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Tania, una sobreviviente de la violencia de género en Querétaro

Tania fue golpeada en dos ocasiones por su pareja, dejándole una costilla fisurada, la cara desfigurada y moretones en brazos y piernas

  • BRENDA LUGO
  • 04/05/2019
  • 15:14 hrs
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Tania, una sobreviviente de la violencia de género en Querétaro
Jenaro tiene una orden de restricción en su contra, por lo que es investigado por las autoridades (Foto: Especial)

A sus 43 años, recién cumplidos, Tania Saint tiene una medida de protección contra su expareja, el periodista queretano Jenaro Trujillo, cuya orden servirá también para que se comprueben las dos veces que sufrió golpizas e intentos de estrangulamiento, que casi acaban con su vida. 

Tania y Jenaro vivían juntos en la colonia popular Felipe Carrillo Puerto, en la Ciudad de Querétaro, una colonia donde predomina el nivel socioeconómico medio–bajo y donde los índices de delincuencia han ido en aumento.

Tania se mudó al departamento de Jenaro a finales de diciembre del año pasado, con la finalidad de que los gastos se redujeran para ambos. Ella ha mantenido su trabajo como estilista desde hace casi ocho años y sus ingresos han sido estables. Sin embargo, Jenaro, de 38 años, sobrevive con la música que toca en algunos eventos sociales. A pesar de que estudió la carrera de Periodismo en la Universidad Autónoma de Querétaro, donde fue un alumno destacado, dejó de escribir desde 2015, cuando terminó su relación laboral con el portal Libertad de Palabra.

La relación comenzó con una solicitud de amistad en Facebook y con la complicidad de algunos amigos en común, a principios de septiembre de ese mismo año. Tres meses después ya vivían juntos. 

Jenaro tiene dos hijas adolescentes, pero ninguna vive con él. Las niñas quedaron a cargo de los abuelos paternos en el Estado de México cuando rondaban los 12 años de edad. Tania también está sola en Querétaro, pues su familia se encuentra en la Ciudad de México, de donde ella es originaria. 

La soledad no les sentaba bien. Desde el 2010 a Tania le diagnosticaron un Trastorno Límite de Personalidad (TLP), que le provocaba dificultad para regular sus emociones y se caracterizaba por sus relaciones conflictivas. Sin embargo, desde su diagnóstico, ha acudido a terapias con psicólogos y psiquiatras, lo que la ha mantenido estable.

En principio, la enfermedad psiquiátrica de Tania no significaba ningún problema para Jenaro. Al contrario, él buscaba ayudarla a superar los conflictos, por los que Tania pasaba o, al menos, esas eran sus intenciones. 

La relación marchaba con altos y bajos. En los altos, la pareja se amaba, en los bajos, predominaban los insultos, las amenazas y hasta las agresiones físicas.

Bastaba un mínimo enojo para odiar, clavar dedos en los ojos, para humillar al otro y hasta para amenazar de complicidad por homicidio. Desde que vivían juntos, las agresiones psicológicas y verbales corrían en ambos sentidos, sin embargo, no se compararía con las veces en las que Tania estuvo a punto de morir estrangulada.

La orden de restricción contra Jenaro se abrió el 19 de abril en la Fiscalía del Estado, donde Tania relata la tortura y los golpes que estuvieron a punto de matarla en dos ocasiones; la primera, el pasado 2 de abril, donde la golpiza fue tan fuerte que Tania terminó con el rostro desfigurado y los dientes lastimados.

“LA SATISFACCIÓN DE DECIDIR SI UNA PERSONA MUERE O VIVE” 

Eran días previos a las vacaciones de Semana Santa. Tania regresó a casa de Jenaro luego de una rutina en la estética. 

En realidad no había un tema de discusión o, más bien, cualquier tema era motivo. 

Se encontraban ambos en ese pequeño departamento donde la mayoría de los gastos corrían a cargo de ella. Aunque él insistiera en que la música le daba para mantenerse de manera sencilla.

No había razón de enojo. Quizá Tania se vio molesta por los comentarios que Jenaro le hacía a su expareja a través de Facebook. O quizá eran los celos incontrolables de Jenaro. No importaba, pero esa tarde comenzaron los forcejeos y las patadas. Tania subestimó las agresiones, hasta que ella terminó en el piso. Jenaro, sin ningún control, la abofeteó, le escupió y la insultó. Repitió esa secuencia una y otra vez. 

Jenaro sólo detenía los golpes para insultarla. 

Tania, tirada en el piso, no vio otra opción más que esperar a que el cansancio de Jenaro consumiera las ganas de seguirle pegando. Y así fue, después de media hora de insultos y golpes, él se cansó. Paró los golpes y la abrazó para luego dormir juntos como lo hacían la mayoría de las noches que pasaban en la habitación.

Tania estaba en shock. Estaba cansada y callada. No había opción, no tenía a dónde ir. 

La sorpresa a la mañana siguiente se la llevó Jenaro, al ver a Tania golpeada se asombró. “¿Qué te pasó?” Preguntaba él, como si el de la noche anterior hubiera sido otra persona diferente. “Yo no te dejé así, Tania”, insistía. 

Ella, sintiéndose conocedora del Trastorno Límite de Personalidad, afirmaba que Jenaro padece de los mismos problemas psicológicos, por eso, anteriormente, aceptó pagarle consultas con un psiquiatra, mismas que Jenaro confirmó seguía tomando como parte de su tratamiento. 

Esa noche fue la primera vez que Tania se sintió cerca de la muerte en manos de Jenaro. Él mismo se lo hizo saber: “Tú no entiendes la satisfacción de poder decidir si una persona vive o muere”, le dijo esa noche mientras sus manos rodeaban su cuello. 

A partir de ese día, Tania pasó seis días en el departamento incomunicada, no tenía celular y se encontraba encerrada bajo llave, pero su voluntad tampoco era salir del lugar. El amor por Jenaro era más grande. Buscaba permanecer ahí, a pesar de que en varias ocasiones fue Jenaro quien le pidió tomar sus cosas y salir de la casa.

Durante los días que Tania estuvo aislada e incomunicada en aquel departamento, sólo tuvo la oportunidad de comunicarse –bajo la vigilancia de Jenaro- con su jefa de la estética, Fernanda, a quien le explicó que no podría ir a trabajar ya que había tenido un accidente.

Fernanda fue la persona que recibió las fotos que Tania pudo tomarse cuando estaba golpeada en la casa de Jenaro. 

El trastorno de Tania también la hacía sentir culpable por las agresiones que Jenaro le causaba. Ella sentía que lo había provocado. 

En un ir y venir de mensajes, amenazas, discusiones y desgastes emocionales, para Jenaro también se volvía insoportable la relación. Se sentía humillado e intimidado. Sin embargo, los planes de una boda continuaban. 

Los días transcurrieron. Tania regresó al trabajo el 8 de abril. Intentó rehacer su vida laboral, así como su vida sentimental con Jenaro, pues ella estaba segura que la estabilidad emocional de él podía regresar. 

Al pasar de los días, las peleas no disminuyeron y los mensajes de insultos eran más constantes. Tania sentía miedo de regresar cada noche a la casa. Se sentía insegura. Pero la relación no se terminó.

Tania amaba a Jenaro y Jenaro a ella. Las cosas parecían tener solución. Sin embargo, no fue así. Llegó la segunda advertencia de un homicidio. 

“DISFRUTE CADA PINCHE MADRAZO QUE TE DI”

“Temo por mi integridad física”, dice el escrito en la pared de la casa de Jenaro con una tinta roja y firmada con el nombre de Tania Saint.

Las paredes rayadas continúan, a casi 20 días de la segunda vez en que, según el expediente, Jenaro atacó a Tania. 

De nueva cuenta, como ya era costumbre, los motivos para pelear sobraban.

Era 18 de abril, esta vez no fue diferente que la vez anterior, sus amenazas de matarla se reflejaban cuando sus manos rodeaban su cuello al momento de asfixiarla. 

A Tania ya no le llegaba el oxígeno como debía. La tiró al piso y la pateó. Luego le recordó quién era, quién decidía sobre su vida o su muerte.

Tania ya no podía respirar, tosía al mismo tiempo que intentaba cubrirse los golpes que venían más adelante. 

Se hizo bolita, se cubrió la cara y tomó una posición que dio pie a que Jenaro le pateara las piernas y la espalda. Otra vez fue el cansancio lo que hizo que dejara de golpearla. No sin antes darle dos patadas en la cabeza, las que lastimaron uno de sus oídos. Sus brazos y piernas quedaron marcados con moretones.

Tania no podía moverse, estaba mareada. Denúnciame, le dijo Jenaro. “Va a valer la pena la denuncia porque no sabes cómo disfruté cada madrazo que te di”.

Esa noche Tania la pasó encerrada en la casa. Al día siguiente Jenaro la corrió, la sacó junto con sus cosas y la despojó de su salario.

Al día siguiente el valor y el cansancio de la situación llevó a Tania hasta la Fiscalía General de Justicia del Estado de Querétaro. En sus planes no estaba morir, sino que se hiciera justicia por las agresiones y amenazas que recibía de Jenaro. 

A los pocos días, Tania regresó al departamento por sus cosas acompañada de oficiales. Y en ese momento, sin mostrarle un papel, le notificó a Jenaro sobre la orden de restricción que tenía en su contra.

La rabia de Tania es incontrolable. El llanto es constante cada que recuerda lo ocurrido. Las negaciones de Jenaro sobre lo sucedido la llevan a la desesperación porque se haga justicia. Y aunque la orden de restricción únicamente tendrá vigencia por 30 días, sus intenciones no cambian. Se hará justica.

Por su parte, Jenaro aún tiene duda sobre la denuncia de Tania y mantiene su postura de contradecir los hechos. 

La orden de restricción deberá ser suficiente mientras se hacen las investigaciones correspondientes, pues Tania está consciente que no será otro número parecido a la cifra de los siete feminicidios que ocurrieron en 2018 en Querétaro

bl