Opinión

Bianca dibujaba estrellitas en sus cuadernos

La fosa de Agua de Lydiette Carrón; una escritura tejida en la escucha, la observación y el respeto a las víctimas y a sus familiares. | María Teresa Priego

  • 21/05/2019
  • Escuchar

“La madre de una jovencita llamada Bárbara Reyes Muñiz -secuestrada en Cuautitlán Izcalli- lo dijo de forma muy clara: buscando a los desaparecidos, los familiares ven imágenes de asesinados, muertos y más muertos: ‘Y lo que ves ya no puedes desverlo, y se queda contigo para siempre’”, Lydiette Carrión en: “La fosa de Agua. Desapariciones y feminicidios en el río de los Remedios”.

Nueve adolescentes (entre 13 y 19 años) y una joven víctimas de feminicidio en una zona específica del Estado de México: la frontera entre los municipios de Ecatepec y Los Reyes Tecámac. Seis años y medio de investigación y acompañamiento. Una escritura fuerte, clara, meticulosa. Una escritura tejida en la escucha, la observación y el respeto a las víctimas y a sus familiares. Elegir las palabras que describen el horror, cuando es indispensable hacerlo, sin palabras de menos. Sin palabras de más. Historias que se entrecruzan, constantes entre un feminicidio y otro que no fueron investigadas. Madres luchando para que los feminicidios de sus hijas sean nombrados como tales, para que se apliquen los protocolos de investigación. Por momentos, hasta los más elementales.

Lydiette Carrión es una periodista independiente, egresada de Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Política y Sociales de la UNAM, egresada de la Escuela de Escritores de la SOGEM, coautora de “Los gobernadores” (2018), “Todas” (2017), “A mí no me va a pasar” (2015), “Entre las cenizas” (2012), “Tú y yo coincidimos en la noche terrible” (2012) y “72 migrantes” (2011). Blanche Petrich escribe en el prólogo de “La fosa de Agua”: “Lydiette cargó su memoria personal con escenas imborrables que representan esa violencia incomprensible: la destrucción en serie de jovencitas”.

Bianca

Bianca Edith Barrón Cedillo tenía 14 años, desapareció el 8 de mayo de 2012. “Desde ahí se observan los lotes baldíos que preceden la autopista México-Texcoco, el Circuito Exterior Mexiquense y el  río de los Remedios. Iba a ver a Eduardo su ex novio. No llegó. Irish, su madre le llamó, no hubo respuesta. Se mudaron tres años antes a los Héroes Tecámac. Los Barrón Cedillo por fin eran propietarios de su casa”. Madre e hija planearon que después del trabajo de Irish y la cita de Bianca con Eduardo, se encontrarían en el centro comercial para regresar juntas. Bianca no apareció.

Tampoco estaba en su casa, ni en casa de ninguna de sus amigas. Ese celular que como una pesadilla repetida mandaba al buzón. Comenzó la búsqueda: módulos de vigilancia, a los patrulleros, a los bomberos. Recorrieron los callejones oscuros. ¿Y si Bianca simplemente aparecía en su secundaria por la mañana? No se presentó. Esa tarde los padres levantaron una denuncia en el Ministerio Público de Tecámac. Desde el teléfono celular de Bianca comenzaron a llegar mensajes. Estaba bien. Se había fugado, estaba embarazada. “Unos amigos”, la llevaron a abortar. El sadismo de esos meses de mensajes. Estaba enamorada. Ya no. Maltrato. Quería huir. Los investigadores nunca pudieron localizar la ubicación del celular. Nunca. La madre de otra joven desaparecida recibió llamadas de extorsión desde ese mismo celular.

“A finales de junio los mensajes hablaban sobre golpizas, violaciones… El 3 de julio Irish recibió la última comunicación firmada por su hija”. Irish tuvo que dejar de trabajar. Tres veces por semana viajaba a Toluca para entrevistarse con policías, con funcionarios. ¿Había avances en la investigación? Con su dolor. Con su depresión a cuestas. Con todos los problemas materiales encima. Con una enorme frialdad, Francisco, amigo de Bianca y novio de una de sus mejores amigas, describió a Bianca como una adolescente casi “pandillera”, desconocida para su madre. Sus declaraciones produjeron mucha distracción y mucho ruido. Tardaron demasiado en investigarlo.

En abril de 2013 llamaron a irish: “¿su hija usa pulseritas?” “El dorso de una mano que cuelga relajada de una cama de metal: la plancha de una morgue…una pulserita de cuentas amarillas y verdes y una imagen de San Judas Tadeo”. Le preguntan a Irish si la reconoce. ¿Cuántas adolescentes con pulseritas de San Judas Tadeo? Una blusa parecida a la que tenía Bianca. “Voy a llegar a buscar esa blusa”, le dijo Irish a su esposo Miguel Ángel. “No. Espérate. Vamos a esperarnos”, le respondió el padre de Bianca. Él ya sabía. Ese cuerpo encontrado era el de su hija. Un gesto desesperado de amor hacia su esposa. Un día más sin saber, un día más de esperanza, una noche de sueño difícil, pero menos terrible.

Toluca. Tienen que mirar la foto. “Irish vio a una joven semejante a su hija, pero al mismo tiempo le parecía ajena, extraña, desconocida. Distorsionada. Desfigurada”. Era ella. Después de once meses de búsqueda confrontaron una fotografía que probaba que su hija fue asesinada a unas horas de su desaparición: traía puesta la ropa de esa tarde.

Una amiga cuenta que soñó con Bianca: “Me decía: ‘Te voy a contar lo que me pasó’. Entonces ella movía la boca, pero yo no la escuchaba…Y yo le decía: ‘No te escucho’”.

El cuerpo de Bianca fue encontrado el 9 de mayo de 2012 a las 7:10 de la mañana en la carretera libre México Pachuca. Sí, a la mañana siguiente de su desaparición.

Sus padres la buscaron, denunciaron, estuvieron pendientes cada día, sin embargo, el 22 de mayo el cuerpo de una adolescente en cuyo expediente se escribió: “no reclamada”, “desconocida” fue sepultado en una fosa común. ¿Cómo pudo suceder? El expediente se abrió “por el delito de homicidio en agravio de una mujer de 20 a 25 años”. Calcularon mal, muy mal su edad, así que nadie relacionó el cuerpo con la joven de 14 años desaparecida la noche anterior. Exhumaron sus restos. Por fin, sus familiares y amigos pudieron enterrarla.

¿Quiénes infligieron a Bianca ese feminicidio atroz? “Una vez, hablando con investigadores de otros casos explicaron que, de hacerse el trámite correspondiente, una cuenta de Facebook puede ser abierta de forma legal en 15 días”. Fue Irish, quien después de meses de mirar detenidamente en los libros, cajitas, cuadernos, apuntes de su hija, encontró la contraseña. Fue a partir de la información encontrada en los mensajes de su hija, que las investigaciones pudieron avanzar. Lydiette reconstruye en varios capítulos cómo se ordenó la muerte de Bianca y la participación de sus asesinos en otros feminicidios.

Bianca fue, por fin, hallada en una fosa común. Violada y torturada. Un caso similar en Argentina sacó a millones a la calle a protestar. Pero aquí no pasó nada… Y en la zona siguieron desapareciendo muchachas”, explica Lydiette.

Diana

Diana Angélica Castañeda Fuentes salió de su casa (la casa de su padre), el 7 de septiembre del 2013. Esa madrugada su madre (quien vivía en Satélite) recibió un mensaje de su hijo: Diana no aparecía por ningún lado. El último mensaje que la adolescente escribió en su Facebook: “Te amo mami”. Su cuerpo apareció en el  río de los Remedios. Partes de su cuerpo. La mataron a golpes, cinco meses después de su secuestro. Cortaron su cuerpo en pedazos y lo metieron en bosas. ¿Dónde estuvo todo ese tiempo? ¿a qué distancia de ese lugar cercano a la casa de su padre en donde fue secuestrada?

Margy, su madre, no paró de buscarla. Oficinas. SEMEFO. Más expedientes y más fotos. Diana tenía unos dientes encimaditos. Margy se obsesionó por estudiar los dientes de su hija, aprenderlos de memoria (mirando sus fotos) para poder reconocerla a través de su dentadura. Ya sabía lo que podía suceder. Ya sabía de la saña y de los cuerpos “desarticulados”. Le contó a Lydiette, cómo, cada vez que pasaba por el río de los Remedios miraba y pensaba más fuerte en su hija. Allí podía estar. Sí, lo pensaba.

Allí la encontraron, pero también, por un error tras otro, su cuerpo fue a la fosa común. Quiso ver el cráneo. Era Diana, la reconoció por sus dientitos encimados. “Reconozco los restos como parte de mi hija”, declaró Margy, cuando por fin se los entregaron. En septiembre de 2015 Margy fue citada de nuevo en la Procuraduría del Estado de México: había aparecido el torso de su hija.

Las madres y los padres investigan, hacen entrevistas, recaban información, atan cabos. Revisan montañas de expedientes. Exigen. Entre los corredores de las oficinas de gobierno las madres que buscan a sus hijas se encuentran, se van reconociendo, se ayudan entre ellas, comparten sus experiencias. La Red de Madres. “Señora, ¿de qué se preocupa? Se fue con el novio, ya regresará. ¡Hasta con premio!”. Parece que la frase que sigue es –también- un “clásico” en los Ministerios: Nadie se la llevó con violencia, no está secuestrada, “se fue por su propio pie”.

Cuando comenzó el dragado del río de los Remedios, primero se dijo que se realizaba un trabajo de desazolve. En realidad, el dragado respondía a una orden emitida por un juez. Se hablaba de una banda de asesinos seriales que arrojaban allí los cuerpos de las niñas y adolescentes. “Un militar en activo fue detenido, junto con tres menores de edad, que eran conocidos o amigos de la víctima", explicó Lydiette en una entrevista. “Esta detención desencadenó el dragado del  río de los Remedios”. Se dice que en el dragado se encontraron 21 cuerpos, 16 de ellos de mujeres. Nadie (fuera de las autoridades directamente involucradas) parece saberlo a ciencia cierta.

“En el canal, justo a la altura del Ministerio Público de Tecamác, ocurrió otro hallazgo: un costal de rafia, como los que se usan para la harina, en cuyo interior había dos bolsas negras de basura meticulosamente cerradas, atadas con una agujeta negra muy larga (¿para botas de militar o de policía?), con un nudo pescador. Adentro de una bolsa había una cabeza que conservaba pocos mechones de cabello. En la otra, dos muslos meticulosamente cercenados, con cortes de cirujano. Esa bolsa fue el indicio número 27 de aquel día

Lydiette abre su libro con una nota en la que cita a Juan Gelman: “Decía con insistencia que para los atenienses el antónimo del olvido no era la memoria, sino la verdad. Se refería a una verdad simple, no retórica. En este caso la verdad sería quiénes son las desaparecidas, quiénes se las llevaron, qué les hicieron y dónde están”. “No se puede “desver”, lo que ha sido visto. No se puede “desleer”, lo que ha sido leído.

Muy recomendable: Lydiette Carrión en entrevista con Diego Courchay “Todo está construido para que jamás encuentres a una persona”.

María Consuelo Mejía y Católicas por el Derecho a Decidir

@Marteresapriego | @OpinionLSR | @lasillarota