Cultura

Inmigrantes mexicanos desembarcan en Cannes

El director Alejandro González Inárritu presentó “Carne y arena”, un espectáculo que sumergirá a los espectadores en el drama de los indocumentados

REDACCIÓN 18/05/2017 10:09 a.m.

Inmigrantes mexicanos desembarcan en CannesTomada de la web; arena, desierto, viento, dolor y miedo, todo ello en un evento que el mexicano calificó de instalación artística y no de película

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El diario El País compartió la experiencia que vivió al lado del director mexicano, Alejandro González Iñárritu, que guardó un espacio para dar voz a quienes habitualmente solo forman parte de estadísticas.

En un hangar en el pequeño aeropuerto de Cannes hoy se estrenará “Carne y arena”, un evento con una instalación en realidad virtual, que sumerge al espectador durante seis minutos y medio en el drama de un grupo de inmigrantes mexicanos y centroamericanos que en mitad del desierto y tras cruzar la frontera son detenidos por una patrulla policial.

A dos días de su estreno mundial realizó una presentación para medios de comunicación donde indicó "empecé a pensar en ella hace cinco años, y a trabajar en su desarrollo hace cuatro, gracias al patrocinio de la Fundación Prada. Pero la tecnología no ha estado a la altura del reto hasta hace muy poco".

No creerás lo que platicaron Aristegui y Paty Chapoy que encendió las redes.

Arena, desierto, viento, dolor y miedo, todo ello en un evento que el mexicano calificó de "instalación artística" y no de película.


Hablé con varios inmigrantes y de sus experiencias en la travesía y de los detalles que me especificaron, escribí, rodé -con la ayuda de Emmanuel Lubezki, mi director de fotografía- y monté esta secuencia. Para cada visitante la experiencia es única, creo que catártica y emotiva.

Mientras el director hablaba mostró un lateral de la enorme caja que contiene “Carne y arena”, esa pared está delimitada con una valla metálica.


Fíjate: la usaron los estadounidenses en la guerra del Vietnam y después en la frontera con mi país. La desmontaron para hacer un muro más grande y nosotros la recogimos.

Se abrió una puerta, de un pequeño habitáculo, decenas de zapatillas desparejadas y desgastadas por la arena rodean al director y al periodista. "Todo visitante se sienta aquí y deja en la taquilla su calzado y sus calcetines. Estos zapatos son reales, tenemos cajas y cajas con ellos recuerdo de toda la gente fallecida en el desierto".

Otra puerta se abrió que marcó el fin del primer acto. Dos operarios esperan en una sala oscura de diez metros de largo, con un suelo de arena de desierto. Del techo sale un cable que acaba en la mochila que portará el visitante. De ella salen los cables que conectan con las gafas Oculus y los auriculares.

Iñárritu espía desde fuera. Comienza la inmersión. Al contrario que los cortos de realidad virtual mostrados en festivales, el espectador no está sentado, sino que puede moverse por la película.

Un grupo de inmigrantes aparece a lo lejos, entre cactus, viento y calor, que llevan tres días con poca agua para atravesar la frontera y se acercan al espectador, de repente surgen un helicóptero y dos todoterrenos policiales.

La tensión estalla, los niños lloran, el visitante toma partido. Hay un momento muy Iñárritu que se relaciona con la espiritualidad habitual. "Eres muy racional", regaña entre risas el cineasta. "¡Repítelo, métete más!". La segunda vez parece completamente distinta. Hay detalles que se aprecian mejor, como el guiño del mexicano a aquellos refugiados que realizan su viaje en barco, o un bebé escondido en el pecho de su padre. El dolor se incrementa, y los vaqueros del periodista se rompen. "Algunos llegan incluso a acabar de rodillas con las manos en la nuca"; cuenta al final Iñárritu. "Hay 14 puntos de vista, más el omnisciente, y aun así al final tienes que elegir".

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Ya en la tercera sala aparecen los retratos y un pequeño resumen de la vida de los inmigrantes que participaron en construir Carne y arena.

Tras terminar la aventura Iñárritu contó que "necesitaba hacer algo que fuera acorde con lo vivido con ellos, que su realidad fuera relevante. Y que, a pesar de todo el aparataje, en la pieza la humanidad eclipsara la tecnología. Hoy, toda realidad es tergiversada, hablamos de inmigrantes cuando son refugiados. Como no quería cerrar mi visión, el momento onírico recuerda que para unos hay océanos y para otros, desiertos".


La inmigración la llevo dentro, yo mismo lo soy. Ya en Babel y, en menor grado, en Biutiful, traté el tema. Pero quería ir más allá, recordar que esta gente no es una amenaza, sino una oportunidad. Para México, son la segunda fuerza económica, tras los ingresos que genera el petróleo.

Para finalizar el director dijo que “Carne y arena” no nació contra Donald Trump.

"En tu país hay ocho personas que poseen ella solas el 50% de la riqueza de la nación, ¿y te volteas contra los más pobres? Trump no es el único, estamos en manos de políticos que usan el odio para atenazar emocionalmente a sus votantes".

Con información de El País.

auc




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