El 24 de abril de 2016, México se volvió violeta. Miles de mujeres marcharon en más de 40 ciudades mexicanas simultáneamente, y en la Ciudad de México, específicamente en el Monumento a la Revolución, se vivió una jornada sin precedentes que marcó un antes y un después para las luchas feministas a nivel nacional, donde la militancia callejera y la digital se juntaron de tal manera, que las mujeres no sólo tomaron las calles sino también las redes. 

Pese a que las distintas olas feministas influyeron en el pensamiento y accionar político de muchas mujeres en la región, las marchas bajo el lema y la etiqueta #NiUnaMenos en Argentina el 2015, así como la Primavera Violeta mexicana el 2016, abrieron una nueva etapa para los feminismos latinoamericanos a través de hashtags feministas y los acuerpamientos digitales.

La Primavera Violeta fue bautizada con ese nombre porque además de hacer alusión al despertar político a través de la indignación como ocurrió en la Primavera Árabe iniciada el 2010, esta marcha fue identificada por el uso de pañoletas de color violeta. Este color funge como símbolo histórico de las luchas feministas, adoptadas por las sufragistas de la primera ola, y fue también utilizado como el color internacional en el movimiento por la igualdad de derechos de 1978. 

Sin embargo, la potencia que la Primavera Violeta tuvo en todas sus facetas, se logró primero a través de las redes sociales. Algunos días antes de la marcha del 24 de abril de 2016, las activistas mexicanas Estefanía Vela Barba y Catalina Navarro convocaron en Twitter a replicar el hashtag #primeiroassedio (que fue creado para mostrar la problemática del acoso que viven las mujeres brasileñas desde la infancia, el cual fue tendencia el 2015), con el objetivo de que las mujeres mexicanas compartieran sus experiencias con la etiqueta #MiPrimerAcoso. 

Este hashtag también llegó a ser tendencia rápidamente, provocando que muchas mujeres reflexionaran acerca de las experiencias de algún tipo de acoso o abuso sufridos en algún momento de sus vidas para dejar de normalizar estos actos. La movilización digital despertó un sentido de exigencia para llegar a tener una vida libre de violencias y cuestionando el sistema patriarcal del cual surgen estos problemas.

#MiPrimerAcoso

La Primavera Violeta germinó a partir del hashtag #MiPrimerAcoso en Twitter, ocasionando un encuentro multitudinario el 24 de abril creando la etiqueta #24A para hacer referencia a este histórico día. En México, así como en el resto del continente, el feminismo se potenció usando a las redes sociales como un medio de comunicación estratégico. 

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La académica feminista Guiomar Rovira, denomina este accionar como un “devenir feminista de las multitudes conectadas”. Estas básicamente surgen de una explosión emocional, derivada de un contagio estructurado por la tecnología de las redes sociales a través de la conectividad de miles de usuarias. A su vez, propician conversaciones y debates sobre el problema social que llama a las mujeres al activismo y que a la vez las empodera para salir a las calles. 

Estas conversaciones son agrupadas por hashtags feministas como #MiPrimerAcoso y #NiUnaMenos, que otorgan fuerza a las narrativas sobre experiencias de violencia de género contadas en primera persona. Estas generan una conversación de muchas voces, reflejando las historias compartidas, y así un hashtag resulta ser tanto una convocatoria como un espacio para crear redes de nuevas generaciones feministas, potenciando estas movilizaciones en la región. 

La experiencia de la Primavera Violeta, a través de la adopción de hashtags feministas permitió nuevas formas de movilización en México. A pesar de la heterogeneidad de mujeres que pertenecen a distintas colectivas, sectores sociales o que son afines a diversas ramas del feminismo, establecieron una lucha conjunta basada en las denuncias sobre violencias machistas, imponiendo temas en la agenda social, política y jurídica. 

#MeTooMx

La Primavera Violeta fue un precedente para influenciar las distintas maneras en que las mujeres empezaron a luchar colectivamente a través de las denuncias en redes sociales. Uno de los casos más importantes fue el #MeToo (#YoTambién, en español) que, en marzo de 2019 tuvo su momento más álgido. De acuerdo con un foro realizado en la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, el 11 de abril de ese año, se registraron más de 420 mil denuncias por acoso, abuso y hostigamiento sexual del 21 de marzo al 4 de abril, mediante la etiqueta #MeTooMx y cuentas asociadas. 

#MeTooMx estuvo relacionada con el hashtag #YoSiTeCreo para dar fuerza y apoyo a las denuncias de las mujeres que empezaron a ser atacadas debido al anonimato que supuso hablar de sus experiencias en redes sociales. De esta forma, cada hashtag feminista que se impone como tendencia, además de dar cuenta de una problemática de denuncia, es acompañada por otra u otras etiquetas que van tejiendo las conversaciones.

Para el 2020, dos casos de feminicidio estremecieron nuevamente a la población mexicana. El primer caso ocurrió el 9 de febrero, la víctima de nombre Ingrid Escamilla fue asesinada por su pareja en su casa al norte de la Ciudad de México. Posteriormente, las fotos de su cuerpo fueron difundidas por policías y fiscales que estaban a cargo del caso. El segundo caso fue de la niña de nombre Fátima, cuando el 11 de febrero del mismo año desapareció al ser secuestrada a la salida de su escuela ubicada en la alcaldía de Xochimilco. El 16 de febrero su cuerpo fue hallado sin vida, con signos de tortura y violación. 

Durante todo el mes de febrero, se generó en Twitter una serie de hashtags feministas que exigían justicia para Ingrid y Fátima, usando nuevamente la etiqueta #NiUnaMenos como el lema más importante en contra de la violencia feminicida. La narrativa que se generó para ambos casos, estuvo basada en dolor, el enojo y la indignación hacia las autoridades judiciales y policías por su falta de empatía ante el tratamiento de feminicidios. 

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Estos hechos fueron el parteaguas para el estallido que ya se había gestado desde la Primavera Violeta del 2016, dando como resultado que la marcha por el 8 de marzo por el día internacional de la mujer en la Ciudad de México, fuera la marcha feminista más grande registrada en México, a pesar que la pandemia global por COVID-19 ya había llegado a América Latina.

Se estima que hubo más de 80 mil mujeres reunidas en el Monumento a la Revolución, quienes marcharon hasta el Zócalo capitalino para pedir justicia por las víctimas de feminicidio, respeto a las mujeres para tener una vida libre de violencia dentro y fuera del hogar y además de exigir el derecho del aborto legal en todo el país, debido que lo únicos estados donde se puede abortar en la República Mexicana sin ningún condicionamiento son la CDMX y Oaxaca. 

Finalmente, después de cumplir un año de confinamiento, la marcha del 8 de marzo de 2021 fue especial debido a que la pandemia marcó una transformación profunda con el espacio público ya que asistir a una marcha multitudinaria puede ser peligroso por la exposición al contagio masivo. Por este motivo, diversas colectivas feministas mexicanas, que nacieron a partir de la Primavera Violeta, convocaron a las mujeres que deseaban quedarse en casa debido a la pandemia, se manifestaran de manera virtual utilizando hashtags feministas. 

Hoy, 24 de abril de 2021, a cinco años de la Primavera Violeta, toca celebrar los logros compartidos desde la diversidad. Pero también, seguir exigiendo justicia para todas las que ya no están a causa de la violencia feminicida, y principalmente toca seguir acuerpando digitalmente desde nuestras trincheras de lucha. Esto, justamente porque la pandemia no nos deja otra opción más que continuar la protesta y exigencia de justicia y una vida libre de violencias desde lo digital, hasta el momento que podamos salir nuevamente a las calles. 

Pero lo más importante que la Primavera Violeta nos dejó, fue la valiosa lección de que la lucha feminista no está basada en un día de protesta como lo fue el #24A, sino que la incidencia real está marcada por una lucha constante ante todos los casos de violencias de género y que cada hashtag feminista representa una experiencia compartida que anima a más mujeres a hablar, denunciar y accionar desde la premisa “lo personal es político”. 

Stephanie Morón Terrazas, investigadora boliviana sobre movimientos tecnopolíticos y redes sociales. Licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad Católica Boliviana “San Pablo”, Maestra en Comunicación por la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. 

Twitter: @stephsmt