porque sigue plenamente vivo, con sus ágiles diálogos que mezclan reflexión, hilaridad, lubricidad, dudas y contradicciones; en segundo lugar porque es el valioso testimonio de una época convulsa; y también por ser un audaz experimento de literatura de lo real, cuya influencia puede rastrearse hoy en series como Girls, de Lena Dunham, o en el humor deslenguado –¿de una obscenidad asquerosa?– de Amy Schumer. La charla es la vida misma, con toda su crudeza, impudor y paradojas. Y casi cincuenta años después sigue tan fresca y provocadora como el primer día.

Linda Rosenkrantz nació y se crió en Nueva York, y en la actualidad reside en Los Ángeles. Es autora de diversos libros de ficción y no ficción, entre ellos Telegram, una historia del telégrafo, y las memorias My Life as a List: 207 Things About My (Bronx) Childhood. También ha coescrito Gone Hollywood: The Movie Colony in the Golden Age. Es columnista de prensa y fundadora de la revista Auction.

“Cómo dejar de escribir” (Anagrama) de Esther García Llovet. Renfo, el hijo apócrifo del gran Ronaldo, el mítico escritor latinoamericano, deambula por Madrid en busca del manuscrito perdido de su padre. Acompañado de Curto, un amigo ex convicto, y Vips, un parado de larga duración, recorre la ciudad durante un verano tórrido animado por niñas pijas, coches robados, fiestas lacias y humoristas psicópatas, camareros cutres y bares que nunca cierran. Selfie algo irónico y alucinado, Cómo dejar de escribir deja sonar la cara B del mundo literario con la distancia de quien no perteneció a él. Una novela sobre el Madrid más anónimo, sobre gente que no sabe lo que quiere. Sobre cómo dejar de hacer nada y empezar a hacerlo todo; cómo dejar de escribir e ir a la guerra. Una novela secamente alucinada, de ambientes enrarecidos y humor difuso, perplejo, escrita con el estilo agudo, compacto y sugerente que es marca de la casa de una de las voces más felizmente excéntricas de la literatura de hoy.

Esther García Llovet (Málaga, 1963) vive en Madrid desde 1970, donde estudió Psicología Clínica y Dirección de Cine. Ha publicado Coda (2003), Submáquina (2009), Las crudas (2009) y Mamut (2013), además de relatos en diversas antologías y revistas. Es traductora del inglés y colabora habitualmente en la revista Jot Down. En la actualidad prepara su primer largometraje como directora.

“Los diarios de Emilio Renzi. Los años felices” (Anagrama) de Ricardo Piglia. Este segundo volumen de los tres que compondrán los diarios de Emilio Renzi, álter ego de Ricardo Piglia, recorre el periodo que va de 1968 a 1975. Si en el anterior asistíamos a la forja del escritor en ciernes, aquí se desarrolla su carrera en el mundo de las letras argentinas con la dirección de una revista, los trabajos editoriales, los artículos, los cursos y conferencias.

La pasión, la obsesión por la literatura se materializa en ideas y esbozos para cuentos y novelas, lecturas, encuentros con escritores consagrados –Borges, Puig, Roa Bastos, Piñera…– y compañeros de generación, reflexiones sobre la escritura y sobre la obra de autores clásicos y novelistas policiacos, descubrimientos, búsquedas y deslumbramientos.

Y también aparecen los viajes, la vida íntima y amorosa, y la Argentina de unos años convulsos: el fallecimiento de Perón, la emergencia de grupos guerrilleros, el golpe militar…

En el texto que abre el libro a modo de prólogo, Renzi, acodado en la barra de un bar, conversa con el barman y confiesa: «Escribo un diario, y los diarios solo obedecen a la progresión de los días, los meses y los años. No hay otra cosa que pueda definir un diario, no es el material autobiográfico, no es la confesión íntima, ni siquiera es el registro de la vida de una persona, lo define, sencillamente, que lo escrito se ordene por los días de la semana y los meses del año. Eso es todo. Uno puede escribir cualquier cosa (…), como es mi caso, una mezcla inesperada de detalles o encuentros con amigos o testimonios de acontecimientos vividos (…) esos descubrimientos, esas fugas, esos momentos confusos han sido, para mí, puntos de viraje, y sobre ellos construí la periodización de mi vida.» Y así, este nuevo volumen de los diarios de Emilio Renzi sigue explorando las vivencias, las incertidumbres y las reflexiones literarias de un escritor y da forma, en palabras del autor, a «la novela de una vida». Los diarios de Emilio Renzi, esperadísima obra dividida en tres volúmenes, de los que se publicó en 2015 el primero, Años de formación, y ahora aparece el segundo.