ESTADOS

"No hay qué hacer, más que esperar la muerte", los pueblos fantasmas de NL

Habitantes de al menos 19 municipios han migrado a EU por falta de trabajo y por la violencia e inseguridad que se vive en la región

  • DAVID CASAS/ CORRESPONSAL
  • 24/04/2018
  • 00:00 hrs
  • Escuchar
No hay qué hacer, más que esperar la muerte, los pueblos fantasmas de NL
"No hay qué hacer, más que esperar la muerte", los pueblos fantasma de NL. (Especial)

Monterrey, N L (La Silla Rota) -  “No, los pueblos están solos, ya nadie quiere estar allá, no hay trabajo, no llueve para la siembra, todos se fueron a Estados Unidos a trabajar y agréguele las balaceras de los narcos”, explica Norberto Elizondo, vecino del municipio de Los Ramones.

La leyenda del hombre pájaro en Nuevo León ¿Se hizo realidad?

Don Norberto de 80 años de edad viaja en autobús los 80 kilómetros que separan ese municipio para llegar a Monterrey con cierta periodicidad para estar en casa de una hija porque “allá está muerto, no hay nada que hacer nomás esperar sentado la muerte”.

Hacia el rumbo de Los Ramones, al oriente,  en el municipio de Treviño, en la frontera con Tamaulipas, Ramiro tiene una extensa propiedad pero “no la trabajamos en la familia, no se da nada y luego la inseguridad, mejor me vine a Monterrey a buscar jale”.

Rechaza dar su apellido  por temor, “no me vayan a caer los malos, los feos, aquí de perdido me tomo mis cheves con libertad y sin miedo más que a los raterillos”, añade.

En Nuevo León al menos una veintena de municipios del norte y oriente son prácticamente pueblos fantasmas, están solos, sus habitantes se fueron a Estados Unidos a trabajar en una migración desde los años sesenta al aprovechar la cercanía con el vecino país. “En la Navidad y año nuevo los pueblos cobran vida, llegan los pasaporteados, vienen con sus camionetas, sus dólares, hay dinero, luego se van de nuevo”, recuerda Jacinto González, del municipio de Doctor Coss.

“Ya no hay jóvenes, solamente quedamos los viejos, los muchachos apenas crecen y se van a Monterrey o Estados Unidos”, añade Isabel, prima de Jacinto; ambos oscilan en los setenta años.

Esos pueblos viven de las remesas de los pasaporteados, no hay mayores oportunidades y la falta de infraestructura y desarrollo los obliga a irse y la autoridad no invierte porque hay poca población, recuerda el historiador Óscar Ramírez.

Se trata de municipios como Doctor González, Cerralvo, Treviño, Agualeguas, China, Doctor Coss, Los Herrera, Villaldama, Parás, Los Aldama, Higueras, Marín y Melchor Ocampo.

También  Villaldama, Lampazos, y  Mina, Abasolo, El Carmen, Salinas Victoria, aunque estos últimos cuatro casi han sido absorbidos por la zona conurbada de Monterrey y hoy han crecido en población, pero muchos de sus ancestros emigraron a Estados Unidos.

José Huerta, asesor político quien ha trabajado de cerca en los 51 municipios de Nuevo León, principalmente los de fuera de la zona conurbada recuerda que en esos pueblos fantasmas se presenta el fenómeno de una buena asistencia a las urnas que rebasa el 60 o setenta por ciento cada tres años.

 Y es que, al tratarse de localidades de 1500, 1800, dos mil, tres mil habitantes o cuando mucho diez mil, la principal fuente de empleo es en la burocracia, en las alcaldías y entonces, regresan desde la cercana Texas a votar.

Llegan a votar familias completas de 30 o más miembros que laboran en Detroit, Chicago, Los Angeles. Por supuesto los que están en el Valle de Texas, incluso estos regresan en ocasiones hasta los fines de semana al aprovechar que están a un paso de la frontera”, menciona Huerta.

La anterior situación permite también que los alcaldes ocupen el cargo por dos y hasta cinco ocasiones.

Sin embargo, con la llegada de la  violencia y la inseguridad que se agiganta en la vecina Tamaulipas y que ha permitido el éxodo de los pueblos de esa entidad, el fenómeno también se replica en las comunidades rurales del noreste de Nuevo León.

De acuerdo al Centro de Atención a Migrantes de la entidad los municipios con mayor flujo de personas hacia Estados Unidos son General Treviño, Los Ramones, Anáhuac, Cerralvo, Los Herreras, Sabinas Hidalgo y China.

El fenómeno se agudizó con la violencia y se amplió a otros municipios y si vas por cada calle del centro de China,(a 100 kilómetros al oriente de Monterrey) por ejemplo, se pueden ver innumerables casas abandonadas”, puntualiza el ex alcalde Óscar Cantú Garza.

China, cercana a Reynosa de once mil habitantes perdió 5 mil de 2010 a la fecha a causa de la violencia, según el último censo pues es el epicentro de una región dominada por organizaciones del crimen organizado.

Dice el ex alcalde que en China había hasta un 60% de casas abandonadas y  decenas de ranchos y extensas propiedades agrícolas cuyos dueños se fueron a causa de los secuestros, asesinatos y enfrentamientos, lo que los hace más siniestros y fantasmas.

No hay cifras exactas pues hasta el personal del INEGI tiene miedo recorrer esa zona pero se calcula en esa institución que por lo menos unos 300 mil habitantes se han ido en los últimos veinte años de esa extensa región.

“No sólo en Nuevo León sino en Miguel Alemán y otras poblaciones tamaulipecas fronterizas, apenas dan las seis de la tarde y todos se encierran en casa, porque empiezan a circular los chicos malos y, para que le buscas”, menciona un hombre que pide omitir su nombre, que tiene propiedad en Tamaulipas pero que dice, “a mí no me hacían nada los chicos malos, ya me conocen, les llevo unas botellas de vino, pero cuando andan empastillados y encocados no conocen a nadie, ya le saco ir al rancho”.

Pero lo solitario de los municipios no se debe a la inseguridad, ésta es una causa menor, sino a la migración desde los años sesenta a Estados Unidos, pues no hay infraestructura carretera ni apoyos al campo y por lo tanto se carece de fuentes de empleo, ratifica José Huerta a su vez.

La inseguridad vino muchos años después pero para entonces ya se habían ido los jóvenes y muchos apenas crecen y se van. Los caminos vecinales y amplias brechas  que conectan con el sur de Estados Unidos y Tamaulipas da la oportunidad a los diversos grupos a realizar sus actividades.

Simón Escalante, vecino de Sabinas Hidalgo a 100 kilómetros al norte de Monterrey y cercano a Nuevo Laredo, Tamaulipas recuerda que en esa área que le llaman la Cuenca de Burgos, las empresas que pretendieron perforar en esas propiedades desiertas  tuvieron que enviar gente de Pemex a Monterrey y a ciudades de Estados Unidos para localizar a los dueños y pedirles permisos para explorar sus tierras.

Además de la migración, la ola criminal terminó por expulsar a miles de pobladores de los municipios  de Nuevo León fronterizos así como las pequeñas localidades de Hidalgo, Progreso y Guerrero, de Coahuila que también se ven afectadas.

Las otrora animadas plazas y calles lucen vacías, sólo se reúnen de manera ocasional grupos de personas mayores, los únicos que aún viven en esos pueblos o algún fin de semana cuando regresan los que laboran en el valle de Texas a unos cuantos kilómetros, porque los que están más lejos, sólo retornan  en navidad y año nuevo.

Miguel Cantú, titular de Turismo de Nuevo León confía en la transformación de esa amplia zona donde habitan unos 250 mil habitantes cuando mucho. Tiene proyectos de promover un corredor turístico para gozar de la gastronomía y de los parajes aún verdes.

Para ello, el gobierno estatal anunció inversiones para recomponer los caminos vecinales en tanto la policía estatal apoyada en el Ejército patrulla las municipalidades.

De esta forma, el gobierno inició un programa de rehabilitación de caminos y carreteras con inversión de 700 millones de pesos, de acuerdo al titular de Infraestructura, Humberto Torres Padilla.

La idea es reactivar la zona y que las carreteras interestatales sean el pivote para que haya inversiones diversas y las nuevas generaciones ya no emigren de esos municipios.

 Esta medio cab…., pero hay que empezar por algo, meterle hue…. Y reactivar las localidades fantasmas”, recomienda Imelda Márquez, estudiante universitaria originaria de Miguel Alemán, Tamaulipas, colindante con la frontera neolonesa.

Mis hijos me mandan unos dolaritos, no quieren que vaya al rancho, que no me exponga, no hay necesidad, muchas tierras y casas se apoderaron de ellas los malos, pues a que vamos, nomás a morir, pues no, solo vamos un rato y a veces”, remata Don Norberto Elizondo.

jamp