Opinión

Otro escándalo de los Legionarios

La historia de Fernando Martínez guarda similitudes con otros casos, cada vez que se presentaba una denuncia contra él, era trasladado a otra ciudad. | Agustín Castilla

  • 16/05/2019
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Han pasado cerca de 13 años de que la iglesia católica por fin reconociera que el poderoso padre Marcial Maciel, fundador de la congregación de los Legionarios de Cristo, era un depredador sexual que durante décadas abusó de un número indeterminado de menores de edad, y que lo condenara a una vida de oración y penitencia hasta su muerte en enero de 2008. Sin embargo nunca pisó la cárcel por la protección que recibió del Vaticano.

De acuerdo a algunas investigaciones, aproximadamente desde 1956 la jerarquía eclesiástica tuvo conocimiento de los señalamientos contra Maciel tanto por violencia sexual infantil, como por su adicción a las drogas, pero fue hasta 1997 cuando un grupo de ex legionarios -que fueron sus víctimas-, logró que cuando menos las denuncias se hicieran públicas pero siguió imponiéndose el silencio y la impunidad.

Probablemente nunca sabremos cuantos niños fueron abusados por Marcial Maciel y tampoco podremos dimensionar las consecuencias que esto provocó en sus vidas, pero seguramente la intervención oportuna y decidida de la iglesia pudo haber evitado mucho sufrimiento. A poco más de una década de la muerte del fundador, se ha revelado un nuevo escándalo que involucra a otro integrante de la Legión de Cristo, y que hasta el momento también ha recibido la protección eclesiástica como en tantos otros casos que se han documentado en nuestro país y alrededor del mundo.

Hace apenas unos días, la conductora Ana Lucía Salazar publicó en redes sociales que fue víctima de abuso sexual a la edad de 8 años en el colegio Cumbres de Cancún, propiedad de los Legionarios, por el sacerdote Fernando Martínez quien fungía como director de ese colegio. También denunció a una maestra quien presuntamente sacaba a las niñas del salón para llevarlas a la dirección donde se perpetraba la agresión sexual.

La historia de Fernando Martínez, quien al parecer coincidió con Maciel en su niñez y pudo ser una de sus víctimas, guarda similitudes con otros casos pues cada vez que se presentaba una denuncia contra él, era trasladado a otra ciudad donde seguía replicando las mismas conductas criminales. De hecho, las primeras acusaciones datan de 1980 en el Instituto Cumbres de la Ciudad de México, después lo mandan al colegio Irlandés en Monterrey, y en 1992 los papás de Ana Lucía lo denuncian en Cancún de donde es enviado a Salamanca.

De acuerdo a la información proporcionada por la misma congregación, actualmente el padre Martínez vive tranquilamente en una casa de retiro religiosa en Roma. Aunque anunciaron que ahora si van a abrir una investigación, no se explica por qué no lo hicieron desde el primer momento o por qué guardaron silencio cuando el caso de este cura pederasta se dio a conocer en un par de publicaciones hace varios años.

Es indispensable que de una vez por todas la iglesia católica de muestras claras de que su política de tolerancia cero va en serio, que venza las resistencias y se atreva a desmantelar las redes de complicidad y protección que siguen operando a su interior. Es tiempo de exigir justicia para las víctimas y castigo ejemplar a los depredadores.

¿Y dónde quedó el Plan?

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