Opinión

Zika: Otra amenaza más

La movilidad de las personas hace que también las enfermedades se propaguen rápidamente.

  • 01/02/2016
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La nueva amenaza tiene nombre de enfermedad: Zika. Este mal se transmite por “vectores” (es decir, mosquitos) portadores del virus y es la única forma de contagiar a la persona. Genera síntomas parecidos a los de un resfriado y es parecido al Dengue; el mosquito transmisor es el mismo. ¿Cuál es realmente el problema? Que cuando este virus ataca a las mujeres embarazadas provoca microcefalia en los recién nacidos y daño cerebral (es decir, nacen con la cabeza más pequeña). El problema es que el virus se está extendiendo a pasos agigantados y está provocando una epidemia en varias regiones (especialmente de Sudamérica). El Centers for Disease Control and Prevention (CDC, sus iniciales en inglés) recomienda a las embarazadas no viajar  a dichos lugares.

 

¿Cuál es el verdadero problema? En lo personal veo dos: El primero es la paranoia que esto genera. Recordemos el caso del Ébola hace algunos meses y la histeria colectiva que generó el rápido esparcimiento de dicho virus (por supuesto, hace una gran diferencia que la enfermedad tenga una tasa de mortalidad enorme, a una enfermedad que no es fatal). Pero más allá de la fatalidad de la enfermedad, pone en evidencia la vulnerabilidad de los sistemas de salud para atender los problemas y las amenazas. Pero además no solamente es un problema de un solo país o una nación, sino que el sistema mundial de coordinación para atender estas emergencias no está preparado. Hasta ahora los casos registrados en Estados Unidos (Nueva York, por ejemplo) no fueron originados dentro del territorio estadunidense, sino fuera de él. Por obvias razones, la movilidad de las personas hace que también las enfermedades se propaguen rápidamente.

 

 

 

El segundo problema es nacional. ¿Qué debe hacer un país para controlar la epidemia? Especialmente el tema de las mujeres embarazadas es alarmante y todos los países tienen que poner en marcha medidas extraordinarias para terminar con el brote y el esparcimiento de estos mosquitos que están provocando daño en los recién nacidos. Las medidas para mitigar lo complejo de la situación tienen que ver con la forma de vida y las costumbres de las personas y las sociedades; y en muchos casos, está directamente relacionado con la disponibilidad de los recursos económicos para hacer frente a la situación. Las condiciones de higiene en las que los mosquitos suelen proliferar o bien, las medidas para evitar que esto suceda son costosas en algunas ocasiones y por ende, generan gastos que las familias no pueden cubrir. Como uno se puede imaginar, esto entonces no es privativo luego de un estilo de vida, sino de los medios y financiamiento extraordinario de los ingresos familiares para corregir una situación indeseada. No es un problema menor.

 

¿Qué trato de decir con esto? Que la paranoia no siempre es buena. Aunque a veces ayuda a crear conciencia de lo que está pasando en el mundo. Para hablar de la misma situación mencionada anteriormente –el virus del Ébola– el miedo generalizado de la población en países europeos y en Estados Unidos generó que el tema fuera del conocimiento de todos y por ende, se puso manos a la obra y se corrigieron en alguna medida los mecanismos por los que la enfermedad se estaba propagando. El problema de fondo subyace aún: el origen de la epidemia sigue enfrentando una situación de vulnerabilidad tal que, si no es el Ébola, puede ser cualquier otra enfermedad o desastre natural, político o económico lo que los sigua poniendo en riesgo. La histeria mundial sobre el virus cedió, anulando los mecanismos de transmisión, pero seguramente aislando el problema de origen sin resolverlo de fondo. Fondo y forma una vez se encuentran disociados en este caso.

 

El virus del Zika no será muy diferente: Habrá mecanismos de contención derivados de una paranoia mundial, sin embargo, al no ser su origen fácilmente identificable será mucho más complicado corregir de fondo el asunto. Entonces se vuelve un asunto de dinero: Quien tiene dinero podrá evitar su contagio, y quien no tiene tendrá que asumir su vulnerabilidad de origen. Esta es otra manifestación de un mundo desigual (ya no solamente entre personas y miembros de la misma sociedad, sino ahora entre países enteros de acuerdo a sus ingresos y sus gastos). El problema de las emergencias de salud y las epidemias es que hacen visible que el mundo necesita mejores mecanismos de coordinación internacional, que no solamente estén basados en el miedo autoimpuesto, sino en el deseo real de ayudar a los demás. Si no se quiere hacer por convicción, al menos por conveniencia: Todos vivimos en el mismo planeta.

 

@fedeling