Camila

Cuando era niña, la programación televisiva en el canal 5, la única opción para el público infantil, era regularmente interrumpida por el “Servicio a la Comunidad”: una sección en la que transmitían las fotografías de las personas desaparecidas. Yo estaba convencida de que tenía que dejar de respirar mientras la sección terminaba, especialmente si las fotografías que pasaban eran de niños; en mi cabeza, si no seguía mi pequeño ritual, que me permitía voltear hacia otro lado cuando ya no aguantaba más: corría el riesgo de ser yo la siguiente persona que apareciera en las fotografías.

Con el tiempo entendí que observar con atención esas fotos (y respirar por supuesto) era importante. Quizá algún día me topara con alguna de esas personas, la reconociera y pudiera avisar a su familia en donde estaban. La Alerta Amber funciona no porque las autoridades se pongan a trabajar con urgencia tras su emisión, sus casos de éxito suceden gracias a la ciudadanía que da aviso cuando se encuentra con alguno de estos menores. Cuando autoridad y ciudadanía trabajan de la mano son poderosas.

El 2019 inició canalla. Camila, de nueve años, fue brutalmente asesinada tras ser víctima de abuso sexual. No existen adjetivos que alcancen para explicar lo atroz de este crimen. Sucedió en el Estado de México, en donde los feminicidios abundan, en donde la policía te da miedo, en donde pasa todo, y a los ojos de las autoridades no pasa nada. Estaba destinado a ser otro feminicidio sin consecuencias. Los familiares y amigos quedarían con sed de justicia y el corazón roto. Pero algo cambió, los vecinos se organizaron, se metieron a las casas buscando al responsable, pudieron haber linchado a la persona equivocada, no exigieron justicia, la intentaron ejercer. Quizá eso encendió los focos rojos en una entidad que ya de nada puede sorprenderse. A los pocos días, el presunto responsable de este crimen fue detenido en Puebla.

El fiscal del Estado de México hizo lo increíble, reconocer que el éxito de la operación se debía a la participación de Verónica Villalvazo, mejor conocida como Frida Guerrera. Ella dio a las autoridades la información que permitió dar con el presunto asesino. ¿Quién es Frida Guerrera?

Diré lo que sé. Tras haber publicado un video en redes sociales llena de indignación por el feminicidio de Mariana Jocelyn, se puso en contacto conmigo. Le llamé, y me dijo: “entiendo tu indignación, pero no es Mariana, son miles, en todo el país, todo el tiempo”. ¿Y tú qué haces?, pregunté. “No soy periodista”, me explicó, aunque es periodismo lo que hace cuando se acerca a las familias de estas mujeres asesinadas, las entrevista, y como ella misma dice: les da voz. “No soy feminista”, agregó, aunque ha dedicado los últimos años de su vida a denunciar la violencia en contra de las mujeres. Seguramente dirá que tampoco es investigadora, pero logró dar con la identidad de “Calcetitas Rojas”, una niña de cuatro años abandonada en un lote baldío. Identificarla, sirvió para dar con el responsable de su asesinato.

Necesitamos a una o varias Fridas en cada fiscalía de este país, de esas que no se aguantan la respiración, ni voltean la mirada, de esas que no le dan la vuelta a la página para ignorar el horror. Entonces podremos esperar un futuro diferente.

Lo que me gusta de AMLO

@PamCerdeira | @OpinionLSR | @lasillarota




Debe iniciar sesión para poder enviar información

Debe iniciar sesión para poder enviar información