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Mary intentaba comenzar de cero; alud la mata a ella y a sus 3 hijos en Chiapas

Debajo de un colchón quedaron los cadáveres de la mujer y sus tres hijos en Viva Cárdenas, municipio de San Fernando, Chiapas

  • CHRISTIAN GONZÁLEZ/CORRESPONSAL
  • 06/07/2021
  • 16:32 hrs
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Mary intentaba comenzar de cero; alud la mata a ella y a sus 3 hijos en Chiapas
Debajo de un colchón quedaron los cadáveres de la mujer y sus tres hijos en Viva Cárdenas, municipio de San Fernando, Chiapas. Fotos Christian González

TUXTLA GUTIÉRREZ.- “¿En dónde es que estaban los cuerpos, pues?”, pregunta un ejidatario a un grupo de pobladores que ayudan a retirar los escombros, luego de que una barda se desplomara este lunes, y que un alud de lodo y tierra acabara con la vida de una familia en el barrio San Miguel, de la comunidad Viva Cárdenas, municipio de San Fernando, Chiapas.

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“¡Debajo de ahí!”, contesta Jacobo Hernández, cuyo dedo índice derecho señala lo que parece un pedazo grande de loza. “En ese colchón”, recuerda, quedaron los tres pequeñitos y su mamá”, dice casi de inmediato.

Viva Cárdenas es un poblado que no rebasa los más de 3 mil 500 habitantes, la mayoría, de escasos recursos. Allí, hace una década, arribó Ernesto Feliciano Pérez y su mujer Mary Hernández (de 25 años de edad), procedentes de la localidad Lázaro Cárdenas, municipio de Chilón, en la región Selva de la entidad, para comenzar de nuevo, desde abajo.

Este lunes, en medio de una pertinaz lluvia, cerca de 300 ejidatarios se sumaron a los trabajos para hallar los cuerpos. “Nunca había ocurrido algo así”, se lamentan.

Según las familias, a él lo contrataban para hacer algunas labores, principalmente aquellas relacionadas a las actividades del campo. “Con dinero del mismo ejido se le pagaba su sueldito”, cuenta Jesús Solís Gutiérrez, comisariado ejidal, quien agrega que se trataba de una familia pacífica y trabajadora, que no se metía con nadie.

 

Casi a la 1 de la tarde de este martes, en la Casa de la Cultura del ejido, cientos de personas abrazaban a Ernesto Feliciano, quien a su vez agradecía el respaldo de todos. Alza los brazos en señal de gratitud y, como puede, contiene las lágrimas; está quebrado, pero el aliento de los ejidatarios le da fuerzas para seguir.

Su esposa e hijos serán llevados a la tierra de donde vinieron: Lázaro Cárdenas, en Chilón. Mientras tanto, su abuela se debate entre la vida y la muerte en el Hospital General “Dr. Gilberto Gómez Maza”, de Tuxtla Gutiérrez.

Jacobo cuenta que Lauriana, de 51 años, alcanzó a rescatar a una bebé de un año, pero ya le había caído un block en la cabeza, y eso fue lo que la dejó grave. “Todavía la colocamos en una silla, y de ahí se la llevaron”, agrega.

La madre de Feliciano, según la Secretaría de Salud, presenta contusiones múltiples y probable lesión de cadera por traumatismo contuso. También aparece otro joven, de 13 años, delicado de salud, y el menor que Feliciano rescató, quien está en perfectas condiciones.

Lo que ahora se requiere, confiesa por su parte el comisariado ejidal, es el apoyo de todos, pero más del gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón Cadenas, pues advierte que el pago de los ataúdes y el traslado salió de “una vaquita” que hicieron entre todos.

EL ACCIDENTE SE PUDO EVITAR

En la zona de la tragedia, de cuyo suelo lodoso “flotan” peluches, zapatitos, ropa, entre otros artículos que pertenecían a los difuntos, reina el silencio. Don Jacobo se da tiempo para ahondar más en este hecho que, para él, se pudo evitar.

Uno de los principales culpables de estas muertes, puntualiza, es Bernardo Fonseca, dueño de una hectárea de ese ejido, pero que desde hace un tiempo huyó porque amenazó de muerte, con pistola en mano, al excomisariado ejidal y, como lo denunciaron ante la Fiscalía General del Estado, mejor se fue para librar su detención.

 

“Le pedimos que cumpliera con lo acordado, es decir, tenía que construir un muro de concreto precisamente donde se desplomó la barda que mató a la señora y los niños; como no cumplía, el ejido acordó no autorizarle nada, no firmarle nada ¡y ahora mire usted!”, detalla el hombre de sombrero, antes de comenzar a levantar unas láminas que yacen en el lugar, ésas que hacían las veces de techo de la vivienda casi sepultada por el lodo y una barda.

Mientras tanto, la voz de una mujer se escucha en una bocina que utilizan en el poblado para los anuncios de todo tipo: “Los que hayan prestado picos, palas, ollas, pueden pasar a traerlas a la Casa de la Cultura”, en referencia a quienes se solidarizaron con el rescate de los cadáveres y demás apoyos durante un efímero funeral en ese espacio que, al parecer, servirá para albergar a Feliciano y a su padre, mientras levantan de nuevo su hogar.

La carroza está a punto de partir hacia Chilón, Ernesto Feliciano es abrazado por la gente, algunos lloran, le hablan, lo animan. “Nunca pensé que fuera a pasar esto, pero gracias a la colonia Viva Cárdenas es como una familia que tengo acá, me han echado la mano…”.

Jesús Solís, el comisariado ejidal, está seguro que el gobierno tiene que voltear a ver a San Fernando, al ejido Viva Cárdenas: “Chiapas no solo es la Sierra o los Altos, está nuestro pueblo, está este ejido que necesita apoyo, donde vive gente pobre, muy pobre como Feliciano”, dice.

 

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