extitular de la Sedatu, tendrá en sus manos la organización de la Asamblea Nacional del PRI -adelantada para agosto próximo- y, con ello, encumbrar a un candidato competitivo ante Andrés Manuel López Obrador en 2018. El exgobernador de Hidalgo tiene la encomienda de quitar todos los candidatos que pudieran debilitar una candidatura viable, como el de haber ganado un puesto de elección popular y el tener o no militancia, además de analizar cambiar el nombre del partido. Dicen que esta es la última oportunidad política para Murillo, tras su desastrosa actuación en la desaparición de los 43 normalistas en Iguala, en septiembre de 2014. 


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