Opinión

Un plan sin plan

Para muchos el Plan Nacional de Desarrollo resultó decepcionante, a grado tal que hubo quien dudó en un primer momento que fuera verídico. | Ricardo de la Peña

  • 06/05/2019
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Aunque quien lo emite supone que será ejemplo a nivel internacional, para muchos el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 resultó decepcionante, a grado tal que hubo quien dudó en un primer momento que fuera verídico. Esto se alimentó en parte por la confusión provocada por un documento formado de dos partes inconexas, que luego se transformó en un plan bueno y un anexo, con distinto estilo y tipografía, lo que sería lo de menos, pero también con diferente lógica y alcance, lo que sí es algo serio.

El plan bueno

El plan como tal resultó ser un discurso político-ideológico al gusto del generador, lleno de frases sin sustento, equívocos históricos, promesas imprecisas o para las cuales no se define una relación con medios que efectivamente lleven a su logro. Es una colección de decires que pueden ser políticamente pertinentes para la lectura de la realidad que ha intentado imponer el gobernante, pero que carecen de la formalidad que permita su seguimiento y la evaluación de su eventual cumplimiento. Estamos de nuevo, como en las conferencias mañaneras, ante un conjunto de afirmaciones indemostrables y tan genéricas que es imposible dibujar a partir de ellas un mapa de ruta cierto que dé sentido a las políticas públicas a lo largo del presente sexenio.

Y lo que es peor: en aquello donde se fijan metas, la imagen idílica que se da es la de un futuro promisorio, donde la emigración se erradica, se logra un elevado crecimiento económico con el que se acaba el desempleo, el subempleo y la informalidad, todos los jóvenes cuentan con acceso a la educación superior y la delincuencia se reduce a la mitad. La isla de la fantasía a la que se llega a través de la receta repetida hasta el cansancio: el combate a la corrupción como hilo conductor de un proyecto que promete que en seis años los gobernados vivirán en un estado de bienestar, en gran medida logrado por la operación de ese paquete de programas sociales de corte asistencial.

El anexo al plan

El ahora llamado anexo es más un plan de gobierno convencional, donde hay una definición de ejes, estrategias, objetivos y metas concretas, al menos en los principales puntos. Sin embargo, estos contenidos están totalmente desapegados del discurso grandilocuente contenido en el plan propiamente dicho.

Y aún en este documento, el técnico —por llamarle de alguna forma que lo identifique— no existe plena claridad en torno a cómo se realizará el crecimiento pretendido por el actual gobierno. No hay una relación clara entre las acciones que se tomarán y los efectos que incentivarán realmente la inversión pública, ni como se generarán las condiciones de confianza para que se active la inversión privada en la medida que se requiere para un despegue real del crecimiento que posibilite llegar a las ambiciosas metas planteadas. Todo pareciera anticipar, entonces, un inevitable divorcio entre el ensueño de lo planeado y una dura realidad por venir.

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