Opinión

Violencia y corrupción, los signos de Peña Nieto

Con Peña Nieto hay una profunda regresión antidemocrática.

  • 09/08/2015
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El 24 de enero de 2010 en una colaboración para un periódico de circulación nacional, Enrique Peña Nieto aseguraba lo siguiente:

 

"La alternancia política no ha revertido pobreza, desigualdad, inseguridad, violencia y falta de competitividad... vivimos la paradoja de tener una competencia electoral intensa, que refleja la pluralidad del país, pero un estado ineficaz, que no tiene la capacidad de cumplir con algunas de sus obligaciones básicas... nuestra nación requiere sumar voluntades sociales y políticas para acordar las bases de un 'estado eficaz' para la democracia... [que] debe tener un objetivo central: garantizar los derechos reconocidos por la Constitución a toda la población...".

 

Cinco años después, lo mismo puede decirse pero del regreso del PRI al gobierno. No hay respeto a la Constitución y se vulneran los derechos de la ciudadanía. El gobierno de Enrique Peña Nieto es un gobierno donde reinan la corrupción y la violencia.

 

El reciente asesinato múltiple del fotoperiodista Rubén Espinosa, la activista Nadia Vera, Yesenia Quiroz, y dos mujeres más a las que se ha identificado como Alejandra, trabajadora, y Milena, joven de origen colombiano, es un hecho doloso y lacerante que debería ser resuelto de manera pronta y transparente.

 

Lamentablemente, el asesinato de este grupo de personas, no es el único ejemplo de violencia en el país. Diversos registros señalan que durante los 26 meses de gobierno de Enrique Peña Nieto, han sido asesinadas más de 50 mil personas.

 

Con Peña Nieto hay una profunda regresión antidemocrática. Tan solo en las últimas semanas han ocurrido otros hechos lamentables. Basta mencionar lo ocurrido en Ostula, Michoacán, donde el ejército hirió a pobladores y mató a un niño de 12 años.

 

A esto se puede sumar la violencia que vive la prensa en diversas regiones del país, principalmente en Veracruz, donde han muerto 13 periodistas durante el gobierno de Javier Duarte. Veracruz con Duarte está señalado como un territorio enemigo de la libertad de expresión. El mismo gobernador sugirió a los medios no “confundir libertad de expresión con representar la expresión de los delincuentes en los medios de comunicación” y además les advirtió “pórtense bien”.

 

El sexenio de Peña Nieto está marcado por el desprecio del gobierno hacia las comunidades indígenas, a los trabajadores de la educación, a las mujeres y los periodistas, hacia el pueblo y hacia la democracia. Los hechos de violencia no son hechos aislados, tampoco son una suma de errores o consejos gubernamentales no considerados, son un patrón de conducta antidemocrática y signo de la corrupción que impera.

 

La corrupción queda expuesta en los escándalos que involucran a miembros del gobierno con favores, licitaciones a modo, y escándalos financieros, como los que relacionan a Peña y parte de su gabinete con la empresa OHL; a la familia de Peña y a Videgaray con la "casa blanca" y otros terrenos inmobiliarios con el Grupo Higa; y a la licitación de los campos petroleros para la Ronda Uno con beneficios para familiares de Carlos Salinas de Gortari.

 

El gobierno de Enrique Peña Nieto está marcado por la corrupción y la violencia. Es un gobierno que se basa en un modelo autoritario y presidencialista. Basta observar el nombramiento de Manlio Fabio Beltrones, personaje ligado al priísmo de vieja escuela para darse cuenta que no hay cambios en la forma de gobernar del PRI.

 

Cada día vemos más alianzas del gobierno de Enrique Peña Nieto con la delincuencia organizada y de cuello blanco, con las trampas del Partido Verde y con gobernadores tiranos como el de Veracruz.

 

Hace falta que México tenga una gobierno honesto que derrote y expulse los gobiernos de la infamia, la corrupción y la violencia.