Opinión

Para acabar con la brecha digital

El papel de instructor digital y no el de proveedor de servicios de Internet es tal vez lo que desearían los mexicanos de sus instituciones públicas. | Ricardo de la Peña

  • 20/05/2019
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A nivel básico, el concepto de brecha digital hace referencia a la distinción entre aquellos que tienen y aquellos que no tienen acceso a Internet y por tanto no pueden usar los servicios ofrecidos por la red mundial. Empero, más allá de esta definición, pueden existir también diferencias en las capacidades de utilización eficaz de las opciones de información y comunicación disponibles, dadas las distancias prevalecientes en niveles educativos. Así, el potencial cierre de esta brecha no sólo se logra al dar acceso universal a la tecnología, sino cuando se igualan las condiciones para apropiarse realmente de ellas. Pero, claro, el primer paso siempre será permitir que las personas puedan al menos conectarse.

La brecha digital en México

En 2018, según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 99 por ciento de las viviendas contaban con servicio de energía eléctrica, por lo que éste no es un factor determinante para la capacidad de acceso a Internet, salvo para ese uno por ciento de viviendas en condiciones de franca marginación.

En este mismo año y conforme la misma institución, 53 por ciento de hogares contaban con conexión a Internet, pero ya casi 66 por ciento de la población de seis y más años de edad eran usuarios de la red mundial, lo hiciera dentro o fuera de su hogar. Esta proporción crece a un ritmo de 4.6 por ciento anual, por lo que de seguir esta tendencia, para fines de la actual administración se habrá logrado que 86 por ciento de personas sean usuarias de Internet y en menos de una década prácticamente toda la población pudiera tener acceso a esta tecnología, salvo aquellas personas que radiquen en poblaciones de muy reducido tamaño y de muy difícil acceso.

Estatizar la brecha digital

Esto pareciera mostrar que la brecha digital, al menos en lo que corresponde a la capacidad de conexión a la red mundial, es algo que pudiera resolverse mediante los procesos de expansión de los servicios que actualmente prestan empresas privadas. No hace falta que el Estado asuma como propia la tarea y que intente bien quedarse con la parte complicada y menos rentable de la red, en la que se daría conectividad a la población de pequeñas comunidades (que en su dispersión cubren una gran parte del territorio nacional), ni mucho menos que desplace a las empresas privadas y estatice un servicio que por defensa de las libertades civiles debiera seguir siendo de particulares.

¿Por qué no mejor imponer al Estado la tarea de cerrar la brecha digital en su otro componente: la búsqueda de igualación de las capacidades para el empleo eficaz de las tecnologías por las personas? Eso apunta a consolidar la labor histórica en el ámbito educativo, donde el Estado ha llevado alfabetización e instrucción a una parte importante de la población y ha amortiguado las desigualdades en el acceso a la educación formal. El papel de instructor digital y no el de proveedor de servicios de Internet es tal vez lo que desearían los mexicanos de sus instituciones públicas.

Un plan sin plan

@ricartur59 | @OpinionLSR | @lasillarota