El dilema del PRD

 Por: Roberto Rock L.

INFORME CONFIDENCIAL 16/03/2014 06:00 a.m.

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Reportes internos del Partido de la Revolución Democrática alertan sobre desprendimientos importantes si el relevo de su dirigencia, que ocupa actualmente Jesús Zambrano, se resolviera hoy en beneficio de Carlos Navarrete, lo que representaría un tercer periodo bajo control de la misma corriente, Nueva Izquierda –“Los Chuchos”.
De acuerdo con estos informes, Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador que se halla por obtener su registro legal, provocaría al PRD una sangría de militantes y cuadros dirigentes mayor a la prevista, gracias a supuestas o reales evidencias de que la llegada de Navarrete a la presidencia del partido se traducirá en un cerrojazo a las aspiraciones de otras corrientes,  en vísperas de un intenso año electoral.
Fuentes consultadas a este respecto revelaron que el debilitamiento del PRD en este escenario sería más agudo en la capital del país,  donde un segmento aún no cuantificado se sumaría a Morena y catalizaría otros problemas que hacen temer al perredismo derrotas durante los comicios de 2015 en al menos la mitad de las 16 delegaciones en la ciudad de México, posiciones clave en la Asamblea Legislativa  y en diputaciones federales.
Con este registro en mente,  un bloque hacia el interior del PRD, que tiene como eje a Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del Distrito Federal, ha hecho resurgir la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas para encabezar al partido del sol azteca, con la posibilidad de que Navarrete sea designado secretario general y buscar así un modelo de equilibrio.
Este es el telón de fondo de diversos episodios en la política perredista en la ciudad de México, lo que incluye la cada vez más ríspida relación entre el jefe de Gobierno de la capital, Miguel Ángel Mancera, y su antecesor, Marcelo Ebrard, exhibida en la crisis por la paralización de la Línea 12 del Metro.
Ebrard aparece en medio de escándalos en cada oportunidad en que ha declarado su interés por dirigir al PRD. En charlas privadas, él se dice perseguido por el equipo de Mancera, lo mismo que personajes de su círculo de influencia, entre ellos algunos jefes delegacionales y funcionarios de la actual administración capitalina. En la jefatura de Gobierno se alega como motivo del distanciamiento la existencia de negocios cuestionables alentados por Ebrard.
Ante este panorama, el primer círculo de Mancera es consciente de que su grupo de aliados se ha ido adelgazando, lo que puede debilitar la gobernabilidad de la ciudad después del 2015, lo mismo que al propio Mancera, considerado un precandidato natural de la izquierda para las presidenciales de 2018.  Esto habría  llevado a estrategas manceristas a establecer una comunicación con Morena que podría derivar, según las fuentes consultadas, en pactos para que la causa de López Obrador conquiste el próximo año posiciones importantes en delegaciones capitalinas y diputaciones locales y federales.
Pero en este día la atención parece concentrada en el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, considerado en amplios sectores del país como un símbolo de la izquierda sensata.
Cárdenas Solórzano, que este año cumplirá 80 de edad, fue fundador del PRD tras su candidatura presidencial en 1988 que marcó una ruptura en el sistema político mexicano, dominado durante siete décadas por el PRI, y abrió las puertas a una serie de cambios graduales que ahora configuran una democracia en proceso de consolidación.
A su estilo, el ex gobernador de Michoacán ejerció una influencia absoluta sobre la marcha del partido por al menos la primera década de su vida institucional, periodo en el que fue el primer jefe de Gobierno del DF electo (1997) y dos veces más candidato presidencial (1994 y 2000). Tras permanecer durante los años recientes virtualmente retirado de la política activa, reapareció encabezando el debate opositor a la reforma energética del gobierno Peña Nieto.
La corriente Nueva Izquierda –“Los Chuchos”-  ha ofrecido a Cárdenas el apoyo necesario para conducir en todo el país, bajo la consulta popular sobre la reforma energética, que de llegar a celebrarse, sería percibida como un referéndum sobre el conjunto de la labor de la presente administración federal.
El actual presidente del PRD, Jesús Zambrano, termina su encomienda en agosto próximo, casi en la víspera de que  legalmente se declare el inicio del año electoral que en 2015 incluirá comicios en 15 estados del país, en 9 de ellos para gobernador,  más la renovación de la Cámara de Diputados, nuevos alcaldes o similares en múltiples entidades –entre otras, el estado de México y el DF.
La política tiene sus entresijos, y por uno de ellos puede colarse la decisión de que el cambio de dirigente perredista sea pospuesto hasta finales del próximo año, o más allá.
Como sea, tarde o temprano, el tema surgirá. Cárdenas deberá atender entonces un dilema personal que alcanzará al conjunto del partido que él fundó: Atender a aquellos que lo convocan a buscar la presidencia del PRD –lo que lo colocaría en la posibilidad de retomar el poder en un momento políticamente crucial-, o mantener su imagen de líder moral y encauzar su trabajo hacia el activismo en contra de la reforma energética. Ello le evitaría, entre otros riesgos, el peligro de un desgaste tanto interno como externo, pues el próximo dirigente del PRD deberá plantar cara a López Obrador, la principal figura de la  izquierda en los últimos 15 años.
Ya en alguna ocasión el ingeniero Cárdenas enfrentó esa encrucijada sacando a relucir una alternativa: su hijo, Lázaro Cárdenas Batel, profusamente mencionado como posible líder del PRD en otro momento. El también ex gobernador de Michoacán no tuvo entonces siquiera interés para dejar por unos días su residencia en Washington y regresar a México para analizar esta alternativa. 
No se sabe si ahora lo haría, ni si las condiciones del PRD son propicias para considerar al nieto del General como una alternativa viable, tanto como para que el ingeniero Cárdenas eche mano nuevamente de ese as bajo su manga. (Comentarios a robertorock@lasillarota.com).
 

    


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