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La verdad oculta del rescate de Alan Pulido

El delantero de las Chivas, Alan Pulido, estuvo secuestrado durante 20 horas; en Ciudad Victoria, Tamaulipas, Los Zetas realizaron un operativo para plagiarlo

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  • 18/11/2016
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La verdad oculta del rescate de Alan Pulido
La verdad oculta del rescate de Alan Pulido

Testimonios de familias que sufrieron la irrupción del grupo criminal confirmaron que durante la madrugada del 29 de mayo los zetas llegaron a sus domicilios, sacaron con violencia a sus seres queridos y los torturaron.   

 

Las familias coinciden; Buscaban información sobre el paradero de Alan Pulido.    

 

13 familias se vieron en la misma situación, a ellos les fue levantado uno de sus integrantes y le torturaron para que les entregaran lo que supieran de información sobre quien había cometido el secuestro del futbolista.  

 

En alguna etapa de sus vidas, -cuentan las familias- de las personas “levantadas”, aportaron cuotas al cartel para dedicarse por separado a delinquir… Pero aseguran hoy, sus familiares ya se encontraban retirados de las actividades delincuenciales.   

 

Una de esas personas levantadas habría sido Osvaldo Velázquez García, esposo de una de las primas de Alan Pulido. 

 

Una fuente conocedora de este caso, reveló que Velázquez García, en un tiempo formó parte del grupo criminal los zetas, después, delinquió por su cuenta pagando una cuota al cartel para que lo dejaran trabajar en la zona de Victoria y Tampico. 

 

El secuestro del primo de su esposa lo planeaba desde hace mucho tiempo Velázquez García y esperaba el momento justo para ejecutarlo.   

La noche del 28 de Mayo se enteró que Alan estaba en la ciudad y, al vapor, coordinó a un grupo de amigos para que le ayudaran a ejecutar un plan que se había fraguado de -bote pronto- en la casa de un integrante de la banda. 

 

El plan se ejecutaría casi a la perfección pero, había un problema; Alan viajaba con su novia y sabían que a ella no la podían tocar pues tenían conocimiento que además de ser pareja del futbolista, mantenía una relación sentimental con un capo del cartel de Tamaulipas. Por ese motivo la abandonarían en la primera intersección que tuvieran una vez cometido el secuestro, establecieron en su declaración ante la autoridad.

 

Pero Osvaldo Velázquez, nunca imaginó el impacto mediático que se generaría ante la noticia del secuestro de Alan Pulido y, horas después de ver el ruido que provocó en todo el país, pidió auxilio.

 

Lo hizo llamando a un amigo de él para que lo ayudara a esconder al futbolista pero éste se negó. Su banda para ese entonces ya lo había abandonado. Todos habían huido al saberse perseguidos por policías y por el cartel. Solo le seguía siendo fiel Daniel Morales Hernández.

 

Después de irrumpir en varios domicilios buscando información sobre los secuestradores de Alan Pulido, los zetas recibieron una llamada. 

 

Aquel hombre al que Velázquez García le había solicitado ayuda lo delató, pues sabía cómo el operativo Zeta poco a poco se iba aproximando a su domicilio y, prefirió entregar la información que tenía para no ser torturado.   

 

Poca suerte tuvo el delator, los zetas lo usaron para llegar hasta el domicilio donde se ocultaba Osvaldo Velázquez, -Hoy señalado como el presunto secuestrador de Alan Pulido- al llegar al domicilio, lo sometieron y lo golpearon para que les proporcionara el lugar en donde ocultaba al jugador de futbol. Mientras lo tenían tirado en el suelo boca arriba uno de los sicarios disparó en contra de él a muy corta distancia hiriéndolo levemente muy cerca del rostro.  

 

El plan casi perfecto que había fraguado Velázquez García se le había hundido en un momento de temor y desesperación…    

Una vez revelado el escondite, el convoy con sicarios entonces se dirigía a la guarida donde ocultaban a Alan Pulido. Al llegar, no se hizo más que tocar la puerta y derribar de un “culatazo” en la cara a quien abrió la puerta: Daniel Morales Hernández. 

 

Pulido, se encontraba en la segunda planta y una vez que fue liberado por los zetas se le dio oportunidad para que le propinara una golpiza a quien lo cuidaba en casa y lo mantenía privado de su libertad… -Asegura una fuente policial-. Más no a Osvaldo Velázquez, pues él y su delator permanecían a bordo de una de las camionetas de los sicarios desde donde observaron el operativo zeta.  

 

Los vecinos confirman que hubo dos irrupciones en la casa donde fue ocultado el ex jugador de Tigres de la UANL, Alan Pulido. Una, sucedida antes de que anocheciera. Y la otra, poco antes de la media noche.   “ -En la primera no salimos… sabíamos quiénes eran y nos gritaron que nos metiéramos a las casas y que no se nos ocurriera hablarle a la policía-” Cuenta uno de los pocos vecinos que aceptó hablar bajo la promesa de mantener su anonimato.   

 

El futbolista fue sacado de esa vivienda, por teléfono, los sicarios se comunicaron con personal del gobierno de Tamaulipas y entregaron a Alan Pulido y a Daniel Morales, éste último venía severamente golpeado y sangraba abundantemente de la cara.    

 

Los zetas, prometieron entregar horas después a Velázquez García y a su delator, los cuales fueron obligados a pagar todo lo que tuvieran de dinero y bienes materiales al cartel antes de ser entregados a la policía local, asegura una fuente gubernamental de primer nivel en Tamaulipas.

Algo que sí ocurrió poco tiempo después.

 

El gobierno estatal entonces -montó su teatro-... Dice una de las vecinas de la casa donde ocultaron al ex Tigre. Volvió a la casa donde se mantuvo en cautiverio al futbolista. Realizaron grabaciones y montaron lo que vecinos identifican como el segundo operativo policial. 

 

Egidio Torre Cantú, Gobernador de Tamaulipas, se apresuró para entregar a la prensa al futbolista. El cual se vio obligado a comprar la historia de su rescate pues en Ciudad Victoria, seguiría viviendo el resto de su familia y de no aceptar el -teatro montado- por la Procuraduría, sus seres queridos estarían en riesgo para siempre, dice un allegado a la familia del futbolista quien pidió omitir su nombre, pues no esta autorizado para hablar del caso.

 

 

 

 

 

 

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