Opinión

Voto estratégico para una ciudad desgarrada

En plena recta final de las campañas, los males de esta ciudad afloran y evidencian crudamente el tamaño de los retos incumplidos. | Leonardo Martínez Flores

  • 07/06/2018
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El equipo de gobierno que sea electo enfrentará una larga lista de resultados pendientes, entre los que están todos aquellos que han quedado a deber los gobiernos anteriores y las promesas hechas en campaña. La lista es larga, variada y preocupante porque, en los casos en los que se logre hacer diagnósticos adecuados y aplicar políticas eficaces, las eventuales soluciones empezarían a llegar sólo en el mediano o largo plazos.

Los problemas de la CDMX

A juzgar por los temas que han estado abordando públicamente las y los candidatos a gobernar la Ciudad de México, parece ser que las demandas más insistentes tienen que ver con aspectos como la inseguridad pública, problemas de movilidad y los cambios de los usos del suelo, lo cual es comprensible porque son aspectos visibles y tangibles con los que nos topamos físicamente todos los días.

Los episodios de violencia relacionados con delitos del fuero común y ahora con el narcotráfico y el robo de combustible, los largos tiempos perdidos en traslados y los pleitos con desarrolladores abusivos constituyen un primer frente cotidiano de batalla, pero hay otros problemas muy graves que se han ido acumulando subrepticiamente y que todavía no suelen asociarse claramente con problemas urbanos, me refiero en particular a ciertos problemas de salud, a algunas enfermedades mentales y a la comisión de intentos de suicidio en menores de edad.

Padecimientos de salud mental

Justamente hace unos días el periódico Reforma publicó un par de notas sobre estos casos, una sobre padecimientos de salud mental y otra sobre un tema verdaderamente desgarrador: el incremento de intentos de suicidio en niños menores de 10 años.

Sobre el primer tema, la Secretaría de Salud de la CDMX reconoce que el número de atenciones por padecimientos psicológicos sigue incrementándose y que los trastornos mentales que más han aumentado son el estrés, la ansiedad y la depresión.

Con relación al segundo de los temas, la especialista Ana Teresa Díaz Calvo, del Hospital Psiquiátrico Infantil Doctor Juan N. Navarro, menciona que les llegan de tres a cuatro casos al mes de intentos de suicidios de niños menores de 10 años y en el Hospital Juárez de México, llegan de dos a tres emergencias mensuales para atender tragedias de este tipo. Los especialistas mencionan que las causas pueden ser muy distintas, por ejemplo, por trastornos mentales, por abuso de sustancias, violencia intrafamiliar o por enfermedades como la depresión causada por problemas familiares, desatención o negligencia de los padres.

Algunas de las causas

La especialista menciona algunas de las variables observadas en estos casos: familias monoparentales en las que el padre o la madre tienen que ir a trabajar o bien familias en las que ambos padres trabajan y no hay quien se quede cuidando a los niños; en todos los casos los menores pasan varias horas solos o con poco apoyo emocional de otras personas. Los factores urbanos más claramente relacionados con el número de horas que los menores pasan solos son las distancias entre la casa y el trabajo, la ineficiencia de las redes de transporte público y la falta de un sistema de apoyos que ofrezca, por ejemplo, una red de guarderías y estancias accesibles a este tipo de familias.

Las distancias existentes entre la casa y el trabajo son el resultado recurrente de una sistemáticamente pésima planeación urbana y regional; la ineficiencia de los transportes públicos igualmente proviene de una combinación de visiones miopes y malas prácticas de planeación; y la falta de un sistema de apoyos que incluya guarderías y estancias para niños de distintas edades se debe, entre otras muchas cosas, a una visión pobre del Estado para proveer de una mejor calidad de vida a la población y a la carencia de buenos diagnósticos para la elaboración de políticas públicas.

Pero estos factores urbanos no son los únicos que pueden incidir en la ocurrencia de tragedias como los intentos de suicidio en menores de edad, pues a ello hay que sumarle los posibles efectos que la contaminación atmosférica puede tener en la comisión de dichas acciones.

Efectos de la contaminación atmosférica

Retomo enseguida algunos párrafos publicados anteriormente en esta columna sobre los efectos que puede causar la contaminación atmosférica sobre la salud mental. Me refiero a una publicación de cinco investigadores de la Universidad de Umea, Suecia, en la que se presentan los resultados de un estudio dirigido a descubrir los efectos de la contaminación atmosférica sobre el sistema nervioso central de la población menor de 18 años. Este trabajo se suma a otros que han tratado de encontrar alguna relación entre los niveles de ciertos contaminantes y el agravamiento de la salud mental, específicamente, padecimientos como ansiedad, depresión, autismo, suicidios y llamadas de emergencia.

El estudio publicado por los investigadores suecos midió la relación entre las concentraciones de tres tipos de contaminantes (dióxido de nitrógeno y partículas menores a 10 micras (PM10) y a 2.5 micras (PM2.5)) y las cantidades recetadas de medicamentos para tratar padecimientos psiquiátricos (como calmantes, pastillas para dormir y antisicóticos) a jóvenes menores de 18 años.

El estudio, que contó con datos para aproximadamente medio millón de jóvenes en cuatro estados suecos, encontró una relación positiva entre las concentraciones de dióxido de nitrógeno y la cantidad de este tipo de medicamentos. Los investigadores pudieron comprobar que la exposición continua, aún a niveles menores a 15 micras/m3, que es una concentración menor a los límites propuestos por las normas internacionales de salud y muchísimo menor a lo establecido por la norma mexicana, provoca incrementos en el número de medicamentos que el sistema de salud sueco receta para tratar problemas de salud  mental en jóvenes menores de 18 años. Estos resultados se suman a otros estudios que han demostrado que vivir en lugares con altos niveles de contaminación atmosférica afecta las funciones cognitivas de los niños e inhibe el desarrollo neuropsicológico de los menores de 4 años de edad.

Este tipo de evidencia nos permite identificar un conjunto de vasos comunicantes que ligan a los usos del suelo con las distancias entre la casa y el trabajo, y a estas distancias y la ineficiencia del transporte público con los tiempos de traslado, y todo lo anterior más la falta de estancias y guarderías con el número de horas que los menores de muchas familias pasan solos y en el desamparo emocional; finalmente, esto último más los posibles efectos de los altos niveles de contaminación atmosférica a los que estamos expuestos nos llevan irremediablemente a estados de ansiedad, depresión y por tanto al incremento de la probabilidad de intentos de suicidio. Esto es, sin duda, algo desgarrador.

En el mejor de los casos el panorama seguirá siendo desalentador, sobre todo porque la solución de estos problemas requiere de muy buenos diagnósticos, muchos recursos públicos y varios años para la aplicación de profundas acciones de remediación.

Por ello un factor para decidir el voto en esta ciudad debería de ser preguntarse cuál de los equipos que compiten podría reunir mejor las condiciones para reconocer y abordar con un mínimo de eficacia, no sólo los problemas del primer frente de batalla, sino aquéllos que se han ido acumulando subrepticiamente y que son la cara más desgarradora de la ciudad.

Las campañas y los espejismos de la ciudad

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