Opinión

Vergüenzas de gobernantes

La PGR no le hace favor alguno a los ciudadanos.

  • 17/07/2016
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Cuando se aproxima el momento de dejar el poder, los gobernadores disponen de algunas facilidades -o abusos-, para hacer más cómodo y llevadero el trágico desenlace que representa dejar el poder de un día para otro, a un nuevo gobernador emanado de elecciones libres y democráticas, para volver a pasar a formar parte del conglomerado y regresar a la realidad que llevan sus gobernados, o quizás un justo retiro político que incluya unas vacaciones al extranjero, que quizás puede incluir escoltas para su seguridad, alguna notaría para alguien de sus cercanos, o bien, tratar de imponer su poder a la fuerza a la administración que lo substituirá, mediante la colocación de incondicionales en puestos claves de la administración local.

 

Esto mismo fue lo que quisieron hacer los gobernadores Javier Duarte y Roberto Borge, de Veracruz y Quintana Roo, respectivamente. El primero, al tratar inocentemente de imponer con la complicidad del Congreso del Estado al fiscal anticorrupción; mientras que en el segundo caso, dejarle encargado al auditor superior de este estado, un fiscal que sustituya al actual procurador de Justicia y a tres magistrados del Tribunal Superior de Justicia de tal entidad, con sus recomendados, en el que en ambos casos, el siguiente gobernador corresponde a signo político distinto del actual gobernante.

 

En ambos casos la oposición ha calificado estos actos como blindaje político. El senador Héctor Yunes Landa (PRI) ex candidato al Gobierno de Veracruz, dijo que "por vergüenza" le pide al gobernador de Veracruz que renuncie.

 

A Veracruz no le pudo haber pasado algo peor, que ser gobernado por alguien que es rechazado por su propio partido, que tiene calificaciones reprobatorias en seguridad, impartición de justicia, asesinatos de periodistas en el país, persecución política y, la joya de la corona, corrupción a todos los niveles de autoridad estatal, con una deuda de casi 50 mil millones de pesos (mdp), después de Nuevo León y la Ciudad de México.

 

Mientras que Quintana Roo es gobernado por una autoridad corrupta, con actitudes despóticas, acusado de perseguir contrincantes políticos, cuya entidad presenta una deuda de unos 25 mil millones de pesos y junto con Veracruz se encuentran entre los primeros diez estados más endeudados del país.

 

Para tal efecto, la Procuraduría General de la República (PGR) ha presentado acciones de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte en contra de las reformas de Veracruz y Quintana Roo, que violan disposiciones en materia de Anticorrupción contra los Congresos de esos estados. Por su parte, el Gobierno de Veracruz ha señalado que declarará desierta la convocatoria para nombrar al fiscal anticorrupción de ese estado, cuyo proceso estaba diseñado para un incondicional del gobernador Duarte.

 

Por su parte y con prudencia, el Gobierno de Quintana Roo de Roberto Borge, ha declarado que esperará a que la Suprema Corte de Justicia juzgue esta acción, quizás para ratificar a sus magistrados o removerlos.

 

La PGR no le hace ningún favor a los ciudadanos, al presentar acciones de inconstitucionalidad en contra del Congreso de estas entidades federativas, ya que si existiera voluntad política, también llamaría al gobernador César Duarte de Chihuahua para que explique quién le autorizó los recursos para establecer una institución financiera con dinero público, así como al ex gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina; al de Coahuila, Humberto Moreira; al de Sonora, Guillermo Padrés o al ex gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, para que rindan cuentas por las anomalías en las cuentas públicas, deuda pública, excesos o corrupción.

 

Y hablando de vergüenzas, esta semana el PRI eligió a Enrique Ochoa Reza como su nuevo presidente, en substitución de Manlio Fabio Beltrones, un candidato de unidad que renunció por motu propio a su militancia de una pobre participación en 2010, poco antes de concursar para ser Consejero Electoral del entonces Instituto Federal Electoral, y cuya designación partidista choca ideológica y pragmáticamente con el discurso de Luis Donaldo Colosio para candidatos de extraña procedencia: "No queremos candidatos que, al ser postulados, los primeros sorprendidos en conocer su pretendida militancia en el partido, somos los propios priístas".

 

@racevesj

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