Opinión

Zona Rosa

Hay que dar al proyecto de “corredor turístico tecnológico” de la Zona Rosa su justa dimensión y así juzgar sus pros y contras de forma objetiva. | Roberto Remes

  • 02/11/2021
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Hace unos días, la alcaldesa de Cuauhtémoc, Sandra Cuevas, presentó el proyecto de un “corredor turístico-tecnológico” en la calle de Génova, Colonia Juárez, para inaugurarlo en febrero de 2022. No voy a tomar partido por proyecto pero tampoco lo cuestionaré, el objetivo de estas líneas es analizar las implicaciones y necesidades de su entorno.

Hace varias décadas la Zona Rosa fue el centro del entretenimiento nocturno, el lugar donde se ubicaban los mejores restaurantes y hoteles, las galerías, y se daban cita los artistas. Este espacio, perteneciente a la Colonia Juárez, decayó, incluso antes de que naciera la propia alcaldesa.

Mis primeros recuerdos de la Zona Rosa se remontan a mi padre, quien murió el mismo día, pero dos años antes, de que naciera Sandra Cuevas, un 25 de mayo. Con él conocí el bar que frecuentaba, sus restaurantes favoritos y el lugar donde lo asaltaron, a las puertas del Cine Latino. A unas cuadras de allí tuve mi primer trabajo y también viví parte de mi vida nocturna solitaria en los años noventa. Son 40 años de recuerdos que me hacen concluir que este barrio no ha parado de deteriorarse, a pesar de que el frente de Paseo de la Reforma sigue atrayendo inversiones por miles de millones de pesos.

El proyecto de la alcaldesa en Cuauhtémoc para la Zona Rosa parte de un corredor que envolverá en pantallas la calle de Génova, suponemos que con una fuerte presencia publicitaria, y que tendrá como atractivo adicional una tirolesa de extremo a extremo.

Antes de centrarnos en la propuesta quiero reflexionar ¿Qué fue lo que mató a la Zona Rosa? Tengo la impresión de que fueron tres procesos. El primero de ellos, la descentralización del entretenimiento y la economía hacia el poniente, sobre todo a Polanco; el segundo, el metro y los ejes viales, decisiones de ciudad entre 1967 y 1979 que fueron aislando a la Zona Rosa; y el remate fue el terremoto de 1985, que afectó la vida central de la ciudad cuando ya había iniciado el deterioro.

Cualquier proyecto que tenga como perspectiva atender las causas que detonaron el decaimiento de la Zona Rosa tendrá más suerte que todos los intentos anteriores. El más reciente, durante el mandato de Ricardo Monreal en Cuauhtémoc, hubo una gran inversión en un conjunto de calles, donde se cambiaron las tuberías, lo que parece haber sido una buena acción, pero peatonalmente todo quedó de las mismas dimensiones y se pintaron las banquetas con un patrón de color negro y blanco que ya casi termina de borrarse. Cuando la obra estaba terminando, el terremoto de 2017 dejó innumerables daños en distintas calles de la Colonia Juárez, entre ellas, la de Génova, que ahora busca intervenir la Alcaldesa Cuevas.

El límite sur de la Zona Rosa es la Avenida Chapultepec, un espacio en el que también han sucedido varias cosas en los últimos años: el fallido “Corredor Cultural Chapultepec”, que pretendía reemplazar el espacio público a nivel por una pasarela elevada que diera valor a los proyectos inmobiliarios que estaban gestionando sus promotores, entre ellos un ex maestro de la propia Sandra Cuevas; la remodelación de la Glorieta del Metro Insurgentes y la remodelación misma de la avenida, que se inauguró un mes antes del inicio de la pandemia.

El proyecto de Génova no me parece comparable al “Shopultepec”. El de 2015 le quitaba ergonomía al espacio público al llevar la convivencia a un segundo piso; este puede tener todas las cargas que implica colocar un atractivo asociado a parques de diversiones, incorporar la participación privada y probablemente llenar de publicidad electrónica el corredor. En ese contexto es que deberíamos centrar la discusión: los elementos del proyecto, la participación privada y la publicidad.

El “corredor turístico tecnológico” no salva a la Zona Rosa, sólo busca atraer gente e inversión. Este barrio necesita que se vayan las “chelerías” y vuelvan bares y restaurantes acordes con el mercado internacional, dada su ubicación.

Se han emprendido acciones en la dirección correcta en los últimos años, las obras hidráulicas, la renovación de la Glorieta y la atención a vialidades colindantes como Florencia, Reforma, Insurgentes y Chapultepec. Aún así, si el proyecto llega como un elemento aislado, podría fracasar; necesita algo más, hay que modificar la traza vial interior, evitar que calles como Amberes, Hamburgo, Praga y Varsovia sigan sirviendo como rutas de paso, alternas a las avenidas saturadas; hay que restablecer el camellón que Niza perdió con los ejes viales y asegurar que las vialidades perimetrales dejen de ser barreras urbanas.

Hay que dar al proyecto de “corredor turístico tecnológico” su justa dimensión y así juzgar sus pros y contras de forma objetiva, incluso también bajo una lógica temporal y no permanente, pues si sólo se colocan pantallas y tirolesa, la instalación será reversible, en cualquiera de los dos escenarios, contribuya o no a la recuperación de la Zona Rosa.

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