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Nuestro voto debe ser por la paz, por el respeto a las leyes y por fortalecer nuestra democracia. | Marco Adame

  • 03/05/2021
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A casi un mes de las elecciones México se enfrenta a un importante dilema que va más allá de los puestos de elección popular en disputa. El verdadero debate gira en torno al futuro de nuestra democracia y a la forma en que saldremos adelante de la crisis sanitaria, económica y de seguridad en que nos encontramos. 

Dos años y cinco meses han pasado desde que el nuevo régimen llegó al poder, gracias al voto de muchos mexicanos que creyeron en sus promesas. Hoy, con el tiempo transcurrido, es posible juzgarlos no por sus palabras sino por sus resultados o la falta de ellos.

Uno de los sectores que más resintieron el nuevo gobierno ha sido el de la salud, tras la desaparición del Seguro Popular, la descapitalización del Fondo de Gastos Catastróficos y el desabasto de medicamentos, en especial para los niños con cáncer. 

Asimismo, como por la mala respuesta ante la pandemia, que lleva ya mucho más de las 216 mil muertes registradas por la Secretaría de Salud; pues como lo demostró el INEGI en esta cifra puede existir un subregistro cercano al 68%. 

Y es por esta mala gestión que por 5 meses consecutivos México fue considerado como el peor país para vivir en la pandemia según un comparativo de Bloomberg y por lo que un estudio ordenado por la OMS afirmó que se pudo haber evitado 190 mil muertes de haber actuado diferente el gobierno.

En lo económico la disyuntiva es entre la continuidad o no de un sistema que llevó a la caída de nuestra economía en el primer año de gobierno y a una contracción económica de -8.5% para el 2020 en el contexto de la pandemia; la mayor contracción desde la Gran Depresión de 1932.

Quienes defienden la actual estrategia gubernamental afirman que lo que pretenden es separar el poder político del económico, pero en los hechos parecieran más bien utilizar el poder político para atacar a las empresas, lo que ha redundado en ahuyentar las inversiones. Como muestra basta mencionar que el 2020 ha sido el año con la peor salida de capitales de nuestro país desde que se tenga registro. 

Y según el CONEVAL la población en pobreza laboral aumentó 8.8 puntos porcentuales, pasando de 35.7 a 44.5 por ciento, siendo el peor registro desde que se realiza la medición; esto significa que 11.2 millones de personas se sumaron al grupo de aquellos cuyo ingreso no les alcanza para comprar la canasta básica alimentaria

Asimismo, en el ámbito de seguridad la disyuntiva se presenta entre la continuidad de la estrategia de “abrazos no balazos” o un camino diferente. Los resultados son lamentables, el 2019 ha sido el año más violento de nuestra historia con 35 mil 616 personas asesinadas y el 2020, a pesar de la pandemia, hubo 35 mil 484 homicidios. 

Por su parte, en el ámbito político la disyuntiva es entre democracia y autoritarismo; entre respaldar una forma de gobierno que pretende la centralización y la concentración de poder o elegir fortalecer nuestra democracia. Donde uno de los caminos es que a raíz de las próximas elecciones el poder legislativo logre una composición que le permita constituirse como un auténtico instrumento para el equilibrio de poder. 

El régimen actual se ha caracterizado por la imposición sistemática del voluntarismo presidencial por encima de las leyes. Ejemplos hay muchos como el intento inconstitucional de ampliar el periodo de un gobernador; reformas legales inconstitucionales; decretos presidenciales que disponían violar las leyes; y los constantes ataques a los organismos autónomos que sirven como contrapesos de poder. 

Las afrentas más recientes han sido la aprobación de la extensión del periodo del presidente de la Suprema Corte y de los miembros del Consejo de la Judicatura Federal afines al régimen, con lo que se pretende someter al poder judicial al control del ejecutivo. Así como las amenazas de desaparecer al INE y de someter a juicio político a sus consejeros en pleno año electoral.

Ante esta disyuntiva los mexicanos debemos elegir que se terminen los discursos de odio y división que se han incrustado en la vida nacional. Pues sólo con la unión de todos los mexicanos podremos salir delante de la crisis que enfrentamos. En la elección, más allá de banderas de partido, lo que se juega es el futuro del país y el bienestar de las familias mexicanas. Nuestro voto debe ser por la paz, por el respeto a las leyes y por fortalecer nuestra democracia.  

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