Opinión

La denuncia de Germán

La renuncia de Germán Martínez representa una fuerte sacudida para la denominada cuarta transformación ante la puntualidad de los señalamientos. | Agustín Castilla

  • 23/05/2019
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El simple hecho de que un funcionario de primer nivel renuncie a su cargo a tan sólo seis meses de que inició una administración, es suficiente para presumir que algo no anda del todo bien, y aunque el presidente López Obrador ha tratado de restar importancia a la decisión de Germán Martínez atribuyéndola a una mera incomodidad por sus diferencias con la Secretaría de Hacienda, lo cierto es que representa una fuerte sacudida para la denominada cuarta transformación ante la puntualidad de los señalamientos.

No es la primera vez que Germán Martínez presenta su renuncia a un cargo o institución a partir de lo que, desde su visión, se trata de un acto de responsabilidad pública y congruencia personal. Así lo hizo en 2009 cuando ocupaba la dirigencia nacional del PAN debido a los malos resultados obtenidos en esa elección -sin consultarlo siquiera con el presidente Calderón de quien era muy cercano-, y también en 2018 cuando decide concluir su militancia de tres décadas en Acción Nacional para sumarse a la candidatura de López Obrador.

La carta en la que explica los motivos de su separación como titular del IMSS, representa un fuerte cuestionamiento a la implementación de las políticas de austeridad del actual gobierno que, entre muchos otros, pone en riesgo la prestación de servicios de salud. Me parece que estas dos frases nos dan una idea clara de lo que advierte Germán Martínez en su misiva: “Ahorrar y controlar en exceso el gasto en salud es inhumano. Ese control llega a escatimar los recursos para los más pobres”, “Algunas injerencias en el IMSS de Hacienda son de esencia neoliberal, ahorro y más ahorro, recortes de personal y más recortes de personal, y un rediseño institucional donde más importa el cargo que el encargo”.

La denuncia de Germán coloca en el centro de la discusión ni más ni menos que a una de las principales banderas de la denominada cuarta transformación, la austeridad gubernamental, que al parecer, en vez de ser un medio se ha convertido en un fin en si mismo al grado de comprometer los servicios públicos a los que el gobierno está obligado, siendo la salud uno de los más importantes.

Desde hace varias semanas se ha venido señalando el desabasto de medicamentos, la escasez de personal en las instituciones públicas y, por ende, el incremento en los tiempos de espera para citas médicas, estudios y programación de cirugías como consecuencia de los recortes presupuestales.

Apenas el lunes, Clara Jusidman, fundadora de Incide Social y quien fuera cercana a López Obrador, afirmó que es un error cercenar a hachazos al gobierno en lugar de aplicar el bisturí y detectó cuatro riesgos por los recortes: pérdida irrecuperable de servidores públicos experimentados; paralización en la entrega de bienes y servicios públicos; retraso en la concreción de los nuevos programas de la 4T, así como desempleo y empobrecimiento de profesionales de sectores medios.

Sin embargo, todo indica que el presidente busca suplir la incapacidad de su gobierno para resolver problemas y dar resultados en materias tan sensibles como la seguridad o el empleo, entregando más dinero a la gente que le asegure apoyo y votos en una lógica clientelar, sin importar de donde obtenga los recursos o lo que se tenga que sacrificar -salvo sus proyectos consentidos como el tren maya o la refinería que son intocables a pesar de que no han podido acreditar su viabilidad-, como esta siendo el caso del sistema de salud que debiera ser una prioridad.

Lamentablemente estamos ante un gobierno de una sola voz, la del presidente, quien ha mostrado muy poca tolerancia a todo aquello que ponga en tela de juicio sus decisiones, los miembros de su gabinete no opinan, se limitan a acatar instrucciones, y hasta el momento el margen para la rectificación o para buscar alternativas viables ha sido prácticamente inexistente. Esperemos que López Obrador entienda que no todos los que disienten son sus enemigos, que la crítica sustentada es necesaria, que es importante escuchar otros puntos de vista -particularmente de los especialistas-, y que las definiciones presupuestales deben tener como principal destinatario al bienestar de la gente. Ojalá que en tres años podamos aplaudir al presidente por haber cumplido su promesa de construir en tres años un sistema de salud como los países nórdicos.

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