Opinión

¿Y ahora qué hacemos con El Chapo?

¿Realmente la misión está cumplida? ¿La captura (o recaptura) de El Chapo terminará con el clima de violencia e inseguridad en el país?

  • 11/01/2016
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El Gobierno Federal capturó a El Chapo Guzmán el viernes pasado y la noticia se leyó con júbilo; de una manera que pocas veces hemos podido ver con otras notas. ¿Qué significado tiene todo esto y cómo se lee desde Washington? La realidad es que para ello hay que entender el profundo significado de algunas cosas. Comencemos por recordar el duro editorial de The New York Times contra México y su gobierno de hace una semana: básicamente dice que nuestro país es percibido negativamente ante los ojos del mundo por escándalos como los de la fuga de Guzmán Loera, los 43 de Ayotzinapa, etcétera.

 

Muchas teorías y columnistas han abordado ya el fenómeno y yo creo que es importante dimensionar lo anterior, porque precisamente estas son las críticas más duras que se hacen desde el exterior contra México.

 

¿Por qué la noticia de El Chapo genera tanto regocijo en México? Pues la explicación está precisamente en lo que eso simboliza: si la fuga es la señal inequívoca del fracaso gubernamental, la recaptura lo es de lo contrario; de que el Gobierno está dando resultados y que ha cumplido su misión. Así lo denota el “tuit” presidencial para anunciar que el capo volvió a estar bajo la custodia de las autoridades federales. La pregunta entonces del momento es: ¿Qué sigue ahora? ¿Vamos a extraditar a El Chapo a Estados Unidos? ¿La violencia en México va a desaparecer? Creo que nuestro país está poniendo demasiadas “fichas” en la recaptura del cabecilla.

 

No se trata de no alegrarnos porque se corrigió algo que estaba mal desde que sucedió: La fuga de El Chapo era imperdonable y así lo demostraron los diarios internacionales y la opinión pública del exterior y en general. No dieron tregua a México y su gobierno y por ende, esta noticia viene como “anillo al dedo” después que importantes medios como The New York Times acusaron precisamente al Gobierno de ser inoperante por haber dejado que El Chapo se escapara. Pero no más, porque ahora Guzmán vuelve a la cárcel (o a la extradición, o a lo que sea).

 

Pero la pregunta de fondo es: ¿Realmente la misión está cumplida? ¿La captura (o recaptura) de El Chapo terminará con el clima de violencia e inseguridad en el país? En lo personal creo que no. Me temo que la figura de El Chapo es meramente ornamental y que las cosas malas que suceden en México pasan con o sin El Chapo. Por ejemplo, el asesinato de la alcaldesa recién entrada al cargo en el municipio de Temixco, en el Estado de Morelos.

 

El Chapo ha dejado de ser uno de los problemas estructurales de México –estoy hablando en realidad-, no en la percepción que ello genera. Joaquín Guzmán Loera no es el responsable directo de la violencia que impera en nuestro país y de las desagradables situaciones que pasan a diario. Lejos de eso. Guzmán representa todo aquello contra lo que queremos luchar y por eso su captura es tan importante. Y ciertamente es de gran ayuda en términos de imagen y ahora México podrá decir que está “haciendo su tarea”; pero debemos darnos cuenta que en la realidad, las cosas no van a cambiar a menos que así lo queramos y nos lo propongamos. Las grandes noticias, aquellas que son tan impactantes y espectaculares no sirven de nada, a menos que hagamos algo con ellas y que pongamos manos a la obra.

 

En el momento en que escribo este artículo todavía no tenemos más información acerca de cómo fue la captura de Guzmán Loera y de qué sucedió o cómo fue que pasó. Tampoco hay certidumbre sobre lo que van a hacer con él. Quizá más adelante haya noticias, conferencias de prensa, fotos, etc. Por lo pronto hay silencio.

 

Pero eso nos permite reflexionar sin tanta estridencia qué es lo que en verdad necesita nuestro país. Creo que la recaptura de Guzmán es un hecho profundamente positivo que ayudará en mucho a la deteriorada y negativa imagen que tiene México en el exterior (y quizá también en el interior). Pero también es un recordatorio que las cosas no pueden quedarse allí. No basta con ello. Si no hacemos nada y no ponemos manos a la obra para todo lo que sigue, nada de esto valdrá la pena. La oportunidad se presenta –como en cada ocasión– en la noticia que acabamos de recibir. Es el momento ideal de dar un golpe de timón y virar la nave hacia otros rumbos y otros puertos. El viento está soplando a favor y apenas hemos comenzado la ruta.

 

@fedeling 

 

 

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