Opinión

#VivasNosQueremos

La violencia basada en género es una forma de discriminación contra las mujeres.

  • 29/04/2016
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La movilización de personas el domingo 24 de abril tuvo un frente común: decir BASTA a la violencia contra las mujeres. Días previos a las marchas muchas mujeres publicaron sus experiencias de violencia con el hashtag #MiPrimerAcoso. Historias escalofriantes, historias de mujeres que todos los días son violentadas y la conciencia de que, desafortunadamente, ese primer acoso no fue el único.

 

Las marchas en todo el país y los testimonios de miles de mujeres hicieron la labor más importante, visibilizar la violencia política. Es inevitable leer los testimonios y no sentirte identificada. Mujeres que ni siquiera sabían que habían sido violentadas porque esa es precisamente la peor parte del problema, la normalización de estas conductas, ahora tienen historias que contar. La negación de éstas y mucho más grave aún, que no se califiquen como violencia, es el día a día en nuestro país.

 

Aún más aterrador es que en la enorme mayoría de los casos las mujeres no cuentan o denuncian estas conductas por culpabilidad o miedo, pero también por la ausencia de autoridades y mecanismos para que se denuncien y para que haya consecuencias. La impunidad permea también aquí.

 

La violencia basada en género es una forma de discriminación contra las mujeres. La violencia puede ser cultural, económica, psicológica, patrimonial, verbal, simbólica, física y sexual. La violencia contra las mujeres puede suceder en el ámbito público y privado y en cualquier esfera: social, cultural, política, civil, familiar, doméstica y en cualquier relación personal, laboral, o institucional. Desgraciadamente, la mayoría de las mujeres hemos sufrido algún tipo de violencia.

 

En nuestro país comienza a visibilizarse la violencia y los tipos de violencia contra las mujeres, sin embargo, para la mayoría de las personas, particularmente para los hombres, la violencia implica solamente golpes o una violación. “Yo no soy violento, jamás le he pegado a mi mujer”, es la respuesta más frecuente de los hombres cuando surge el tema de la violencia. El resto de los tipos de violencia que puede ejercerse en contra de una mujer, simplemente no existen.

 

Las alertas de género por feminicidios no funcionan en México por una sola razón: por el manejo político que se hace de los datos, de los casos y la manipulación y presión que se ejerce para que en una entidad federativa no se emita una alerta de género, cuando la conducta debería ser la contraria: fortalecer los mecanismos para combatir los feminicidios y la violencia contra las mujeres. Según datos oficiales, en nuestro país los delitos más frecuentes son abuso sexual, la violación y el acoso.

 

Mujeres y hombres debemos conocer y reconocer las conductas violentas contra las mujeres, prevenirlas, atenderlas, buscar su erradicación y, desde luego, sancionarlas. Debemos fomentar la cultura de la denuncia y el otorgamiento de medidas eficientes que protejan a las mujeres que denuncian y a sus familias. Pero también, debe haber servidores públicos capacitados y especializados para que cumplan con sus funciones, la sola emisión de alertas de género o la creación de Fiscalías de Género no son la respuesta si no cuentan con personal calificado y con recursos y herramientas para realizar su trabajo.

 

Reconocer a las mujeres como iguales y darles ese trato, es el fin último al que debemos enfocarnos como sociedad. Respeto e igualdad son las premisas centrales de las marchas del domingo pasado y de la lucha que todos los días enfrentan millones de mujeres a lo largo y ancho de nuestro país.

 

@C_Humphrey_J

@OpinionLSR

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