Opinión

Violencia verbal

El fuego cruzado de adjetivos refleja el nivel de la política. | Jorge Ramos Pérez

  • 18/07/2021
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En una tienda de pie de carretera, el entonces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador preguntó a quienes cubrían su campaña en 2006 por quién iban a votar.

Quien esto escribe le respondió que el voto es secreto. No tenía por qué saber que había tomado la decisión de anular el voto. Barrió con la mirada de arriba a abajo y dijo: “se me hace que eres panucho”.

El lenguaje del hoy presidente de México hacia las demás personas, sean políticos o no, contrarios o no, ha sido siempre duro. Quizá forme parte de una característica de los mexicanos, que vaya que se han visto en problemas, por ejemplo, en el futbol por adjetivar a los homosexuales.

En ningún caso es admisible porque genera un ambiente violento.

El escritor Gabriel Zaid publicó en junio de 2018 en Letras Libres el texto AMLO poeta, hace poco el periodista Carlos Loret de Mola abordó también este estilo personal de López Obrador de conducirse… y de hacer política.

Quizá falte algún adjetivo, pero aquí la lista que recopiló Zaid, más algunos añadidos:

Achichincle, alcahuete, aprendiz de carterista, arrogante, blanquito, Comandante Borolas, calumniador, callaron como momias, camajanes, (Ricki Riquín) canallín, chachalaca, chayotero, cínico, conservador, corrupto, corruptazo, deshonesto, desvergonzado, doble cara, espurio, farsante, fichita, fifí, fresa, gacetillero vendido, hablantín, hampones, hipócritas, ladrón, lambiscones, machuchón, mafioso, mafiosillo, maiceado, majadero, malandrín, maleante, malhechor, mañoso, matraquero, miente como respira, mentirosillo, minoría rapaz, mirones profesionales, oportunista, pasquín inmundo, paleros, pandilla de rufianes, parte del bandidaje, payaso de las cachetadas, pelele, pequeño faraón acomplejado, perversos, pillo, piltrafa moral, pirrurris, politiquero demagogo, ponzoñoso, pregonero, prensa vendida, ratero, reaccionario de abolengo, represor, reverendo ladrón, riquín, risa postiza, sabelotodo salinista, señoritingo, sepulcro blanqueado, simulador, siniestro, tapadera, tecnócratas neoporfiristas, ternurita, títere, traficante de influencias, traidorzuelo, vulgar, zopilote.

Luis Estrada, coordinador del Diplomado Análisis Político del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), publicó recientemente en su cuenta de Twitter un análisis de las conferencias matutinas del presidente, hasta el 15 de junio de 2021.

En 630 “mañaneras” en 928 días de gobierno, con un promedio de duración de 108 minutos, López Obrador ha pronunciado mil 647 veces el calificativo “neoliberal” o sus derivados, con el que se refiere a sus opositores políticos y a los gobiernos que lo antecedieron, y 164 veces “fifí o fifís”.

Por supuesto, sus opositores tampoco han sido mansas palomas con el presidente. En 2006 fue eslogan de campaña tildarlo de “un peligro para México”. A sus seguidores les llaman “chairos”.

Hay otros adjetivos más agresivos contra el presidente que no repetiré aquí. Pero aluden a su edad y a su frase “fuchi caca”, que él expresó contra los políticos corruptos del pasado.

El fuego cruzado de adjetivos refleja el nivel de la política. Las democracias más avanzadas no caminan sobre políticos cuya retórica y discurso argumentativo se sostiene en la violencia verbal.

Vamos hacia la segunda mitad del sexenio y lo esperable es que se agudice la reyerta de callejón. Triste para el país, pero hacia allá vamos. Alguien tiene que parar.

Punto y aparte. Vicente Fox intentó y no pudo (y no quiso) llevar a juicio delitos del pasado, en particular las matanzas del 2 de octubre de 1968 y del 10 de junio de 1971. Fracasó. Este gobierno no puede con Emilio Lozoya, que ocurrió apenas ayer.

Punto final. No caigamos en el juego anticipado de la sucesión. El país está en llamas, la crisis de covid acelerada y los estragos en la economía dejan a miles sin comer.

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