El Cártel de San Juan Chamula extiende y diversifica su poderío en Chiapas

El Cártel de San Juan Chamula extiende y diversifica su poderío en Chiapas

Una década después de la irrupción de Los Zetas a Chiapas surgió en el estado un grupo criminal que lo ha ido desplazando: el Cártel San Juan Chamula (CSJC)

ESTADOS
  • CHRISTIAN GONZÁLEZ/CORRESPONSAL
  • 25/08/2021
  • 08:55 p.m. hrs
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TUXTLA GUTIÉRREZ.- A principios del año 2000, el cártel de Los Zetas se posicionó en territorio chiapaneco; la violencia con la que irrumpieron sus integrantes amedrentó y doblegó tanto a ciudadanos como a autoridades municipales y estatales pero en el municipio indígena de San Juan Chamula, aprendieron a no temerles y sus habitantes comenzaron a imitar sus delitos.

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Así, una década después del arribo de los Zetas a la entidad chiapaneca, en los Altos de Chiapas surgió el Cártel San Juan Chamula (CSJC), que en la actualidad controla gran parte de la producción y distribución de estupefacientes, robo de vehículos y autopartes; el tráfico de humanos, armas, combustible y madera, así como la venta de material de la denominada “etno-pornografía”.

De acuerdo con activistas e investigadores locales en materia de narcotráfico, la nueva célula delictiva que surgió en la región tsotsil chamula ha extendido sus tentáculos en una franja que atraviesa la frontera con Guatemala, sube hacia Comitán, penetra en la Selva, se dirige hacia Los Altos y termina en sitios estratégicos como: San Andrés Larráinzar, Chenalhó, Pantelhó, Mitontic, Jitotol y Pueblo Nuevo Solistahuacán, pues estos municipios son atajos que desembocan en el Golfo de México, a donde llega toda la mercancía ilícita.

De igual manera, como en su momento los hicieron Los Zetas, el CSJC –cuyo líder es conocido solo con el seudónimo de “El Caracol”- se reforzó y optó por “injertar” células del narco en todos esos lugares, como el caso de “Los Herrera” en el municipio indígena de Pantelhó, una arteria importante en términos estratégicos.

ASÍ CORROMPIERON SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS

Con la irrupción del Cártel San Juan Chamula a San Cristóbal de Las Casas este Pueblo Mágico se convirtió en la segunda ciudad turística del país, después de Cancún, Quintana Roo, con mayor narcomenudeo.

A la par surgieron “Los Motonetos”, sicarios que se dedican al asalto a mano armada, ataques sexuales, extorsión o hasta las ejecuciones a cualquier hora del día (la última de ellas la del fiscal indígena, Gregorio Pérez).

Asimismo, a los diferentes mercados públicos de esa Mágica Ciudad sancristobalense “aterrizan” los discos compactos de filmes caseros con mujeres indígenas teniendo relaciones sexuales; por lo regular, ellas son grabadas sin su consentimiento, como en hostales o en otros espacios públicos.

Este clima de hostilidad ha provocado que todas las denominaciones religiosas que convergen en esta región, desde cristianos evangélicos, musulmanes hasta católicos, se unieran e hicieran un solo frente.

Esdras Alonso González, líder de la iglesia evangélica “Alas de Águila, Ejército de Dios”, en la región de Los Altos descarta que se viva en un “narco-estado”, pero refiere que las autoridades, a pesar de saber de la violencia generada por los grupos delincuenciales, han hecho poco o nada para contrarrestarla.

GÉNESIS DE LAS MAFIAS

Para Gerardo Alberto González Figueroa, académico investigador del Departamento de Salud de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), con sede en San Cristóbal, la entidad chiapaneca se convirtió, desde hace como 4 ó 5 décadas, no solo en un lugar de paso de la cocaína que llegaba desde Sudamérica, sino en una tierra fértil para que capos de gran peso hicieran de las suyas, como Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, o Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo” Guzmán.

A principios de los años 70’s, en Chiapas, se empezó a cultivar la mariguana y luego un poco de amapola, lo que se distribuía de una forma peculiar en la región Sur-Sureste.

No obstante, a partir del Siglo XXI, dos cárteles, pero en especial Los Zetas, marcaron la ruta de control desde la región Altos de esta entidad hacia el Golfo de México. Mientras que el Cártel del Pacífico se apoderó de todo el litoral chiapaneco que conectaba con el Océano Pacífico.

Otro fenómeno que se registró con esas células delictivas, rememora González, es la utilización de migrantes como “burros” para que trasladaran la droga y, por ende, también fluyera con más potencia el paramilitarismo, el tráfico de armas y la trata de personas.

POLÍTICOS ENLODAN EL AMBIENTE

Sin embargo, esa hegemonía sobre el territorio chiapaneco tenía que afianzarse mediante un pacto con las autoridades. Al respecto, el investigador advierte que, sin duda, quien encabezó el mismo fue el exgobernador de Chiapas y hoy cónsul de Orlando, Florida, Estados Unidos, Juan José Sabines Guerrero.

“Se dio una paz ficticia, y pues circulaba la droga sin problemas, con algunas escaramuzas, porque había secuestros, y detrás de éstos estaban Los Zetas u otros grupos delincuenciales”.

También brotan otros nombres responsables de fortalecer la “narcocultura” en este estado del sureste del país, durante el sexenio pasado que encabezó Manuel Velasco Coello del Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

“Se sospecha que, de alguna manera, (ERA) tiene gente que, si no son narcos, le permiten hacer cosas; y sabemos que, desde hace muchos años, quiere gobernar Chiapas, y en la búsqueda de ese poder, es capaz de todo”.

Pero mientras Los Zetas y los del Cártel del Pacífico se enquistaban en la región, quienes aprendían el negocio turbio, desde la pornografía indígena, hasta el tráfico de armas, personas y drogas, eran los pobladores de San Juan Chamula.

“Y así tomaron fuerza, y mediante amenazas, muertes y secuestros, llegaron a la política, a los ayuntamientos como el de Pantelhó, municipio ‘clave’ porque por acá pasa de todo, incluso estamos seguros que, por este lugar o por esta zona, pasaron la mayor parte de los más de 70 migrantes que hace unos años fueron hallados muertos en una fosa en San Fernando, Tamaulipas”, intuye.

En sí, ante el “taponamiento” en San Juan Chamula y San Andrés Larráinzar, Pantelhó se transformó en una ruta natural del “narco” y adquirió, de esa manera, visibilidad por una cuestión no fortuita.

DEL EZLN A LOS AUTODEFENSAS

Antes y años después del levantamiento armado (1994), el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) mantenía un control de su zona de influencia: desde la Selva hasta Los Altos, pero desde la perspectiva político-militar.

Cuando viró casi al 100 por ciento hacia la parte política y abandona las armas, hubo una pérdida de territorio. “Ellos eran un control de muchas cosas negativas, como frenar la comercialización de drogas y alcohol”, especifica González, quien de hecho destaca los principios éticos de esa agrupación, como el que su armamento no proviniera del crimen organizado.

Entrevistado por aparte, Diego Cadenas Gordillo, defensor de derechos humanos, acepta que, a pesar de que las causas entre ambas etapas son distintas, no duda en que una haya influido en la otra.

Es decir, explica que el levantamiento armado zapatista es un movimiento insurgente que le declaró la guerra el Ejército Mexicano, en un contexto de la entrada de la globalización y de condiciones de pobreza, marginalidad y abusos de los caciques.

“Vamos a decir que en esos años estaban las condiciones dadas para ese foco guerrillero en nuestra entidad”, recalca el director del Centro de Derechos Humanos “Ku´untik”.

Comparado con lo que sucedió en Pantelhó en este año, advierte que sin duda es parte de la desesperación de las familias ante el acecho del crimen organizado. “Los que eran propensos a ser agredidos, o que fueron agredidos, decidieron organizarse, y para ello se basaron en ciertas tácticas usadas por grupos guerrilleros; porque no es un grupo de autodefensas que surgió de un día para otro, sino que tuvo un proceso de formación, pero es válido, porque están con la incertidumbre”, ejemplifica.

Aunque en varias regiones de Chiapas, desde hace tiempo, se han registrado amagues del levantamiento de grupos de autodefensas, como en Venustiano Carranza u Oxchuc, sin duda lo que ocurrió hace algunos meses con “El Machete”, de Pantelhó, fue el parteaguas en este tópico.

“Pero esto ocurre cuando se tienen bloqueados o cerrados los accesos a la justicia; aunque esto, para mí, no es una salida democrática, y podemos ver, por desgracia, la ausencia de las instituciones estatales, de un gobierno tibio como el actual”, puntualiza Gerardo González.

La Silla Rota entrevistó a Carmen (nombre ficticio para evitar represalias), originaria del municipio vecino de Chenalhó, quien externa que la gente de Pantelhó ya estaba cansada de la violencia y de las amenazas, por ello se alzaron en armas.

Asimismo, asevera que habitantes y autoridades de la mayor parte de las 86 comunidades de Pantelhó, al ver que era cada vez más constante el acoso de “Los Herrera” y, sobre todo, de la descomposición social, devolvieron las armas que este mismo grupo del narcotráfico les había otorgado para “defenderse” y ser parte del juego sucio. “De hecho, esas mismas armas ya están en manos de los autodefensas”, ataja.

CÁRTEL JALISCO NUEVA GENERACIÓN, COMPETENCIA DE NARCOS CHAMULAS

Desde hace un año, advierten especialistas, otro cártel que comienza a dar pasos más firmes en tierras chiapanecas es el Jalisco Nueva Generación (CJNG), el cual se convierte en el principal rival los narcotraficantes chamulas.

De hecho, el CJNG es cada vez más incisivo: prueba de ello fue la ejecución del hijo de un importante capo del Cártel de Sinaloa, Gilberto Rivera Amarillas, conocido como “Tío Gil”, ocurrido en julio pasado en la capital Tuxtla Gutiérrez.

“Pero lo que le interesa a este cártel es construirse una narrativa de grupo bueno que saca a los extorsionadores, a los ‘malos’, con un uso de fuerza excesiva, muy violenta”, analiza.

Todo esto también ha contraído, refiere Gerardo Alberto González, que otro ilícito como el robo de combustible se haya fortalecido y, por ende, las disputas y enfrentamientos más recientes, con armas de fuego de grueso calibre, sean más comunes en regiones de Chiapas como: Frontera Comalapa, Frontera Corozal, Marqués de Comillas y La Independencia.

Mientras tanto, los “narco-chamulas” amasan más fortuna y construyen con un estilo peculiar sus ya residencias en las montañas arcillosas. Inclusive, a la vista de elementos castrenses y policías, presumen sus armas largas u ofrecen al mejor postor los vehículos robados, madera ilegal y gasolina producto del “huachicol”.

En ese sentido, Esdras Alonso González, líder religioso, lamenta que, a pesar de que estos problemas están a la vista de todos, nadie los desea frenar. “Es una situación que va en incremento, y cada día es peor”, declara.

esc