Opinión

¿Elegir desconocidos?

El próximo 1 de julio, la mayoría de las y los ciudadanos votaremos por personas que no sabemos quiénes son ni cómo se llaman. | José Antonio Sosa Plata

  • 31/05/2018
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Como sucede cada seis años, las campañas presidenciales concentran el grueso de la información y controversia de los medios de comunicación y hoy —en forma particular— de las #RedesSociales. Sin embargo, el interés de la gente en los demás cargos de elección logra niveles de atención muy bajos, que son determinados por la cultura política específica de cada zona geográfica, el tamaño de la ciudad o municipio y los problemas más delicados que se enfrentan localmente.

Esta situación es normal en cualquier democracia

El abstencionismo, la indecisión o el desinterés en la actividad política siempre se ubican en porcentajes muy altos. Las razones son de peso: el desprestigio que la actividad política ha alcanzado en el modelo neoliberal, además de la crisis de representatividad que enfrentan los partidos políticos y los liderazgos en general. El crecimiento y fortalecimiento de los medios digitales también ha contribuido por el incentivo y cauce que da a la sociedad el desarrollo de una mayor capacidad de crítica y cuestionamiento a las figuras de autoridad.

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El voto informado y el voto razonado son dos objetivos principales que se propuso cumplir el Instituto Nacional Electoral (#INE). Pero en términos prácticos, la misión tiene un alto grado de complejidad en las elecciones concurrentes. Por un lado, porque son demasiadas las campas que se deben atender. Por el otro, porque es tanta la información que se genera que resulta imposible recibirla, comprenderla y analizarla.

Estar bien informados se convirtió en un deseo inalcanzable

El hecho cobra mayor relevancia si tomamos como referencia el número de boletas que a cada ciudadano nos entregarán el próximo 1 de julio. En la #CDMX, por ejemplo, además de Presidente votaremos por jefe de gobierno, senadores, diputados federales, diputados locales, alcaldes y concejales. Si multiplicamos el número de cargos por las y los candidatos que aspiran a estos, la cifra se eleva a cientos de nombres. Por eso, al preguntar los nombres de los aspirantes es evidente que en la mayoría de los casos no tenemos ni la menor idea de quiénes son o que partidos o coaliciones los postulan.

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Si no sabemos lo básico…

menos tenemos una idea de sus trayectorias o propuestas. El tiempo que nos llevaría revisar con calma solo sus nombres en las boletas que nos entregarán requiere de varios minutos. Como no habrá tiempo ni espacio para la concentración, muchos cruzaremos entonces los logos de los institutos políticos sin la reflexión que se requiere. Por otra parte, resultará aún más difícil revisar las listas de los candidatos al Poder Legislativo que van por la vía de la representación proporcional.

¿Quién tiene la capacidad para procesar tantos datos?

En este contexto, podemos asegurar que en varias de nuestras elecciones el voto no será informado, mucho menos razonado, a pesar de los esfuerzos que autoridades electorales, universidades y organizaciones de la sociedad civil están llevando a cabo a través del uso de las herramientas que nos ofrece el nuevo ecosistema de comunicación.

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Por si fuera poco, la situación también facilita la posibilidad de que los partidos sigan tratando de comprar o inducir el voto con prácticas que creíamos superadas desde hace años, pero que siguen formando parte de la lucha por el poder. Ante el fracaso del actual modelo de #ComunicaciónPolítica de nuestro sistema electoral —en el que los resultados finales no dependen sustancialmente del número de spots difundidos o de las grandes inversiones que se hacen en todos los medios— se mantiene abierta la posibilidad de algunas prácticas ilegales.

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Elegir gobernantes es una responsabilidad que no debemos ver a la ligera

¿Se imagina usted, lector, los riesgos de elegir —en caso de una grave enfermedad— al especialista que lo intervendrá en el quirófano de una lista de cinco, siete o diez personas en menos de un minuto, sin tener el diagnóstico preciso o sin haber consultado por lo menos dos opciones para comparar y decidir en manos de quienes poner nuestra vida?

¿Podemos dejar nuestro futuro o el de nuestras familias en manos de un desconocido? ¿Acaso es menos importante elegir a quien tendrá la responsabilidad de garantizarnos la seguridad y una economía que nos permita vivir con empleos dignos y bien pagados? ¿Le dejaremos la decisión a los demás? La tarea es complicada y requiere tiempo, pero debemos hacerla con la atención, responsabilidad y compromiso que merecen. Sí es posible.

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¿Igualdad y equidad en las #Elecciones2018?

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