Hace unas semanas se viralizó el video de una niña mexicalense de 16 años que despotricó contra el sistema educativo (así, sin más señas) al que calificó de “pendejo y retrógrada”. Acto seguido, anunció histriónicamente su decisión de dejar de estudiar la preparatoria. No abundaré mucho en el video porqué ya se comentó más de lo que merecía ser comentado y además porque me parece que aunque seguramente la joven alcanzó esa engañosa fama que buscaba, también recibió una fuerte e inmerecida tunda en redes sociales por su aparente rebeldía ejercida desde la comodidad de la burbuja en la que creció. 

 

Lo que sí me parece interesante para analizar, fue el debate que generó el video de la joven (a quien quisieron encasquetarnos a los millennial pero que en realidad forma parte de la Gen Z) en la sociedad y particularmente en los jóvenes. Si bien es cierto que hubo un consenso casi unánime en señalar que tanto la educación básica como la media (con sus graves pero perfectibles defectos) siguen siendo indispensables para la formación de cualquier persona, chocaron dos grupos: los que clamaban que la Universidad y los posgrados son imprescindibles para todo profesionista que aspira a triunfar, y los que por su parte los refutaban señalando que la educación superior es inservible en el ámbito profesional además de ser privativa de años valiosos y de dinero que pudiera ser mejor invertido.

 

Sobre la tesis del segundo grupo, les asiste la razón en que han aumentado las ocupaciones que pueden desempeñarse sin un título universitario. Igualmente, en que hay casos de éxito sin escolaridad superior entre los que destacan Mark Zuckerberg, Steve Jobs y Bill Gates (aunque sigan siendo una minúscula excepción).

 

Sin embargo, la profesionalización sigue rigiendo al mundo como lo conocemos y la universidad sigue siendo uno de los pilares de la civilización y del progreso humano. Al graduado, la Universidad le aporta herramientas y beneficios tales como: un vasto acceso a profesores y mentores, el tejimiento de valiosas conexiones interpersonales, la explotación exclusiva de determinadas profesiones que requieren de la colegiación, la oferta de mejores empleos a mayor escolaridad, entre otras cosas. Aunado a ello, terminar una carrera o un posgrado ayuda a validar al graduado como experto en una rama específica y como una persona constante y confiable. Ello, al inferirse su estabilidad en el lugar de trabajo por haberse capacitado en una determinada área por varios meses o años.

 

Ahora bien, algo han dejado de hacer las Universidades para que en los últimos años resuene cada vez en las cabezas de más personas que la educación superior es un lujo innecesario. Esto es sintomático de una aguda crisis institucional que incluye a las Universidades y que golpea por igual tanto a las públicas como a las privadas. A las primeras por su rezago y a las segundas por su alto costo.

 

Las Universidades privadas están haciendo oídos sordos a la realidad financiera de su alumnado. En Estados Unidos, la deuda estudiantil asciende aproximadamente a un trillón de dólares norteamericanos y está por encima de la deuda de las tarjetas de crédito[1]. En México y según cifras citadas en una nota de Forbes, el ingreso promedio mensual de los profesionistas en el 2014 era de diez mil doscientos noventa y dos pesos[2] (un sueldo que tardará varios años no sólo en darle estabilidad económica al graduado sino incluso en dejarlo pagar la carrera).

 

Respecto a las Universidades públicas en México mucho se puede decir empezando por su incapacidad de competir con las privadas, algo que sólo un puñado de ellas puede hacer. Además, ese pequeño grupo de universidades públicas bien calificadas que encabeza la UNAM, es incapaz de hacerle frente a la demanda estudiantil mexicana. De acuerdo con una nota de la Jornada[3], en marzo de 2015 la UNAM dio a conocer que para el ciclo 2015-2016 de los 128 mil 519 estudiantes que presentaron el examen de admisión, únicamente el 8.9% de ellos fue seleccionado.

 

Qué decir de los emprendedores y cómo han sido abandonados por las Universidades. Ahora más por moda que por estrategia brotan carreras, diplomados y posgrados buscando captar a aquellas personas interesadas en emprender un nuevo negocio. Sin embargo, históricamente las Universidades se han concentrado en buscar colocar alumnos en grandes corporativos olvidándose de fomentar la creación de empresas emergentes o startups. En innumerables ocasiones se han acercado conmigo emprendedores con comentarios como “a pesar de la Universidad emprendí este negocio” o “gracias a que me salí a tiempo pude emprender”.

 

Como si el panorama no fuera lo suficientemente desolador, los pocos afortunados que pudieron estudiar una carrera o posgrado en nuestro país se dedican a algo ajeno a lo que estudiaron. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo realizada por el INEGI, en México en el año 2013 de 7.2 millones de profesionistas ocupados, 4.3 millones de ellos no se desempeñaba en un trabajo relacionado a su carrera Universitaria.

 

Por todo lo anterior, hay que pregonar un cambio radical en nuestra educación superior. No puede concebirse a una sociedad avanzada sin Universidades. No obstante, con el estado actual de las cosas percibo a mi generación y a las que le siguen dispuestas a boicotear a la educación superior en unos años más si las cosas no cambian.

 

En los próximos años las Universidades deberán asumirse como políticos en campaña con las nuevas generaciones y prometerles cambios rápidos y certeros. Tendrán que empezar por proponerse no sólo formar a excelentes investigadores y catedráticos como ya lo hacen sino también a profesionistas y emprendedores que apliquen lo aprendido en las aulas para dar soluciones a su entorno. Las Universidades privadas deberán hacerlo acoplándose a la realidad financiera que vive su alumnado mientras que las públicas dejando de soslayar el nivel de sus docentes y materiales. Y por si fuera poco, deberán hacer todo esto frente a su nueva, muy barata y más accesible competencia; la cultura del “Do It Yourself” que nos trajo la Sociedad de la Información.

 

@alejandrobasave

@OpinionLSR

 

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[1] Según datos presentados en el documental “Ivory Tower” (Dirección: Darin Ferriola, 2014)

[2] https://www.forbes.com.mx/buen-salario-para-egresados-mision-imposible/#gs.W_51c8w

[3] http://www.jornada.unam.mx/2015/03/30/sociedad/033n1soc


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