Un reacomodo en el gabinete para encaminar al gobierno Peña Nieto hacia el cierre de sexenio ha sido anticipado desde antes de los procesos electorales recién  concluidos en varias entidades significativas. Sólo se estaría en espera de un balance final para dar paso a los ajustes pertinentes.

Se daba por descontado que el nivel de tensión poselectoral determinaría, por ejemplo, el perfil del personaje que encabezaría un nuevo cambio en la dirigencia del PRI, pero especialmente el nombre de quien llegara a la Secretaría de Gobernación. A mayor tensión, menor margen de maniobra, pues serían necesarios personajes conciliadores. La actual correlación de fuerzas dota a Los Pinos de una baraja más amplia. 

Fuentes cercanas a este proceso estiman que habrá cambios al menos en la titularidad de dependencias como Gobernación, Desarrollo Social, Educación Pública y Energía, Hacienda y Pemex, en lo que parecerá realmente una serie de enroques que anticiparán la definición de quién será el candidato presidencial del PRI en 2018.

Las mismas fuentes ven salir pronto de Gobernación a Miguel Ángel Osorio Chong, pero lo que no está claro es su destino. En rango de probabilidades, lo más previsible es que vaya a Desarrollo Social y su actual titular, Luis Enrique Miranda, migre al Estado de México para una gubernatura interina en caso de que Eruviel Ávila se separe de su posición para participar en  una hipotética contienda interna en el PRI, lo que parece hoy harto improbable. A eso hay que sumar el hecho de que Miranda y Ávila sostienen desde hace años una apenas disimulada confrontación política.

Una probabilidad menor para Osorio Chong es migrar hacia el PRI, como eventual operador de la campaña del 2018, lo que sería una posición temporal pues quien sea ungido candidato seguramente lo removería, primero porque necesitaría traer a su equipo de confianza, pero también porque Osorio está confrontado con segmentos importantes del PRI tradicional, de alguna manera encarnados en Manlio Fabio Beltrones. Formalmente en el desempleo, el sonorense sigue siendo uno de los personajes más poderosos del país.

Hay quien aún piensa que la postulación presidencial puede recaer en Osorio, quien es descrito hoy como del todo lejano al primer círculo presidencial y confrontado Luis Videgaray, canciller y todavía la principal fuente de influencia sobre Los Pinos y su principal ocupante.

La duda sigue radicando en quién será el próximo titular de Gobernación. Hay cada vez más apuestas en el sentido de que se trataría del actual secretario de Educación, Aurelio Nuño, lo que explicaría sus recientes -y sorprendentes- declaraciones en una entrevista exclusiva en "El Universal".  Pero también se le puede asignar el PRI, donde hasta poco tiempo se desconocía si contaba con credencial de militante.   

Enrique Ochoa presentó un resultado con claroscuros de su gestión al frente del PRI, pero exhibe en las alforjas el triunfo logrado en dos entidades clave, en especial el Estado de México, el mayor número de expulsión de gobernadores priístas acusados de corrupción en la historia moderna del Institucional, y un estilo refrescado que la valió no pocas simpatías. Se prevé que sea enviado a conducir una secretaría de Estado, como Energía -ámbito que domina-, o el propio Pemex.

El actual director de Pemex, José Antonio González, entraría a Hacienda, a cuyo responsable, José Antonio Meade, parecen abrírsele dos escenarios positivos: la gubernatura del Banco de México y, bajo cierta coyuntura, la propia candidatura presidencial.

En la soledad de su despacho de Los Pinos, Enrique Peña Nieto ha mandado señales de que en este proceso hará gala de su estilo personal, famoso por reconcentrarse y cocer a fuego lento sus determinaciones. O como lo describió para este espacio un antiguo colaborador: "Mastica la decisión, mastica y sigue masticando... cuando parece que la va a escupir, empieza de nuevo a masticar".

Pero las circunstancias del Presidente no parecen otorgarle demasiado tiempo. Debe salir al paso de la aparente ventaja que exhibe en la carrera presidencial Andrés Manuel López Obrador, consolidar el control del proceso para la designación del candidato, y anticipar las medidas necesarias para un control de daños en caso de que todo salga mal.

Y podría haber empezado por el final. Cuando aún no se acallaban los recuentos electorales, separó de su puesto a Humberto Castillejos, su poderoso consejero jurídico de la Presidencia. El hombre que logró imponer su dominio en la designación de posiciones esenciales y colonizar instituciones que antes gozaron de creciente independencia, desde la Corte hasta el INAI, pasando por el Ifetel y el INE. Con antecedentes políticos y prestigio jurídico más bien modestos antes del arranque de la actual administración, Castillejos se constituyó en senador, juez y empleador implacable de la alta burocracia, gracias a su influencia en Los Pinos y a una especie de pragmatismo que ha rayado siempre en el cinismo.

En forma imprevista pero no sorpresiva,  Castillejos –primo del procurador Raúl García Cervantes, quien le debe el puesto- se separó de sus funciones. La prensa política de manera casi generalizada cayó en el garlito de que el receso se debía a que pronto contraerá matrimonio. El argumento, bobo de origen, se derrumba por ilógico.

Castillejos aspira a relevar a José Ramón Cossío, ministro de la Corte que concluirá su periodo constitucional en los primeros días del próximo año. Con él se ausentará del supremo tribunal una de las voces más rigurosas jurídicamente hablando, y políticamente independientes.  Parece una posibilidad cruel que su sitio pueda ser cubierto por un abogado cuestionado desde varios flancos, una voz tan conservadora y en especial, un operador nato de un gobierno que cuando el Senado deba votar la respectiva terna, habrá iniciado la cuenta final para su salida.

La pregunta final realmente importante es quién será perfilado luego de todos estos acomodos como el candidato del PRI a la Presidencia del 2018.  Y hasta ahora la respuesta es muy clara: quizá ni siquiera Enrique Peña Nieto lo sabe aún.

A este rompecabezas con el rostro del ungido del oficialismo le faltan aún las piezas principales.  Pero el priismo debe apresurarse si realmente quiere competir. Porque esta carrera empezó hace ya rato, y por ahora se ve a la cabeza del pelotón a uno solo hombre, cuyas siglas son AMLO. (robertorock@hotmail.com).  





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