Opinión

Vocero presidencial, ¿por qué y para qué?

La Vocería Oficial debería ser el instrumento de comunicación más importante del nuevo gobierno federal. | José Antonio Sosa Plata

  • 18/10/2018
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En México no hemos aprendido la lección. Salvo en contadas ocasiones, la Vocería Oficial ha estado al margen de los modelos de comunicación que han impulsado los presidentes de la República durante la historia de nuestra democracia.

En el siglo pasado, porque no se le necesitaba.

Y desde que empezó la transición en el Poder Ejecutivo Federal el año 2 mil, porque se le ha temido o —de plano— porque no se ha terminado de comprender el enorme valor y sentido de utilidad que le representa a los presidentes.

En el nuevo espacio público, el Vocero presidencial es absolutamente necesario.

La comunicación que genera el Presidente de la República no puede ni debe quedar al libre albedrío. Tampoco puede quedar subordinada a estrategias rígidas y anticuadas, que no solo vulneran al personaje más importante del país, sino a la institución que representa.

La complejidad del ecosistema comunicacional así lo exige.

El vocero tiene que ser el instrumento de comunicación personificado más poderoso de la #Estrategia política. Es la persona que habla en nombre del Presidente y su presencia cotidiana se justifica por diversas razones. Destacan tres:

1)   El Jefe del Ejecutivo no puede ni debe concentrar toda la comunicación que gira en torno a la institución que representa, no solo por su magnitud sino por los riesgos que implica estar sobreexpuesto a los medios de comunicación.

2)   La representación que ejerce el Vocero es la posición oficial del gobierno frente a los temas y asuntos más relevantes de la vida nacional y guía política, conceptual y argumental para las personas que colaboran con el Presidente.

3)   En cualquier situación de conflicto o crisis se ha demostrado que la diversidad de voces en los medios de comunicación de poco o nada contribuye para resolverlas, más bien las complican y recrudecen.

Desde que se instauró la figura del vocero presidencial en nuestro sistema político (en la administración de Ernesto Zedillo), ha predominado el modelo de bajo perfil mediático, pero con un gran desorden y falta de experiencia en los procedimientos, formas de relación profesional y narrativas que deben respaldar su labor.

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Por donde se le vea, la experiencia ha sido desafortunada.

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De hecho, su estilo de trabajo mantiene una gran semejanza con la de los llamados Jefes de Prensa, sus antecesores. La excepción fue Rubén Aguilar, —durante los últimos años de la administración de Vicente Fox— quien no solo asumió un rol activo y apegado a los estándares internacionales más reconocidos, sino que fue un elemento decisivo para equilibrar el protagonismo natural y controvertido del expresidente.

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Vocería outsider o públicamente activa

Un dilema similar se vuelve a presentar con el nuevo gobierno.

Los cambios anunciados en el nuevo modelo de #ComunicaciónPolítica del próximo gobierno no permiten augurar el cambio de fondo que se requiere. Tampoco se detectan diferencias significativas, por ejemplo, con la manera en que ha operado Eduardo Sánchez Hernández la comunicación gubernamental, vocero del presidente Enrique Peña Nieto.

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Si se analiza con detalle, el trabajo de Jesús Ramírez Cuevas, vocero del Presidente Electo, Andrés Manuel López Obrador, es muy parecido.

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Por una parte, en la forma de dar conferencias de medios, entrevistas, comunicados y declaraciones. Por la otra, en la frecuencia y formas de abordar los temas. En consecuencia, todo apunta a que se mantendrá un modelo que los especialistas denominan insider, en vez del outsider, que es el que en verdad se requiere.

En otras palabras, al gobierno de #AMLO le hace falta una Vocería outsider o públicamente activa.

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El vocero outsider aparece tantas veces como sea necesario. A diario, si es preciso. Con la combinación de diferentes formatos e instrumentos de comunicación, su obligación es informar, responder, explicar, aclarar, ejercer el derecho de réplica, debatir y fijar postura sobre todo lo vinculado a la operación, interacción social y visión de la Presidencia de la República.

Su función no excluye la necesidad y obligación que tiene el Presidente de informar.

Por el contrario, la complementa y fortalece. También le da visión, sentido de dirección y una mejor coordinación entre instituciones y funcionarios.

Pero no solo eso:

Una Vocería activa facilita la relación entre gobierno y sociedad, al tiempo que incrementa la confianza y apoyo de la ciudadanía hacia sus autoridades. En suma, si lo que se busca es lograr una #CuartaTransformación, la Vocería presidencial tendría que ser el eje de la #Estrategia de comunicación política y social del próximo gobierno.

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