Opinión

Aproximaciones al trauma

Trauma es la definición de algo que ha quedado destrozado, pero lo que se hace pedazos es diferente en cada persona. | María Teresa Priego

  • 28/05/2019
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“Es lo que yo denominaría el viaje del héroe, el viaje nocturno por el mar, la búsqueda del héroe, donde la persona va a dar lugar en su vida a lo nunca visto”, –Joseph Campbell

“El trauma hace pedazos tu identidad y te roba la historia que tú te contabas acerca de ti mismo y del mundo”, escribe Gretchen. ¿Qué sería en ese contexto “lo nunca visto” que nos propone la doctora Schmelzer, durante y después de una “travesía”? Psicóloga por la Facultad de Medicina de Harvard, terapeuta, y sobreviviente ella misma de un “trauma repetido”, que alguna vez consideró casi imposible de aprehender, elaborar y transitar.

“En viaje a través del trauma”, nos advierte: “este no es un libro de auto-ayuda”, no es un llamado a caminar solas/os hacia un intento de sanación. El trabajo interior –afirma- se realiza con un acompañamiento terapéutico. Una terapia individual o de grupo, cada quien elige lo que siente más cercano a sus necesidades. El libro es sólo una guía. Un mapa por si en algún momento nos sentimos extraviados. Un mapa que ella sintió que necesitaba durante su proceso y como no lo encontró, decidió crearlo.

Schmelzer ha dedicado su vida a atender a personas que padecen lo que ella llama: “un trauma repetido”, distinto –en su descripción- al “evento traumático” que sucede una vez. “Lo que ocurre cuando determinados actos traumáticos se repiten una y otra vez, como sucede con aquellas personas que pasan por una guerra, por malos tratos en la infancia, por abusos sexuales, por violencia doméstica o violencia callejera”.

¿Cómo creció ella? En la escucha obligada de las circunstancias traumáticas que su madre y su padre narraban de sus propias infancias. No sólo a la escucha. También en el miedo, en el terror de esa brutalidad incontenible que podía ocupar su casa en cualquier momento. “Ver como se llevaban a mi madre en ambulancia, inconsciente por los golpes, o pasarme las horas viendo a mi madre gritando furiosa, sin saber con quién estaba hablando, he visto a mi hermano estampado contra la pared por no haberse puesto la servilleta en el regazo”. Y, sin embargo, nos dice: de “allí” se puede salir, y bien vale la pena el viaje.

Trauma es la definición de algo que ha quedado destrozado, pero lo que se hace pedazos es diferente en cada persona”, es distinto lo vivido, también son distintas las maneras en las que cada persona logra lidiar con los daños. La doctora Schmelzer explica con una gran claridad y en un leguaje muy íntimo, por qué llega un momento en el que “el viajero” está preparado, o puede intentar irse preparando, para la travesía de la sanación que necesita y que anhela. Libre de presiones y de juicios. Listo para crear (no sin dificultades), un espacio terapéutico de confianza y de paz que le permita arriesgarse.

“Quiero que sepas que todo cuanto has hecho por sobrevivir y protegerte te ha salvado la vida, al tiempo que ahora te está impidiendo vivir una vida mejor... (tu sistema de defensas…) cómo te obstaculiza las relaciones que tienes contigo mismo, cómo mitiga cualquier tipo de bondad o compasión que puedas sentir por ti mismo”.

“Cuando el trauma se repite”, escribe la fundadora y editora de The Trial Guide revista online dedicada a la sanación, “en lugar de prepararnos para la acción, nos insensibilizamos”. Esa “insensibilidad” permite sobrevivir a los sentimientos de terror, desamparo, indefensión.

La decisión de sanar nos convoca a “decir lo que parece indecible”, y aprehender que podemos elegir nuestra vida, no sólo defendernos, sino elegir: “Recuperar las partes de ti mismo que dejaste atrás, las partes de ti que se astillaron… (sanar) significa que vives en el presente con cierta sensación de futuro; no que estás sobreviviendo o viviendo en un pasado siempre presente, protegiéndote a ti mismo de lo que ya ocurrió”. Para sanar, claro, es indispensable “desmantelar” despacio y con cuidado, las estructuras defensivas que fuimos creando en el camino, para resistir, para salir adelante. Y aceptar todo aquello que quizá no estuvimos en condiciones de aprender, mientras la energía vital se consumía en sostener la sobrevivencia.

Es muy interesante el análisis que plantea la doctora Schmelzer: ¿qué forma de apego va creando cada persona –para protegerse- desde su infancia? Hay apegos reconfortantes y seguros que nos ofrecen acceso a modos más sanos y confiados de relacionarnos. Una familia confiable acompaña a hijos que confían. Hay apegos inseguros, maneras de crecer que nos acercan a los “apegos ansiosos”, “depreciativos” (quienes “no necesitan a nadie”), “temerosos-evasivos”.

“Hay un elemento común en estos apegos inseguros, y es la falta de un refugio seguro o base segura constante. Tienes la sensación de que no hay un lugar seguro al cual puedas regresar, y que no dispones tampoco de una sensación sólida interior que puedas llevar contigo. Es decir, no hay lugar donde puedas descansar confortablemente…” ¿Cuál sería el sentido del “viaje” al que el trabajo terapéutico convoca? Crearse esa “sensación sólida que puedes llevar contigo” y aprender otra manera, más segura, más cercana, menos defensiva de dar y recibir amor.

Bianca dibujaba estrellitas en sus cuadernos

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