Acusan impunidad ante desapariciones

El libro “Levantones. Historias reales de desaparecidos y víctimas del narco” revela como la impunidad es el hilo conductor del presente más ominoso del México contemporáneo

28/03/2013 06:18 a.m.

Acusan impunidad ante desapariciones
Escribe el periodista sinaloense Javier Valdez: “Rocío a veces dice ‘es’. En otras usa el ‘era’. Vivo o muerto. Es la encrucijada al hablar de Daniel Zavala, su esposo. También se le pregunta usando ambos tiempos del verbo ser y el reportero se disculpa. Ella contesta que no hay problema, porque tiene esperanza de que él esté con vida”.
 
“A dos años de la desaparición de él, Rocío, como llamaremos a esta joven culichi con residencia en Estados Unidos, se tropieza: sus recuerdos hacen que diga ‘mi esposo era… es’, y viceversa. Son las ganas, los deseos, las estrellas que apedrea pero que nunca caen, ese corazón terco y galopante que insistentemente se desconecta del cerebro. Distancia entre el deseo, la ilusión y la razón. Ambos, corazón y cerebro, en su cuerpo, su vida, la de sus hijos, parecen no dirigirse la palabra: silencios oscuros, hoyos negros, pleito cavernario, cortos circuitos entre el deseo de encontrarlo vivo y la idea, dolorosa pero real, posible, de que ya esté muerto.”
 
“Así se mueve su vida, ella. Sus idas, llamadas telefónicas, a la fiscalía. El cobijo amoroso que les da a sus hijos. Su trabajo, sus gestiones y cabildeos y entrevistas. Su lucha: está, estuvo, es, era.”
 
La huella fantasma de la barbarie
 
Javier Valdez es un reportero sinaloense, corresponsal en Culiacán del diario capitalino La Jornada y uno de los fundadores del semanario local Río Doce, que tuvo un día una serie de cuestionamientos sobre qué es lo que estaba pasando, más allá de la fría estadística del conteo de muertos y de declaraciones oficiales sobre la llamada guerra contra el narco. Las interrogantes surgieron no sólo como una cuestión de conciencia, sino por una razón de humanidad, del sentido humano detrás de los números.
 
Colocó su mirada desde hace algunos años en el tema de las desapariciones, de los llamados de manera eufemística “levantones”, y propuso a su editorial un libro sobre el tema, pues consideró que había un lado de estas historias, de estas tragedias, que no se había contado. Siguió el tono de sus cinco anteriores obras y retomó la perspectiva humana; buscó ir más allá del conteo de los muertos, del conteo de los casquillos de los operativos “exitosos” –entre comillas– del gobierno. “Creí que era importante contar la desolación, la triste realidad a la que se enfrentan miles de familiares de desaparecidos en este país, cuya autoridad sólo busca muertos, no investiga; se ha dedicado a eso, a buscar cadáveres, sin que esto implique el castigo de los responsables”.
 
En “Levantones. Historias reales de desaparecidos y víctimas del narco”, obra que ya se encuentra en librerías, reúne 33 relatos de desapariciones forzadas, en su mayoría donde la línea que las une es la participación de personajes del gobierno, tanto personal del Ejército, como de la policías, y la impunidad que envuelve cada uno de los casos. Aquí se consigna, con antelación a cualquier informe, cómo se dio el crecimiento por demás escandaloso en la incidencia de este fenómeno.
 
Desde su perspectiva, desaparecer en el contexto del auge de la barbarie y la impunidad que priva en el país se ha convertido en la peor de las muertes. “Desaparecer en nuestro país es morir muchas veces, es morir de manera interminable, es multiplicar hasta el infinito el sufrimiento, el terror, la desolación, la desesperanza, de buscar el cadáver de una persona que seguramente no va a ser encontrada y enfrentarse a la frialdad que escarcha, la frialdad de las telarañas que padecen sus familiares en las instituciones de gobierno con la actitud impune, indiferente, criminal de parte de los funcionarios”.
 
Un silencio criminal
 
Hay omisiones en la responsabilidad de gobierno que se transforman en avalanchas que desbordan la impunidad. Algo así sucede con las desapariciones forzadas de personas en México, de las cuales el gobierno de Enrique Peña Nieto esbozó en febrero pasado la cifra aproximada de 27 mil casos, herencia de la gestión del panista Felipe Calderón en el gobierno.
 
En el libro, Valdez buscó dejar constancia de la actitud “criminal” que con sus omisiones fomentaron los servidores “públicos” que trabajaron en el gobierno de Calderón. Dice que quiso contar algunos de los casos no sólo porque no se han encontrado a las personas, a sus cuerpos quizá convertidos en cadáveres, sino porque la falta de justicia fortaleció al monstruo que abraza y asfixia la vida pública en México: la impunidad.
 
El autor considera que en la ecuación “simplista” del calderonismo, próxima en afinidad de métodos a un “régimen fascista”, como no había cadáveres la incidencia delictiva iba a la “baja”, así entre comillas, y como no había conteo de muertos tampoco había homicidios, entonces el gobierno tuvo un momento en que llegó a decir que tenía “éxito” en su lucha contra el narcotráfico. 

La realidad ominosa en el caso de las desapariciones forzadas obliga a que cualquier ciudadano se ponga en los zapatos de las víctimas, refiere el autor. La lectura de este trabajo, añade, se recomienda para que la gente tome conciencia, que comparta el dolor que está teniendo, que está sufriendo la familia que tiene a una persona desaparecida. “Que sea consciente de lo que está sufriendo la esposa, el hijo, la madre, el hermano; yo creo que es importante conocer este patio trasero, este apocalipsis, que la gente vuelva a molestarse, a indignarse con este tipo de fenómenos como las desapariciones forzadas”, concluye.




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