Opinión

Zombi

Llegado el 20 de enero el Presidente electo deberá prestar juramento para ocupar el cargo. | Ricardo de la Peña

  • 16/11/2020
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La voz africana zombi se utiliza para designar un cadáver reanimado mediante prácticas de brujería. Y eso es lo que pudiera estarse viviendo en la Unión Americana en estos días: la eventual resurrección de un candidato presidencial derrotado, aunque no cabalmente desarmado, por lo que todavía puede revertir el resultado mediante triquiñuelas, o incluso negarse a entregar el poder.

La disputa del resultado

El todavía Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, intenta cambiar un resultado contrario en las elecciones presidenciales mediante diversos recursos. Uno es la presentación de demandas legales relacionadas con el conteo de votos, que incluye peticiones para detener la certificación de resultados en varios estados, los suficientes para anular la condición ganadora del candidato demócrata, Joe Biden. A ello se adiciona la posibilidad de recuentos en diversos estados donde el procedimiento puede ser automático o a solicitud de parte. A pesar de estos procedimientos legales, es sumamente difícil que los reclamos de esta naturaleza permitan revertir el resultado de la elección o al menos cancelar el triunfo del oponente. Es por ello que el equipo jurídico de Trump intentará llevar el litigio a tribunales, con la intención de que finalmente arribe a la Corte Suprema, donde cuenta con una supuesta mayoría que podría permitirle conseguir una victoria no fundada en los resultados, si los jueces se prestan a la artimaña.

La disputa del colegio

Para la segunda semana de diciembre, en todo caso, deberán haber concluido todos los cómputos y litigios, para pasar a la votación de los integrantes del Colegio Electoral, quienes en dos de cada tres estados pueden ser removidos si se niegan a sufragar conforme la voluntad de los ciudadanos expresada en las urnas. Pero el margen para votar en un sentido distinto es suficiente para que los votos de los electores no sean acordes con la votación popular. A principios del próximo año el Congreso se reunirá en sesión conjunta de ambas cámaras para contar los votos electorales, pudiendo haber objeciones de legisladores que modifiquen o anulen algunos sufragios. Si un candidato logra los 270 votos requeridos sería declarado Presidente, pero de no llegarse a esta cifra, la Cámara de Representantes decide el resultado, con votos por estado, condición en la que los republicanos cuentan con mayoría. Y llegado el 20 de enero el Presidente electo deberá prestar juramento para ocupar el cargo. Y aquí todavía podría darse una resistencia, posibilidad que hoy día es negada por analistas y mercados, pero que no es imposible. Los recientes movimientos en los mandos de la defensa podrían dejar abierta la posibilidad no de una asonada desde el poder, pero sí de una inacción que deje al gobernante los controles de los que dispone por su posición, haciendo imposible el ejercicio del mando por su contrincante electoral. En todo caso, un tortuoso camino lleno de asechanzas y posibilidades inéditas que pudieran desbarrancar a la más añeja democracia del mundo. Habrá que estar atentos al curso que tomen los acontecimientos.

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