ESPECIALES LSR

Jacqueline murió tras un año de luchar por ataque feminicidia en Veracruz

Jacqueline murió este domingo 2 de julio tras sobrevivir a un intento de feminicidio que la dejó postrada en cama y con dolores por más de un año

Feminicidio de Jacqueline en Veracruz.
Escrito en VERACRUZ el

VERACRUZ, VER.- Los gritos de dolor de Jacqueline Samara Aragón se escuchaban a lo largo de la calle Punta del Este, en la colonia Astilleros de la zona norte de la ciudad de Veracruz. La mujer de 33 años pasó los últimos 13 meses de su vida en agonía, con llagas en su cuerpo que no la dejaban dormir y postrada en cama sin poder moverse, luego de sobrevivir a un intento de feminicidio.

Este domingo 2 de julio murió tras luchar por más de un año con las secuelas que le dejó el ataque armado que sufrió por parte de su expareja, Ramón N., quien la interceptó mientras se dirigía a su trabajo afuera de la casa de sus padres, durante la mañana del 29 de mayo del 2022.  

“¡Ya te cargó la chingada!", fue lo que le gritó Ramón antes de sacar un arma y dispararle en el costado derecho. La bala perforó el cuerpo de Jacqueline, entró en sus costillas, rozó su riñón, perforó hígado, la vesícula y siguió su trayectoria hasta llegar a la lumbar 2 de la columna vertebral. Lo que le causó daños permanentes en la medula espinal y el hueso sacro.

Los doctores no pudieron sacarle la bala, solo le hicieron una cirugía para descomprimir la columna vertebral. Al salir del hospital la desahuciaron y ese ataque la condenó a vivir sus últimos días con dolores insoportables que los medicamentos no podían controlar. La agonía y el sufrimiento la llevaron a 3 intentos de suicidio.

MIRA EL TESTIMONIO DE LA FAMILIA DE JACQUELINE.

Durante el año que la joven madre sufrió el intento de feminicidio en Veracruz se registraron 11, 747 denuncias por violencia familiar, 1,686 por violencia de género en todas sus modalidades y 67 feminicidios, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

En lo que va del año de enero a mayo se registraron 5,312 denuncias por violencia familiar, 899 por violencia de género en todas sus modalidades y 28 feminicidios.

Una bala que destruyó a su familia

Pero aquel ataque no solo destruyó la vida de Jacqui, sino la de su familia completa y dejó en la orfandad a 3 menores de edad. Sus padres, Gerardo Contreras y Patricia Aragón, tuvieron que endeudarse, vender sus cosas y hasta exponer su salud por cuidar a su hija.

Al ver el sufrimiento de su hija intentaron de todo; la llevaron con especialistas de la Ciudad de México, buscaron nuevos tratamientos para que el dolor disminuyera y en los últimos días optaron por alguien que pudiera practicar la hipnosis, pero ya no resistió.

“Verla gesticular, verla grita, llorar porque no le podíamos parar el dolor y verla poco a poco irse consumiendo, minando su salud es terrible. Duele más el fallecimiento de una hija que de los padres. Estamos con el dolor moral. Ella pedía literalmente a gritos descansar”, cuenta Gerardo Contreras, su padre.

El matrimonio de la tercera edad narra la historia con un poco más de calma. Aunque el dolor de perder a su hija fue terrible, también estaban conscientes que lo único que pedía Jacqui era poder dejar de sufrir.

Pero la muerte de Jacqui no fue para nada tranquila. En las últimas horas sufrió de sangrados y de dolores que ya no podía demostrar por la debilidad y el desgaste de su cuerpo.

En todos esos 13 meses sus padres estuvieron a su lado. Para pagar los tratamientos se endeudaron con créditos en el banco, todas las deudas ascendieron a los más de 50 mil pesos. Su mamá Patricia Aragón se dedicó a limpiar casas por 300 pesos y así comprar los medicamentos, pues algunos no le proporcionaba el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), mientras que su padre se quedaba a cuidarla.

“Cuando ya no había recursos yo me iba a conseguir dinero para su medicina y aplacarle el dolor. Como padres hicimos lo imposible para disminuir el dolor. Yo trabajo en casa, limpiado. Ese dinerito ayudaba. Hubo un tiempo en que mi esposo se enfermó, entonces yo la cuidaba, me iba a trabajar, regresaba y todo. Sin la mano de Dios no hubiera podido”, agrega la madre.

Sus hijas también sufrieron la usencia de su madre. Después del ataque se fueron a vivir con su papá, el primer esposo de Jacqui, durante todo ese año que estuvo postrada en cama las menores acudían de vez en cuando a visitarla, ya que sus abuelos no querían que la vieran sufrir.

Un caso sin una sentencia

Antes de que Jacqueline sufriera del intento de feminicidio ya había interpuesto un orden de restricción en contra de su expareja Ramón N por la violencia que sufría, pero eso no fue suficiente para que el sujeto la dejara en paz, aseguran sus padres.

Su madre menciona que vio algunos episodios de violencia por parte de Ramón N, quien aseguran la tenía amenazada. Hasta que ella logró salirse de su casa. En el momento del ataque Jacqueline iba a su trabajo, ella era empleada de una farmacia, en ese lugar conoció a su expareja.

“Mi hija era una persona que no se metía con nadie. No le voy a decir que era alegre, porque tenía un carácter muy fuerte, pero en su trabajo era muy buena vendedora. Se esforzaba por ser alegre”, dice Patricia.

Fueron los vecinos que le avisaron a Patricia que a Jacqui le habían disparado. Eran las 6:30 de la mañana cuando la madre salió y vio a su hija tirada en el suelo en un charco de sangre, aun consciente se la llevaron en la ambulancia.

Los padres aseguran que después del ataque Ramon N siguió mandándole mensaje a Jacqui por medio de WhatsApp. Tardaron 2 meses para que el principal sospechoso fuera detenido por las autoridades. Pero antes de eso la familia tuvo que investigar donde trabajaba.

“Yo hice la denuncia oportunamente, ya había la orden de aprehensión. Después de la agresión estuvo 2 meses libre. Desde que ya había salido la orden de aprehensión. Investigó mi esposa y mi hija y nos enteramos que todavía estaba trabajando en el kínder y fueron a hablar con la directora”, agrega el papá.

Los padres admiten que el proceso ante la Fiscalía General del Estado (FGE) es lento, a más de un año el señalado no ha recibido una sentencia y ahora con la muerte de Jacqueline el caso tiene que empezar un nuevo proceso, como lo indica el abogado penalista y director de la Facultad de Derecho de la Universidad Cristóbal Colón, Luis Alberto Martín Capistrán.

“Todos los delitos que son en grado de tentativa, es decir, con la intensión de hacerlo y durante el proceso se consuma el delito, hay que revalorar el tipo penal. Es decir, hay que hacer la reconfiguración para poder vincularlo a proceso por el delito de feminicidio”, explica el abogado.

El especialista indicó que el delito de feminicidio tiene 7 fracciones que describen cuándo hay feminicidio y además se aplican todas las reglas del Código Penal y en este caso de las agravantes del delito. Por lo que de acuerdo con lo que se indique en la agravante el acusado puede alcanzar un total de 70 años de prisión.

Los padres de Jacqui piden a las autoridades justicia y que la persona señalada como principal sospechoso pague con una sentencia justa por haberle arrebatado la vida y la de su familia.

mb