Opinión

¿Unidos contra la inseguridad y violencia?

Convocar a la unidad nacional ha sido, es y será una utopía. | José Antonio Sosa Plata

  • 30/01/2020
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El llamado a la unidad es uno de los argumentos más frecuentes y poderosos de la comunicación política. Lo han utilizado desde hace siglos los candidatos, autoridades políticas y líderes sociales. El concepto es útil y atractivo para motivar o persuadir a cualquier grupo o a los integrantes de cualquier organización, empresa o institución.

Para llamar a la unidad no hace falta color ni filiación ideológica.

Sin embargo, el culto que hemos desarrollado por la unidad social y política es un anhelo y un valor, nunca un hecho. Tampoco es un proyecto político viable, a pesar de la efectividad que puede lograr para llevar al triunfo a quien lo enarbola. La evidencia demuestra que no es ni más ni menos que un concepto retórico y utópico.

Te recomendamos: Ernesto Ottone y Ana Sojo. Cohesión social. Inclusión y sentido de pertenencia en América Latina y El Caribe. Santiago de Chile, Naciones Unidas, CEPAL, 2017.

Para aspirar o convocar a la unidad, primero hay que tener una causa y luego crear un sentido de pertenencia. Pero en un país como el nuestro, que tiene una composición plural, pluriétnica, pluricultural y con profunda desigualdad socioeconómica resulta imposible aglutinar en un solo bloque o en un frente común a una población de más de cien millones.

La exclusión, la marginación y la polarización son las barreras principales de la unidad.

La identidad cultural tal vez nos puede unir en el amor a la patria y a los símbolos que la representan, pero nada más. La unidad de una sociedad tampoco es una aspiración posible ni deseable en términos de la lengua, el concepto de familia, la solidaridad o el trabajo. La diversidad y el derecho a diferir lo impiden.

El sistema democrático y el modelo económico también lo dificultan.

Vamos, la unidad nacional no se ha logrado frente a las amenazas o invasiones que han puesto en riesgo nuestra independencia y soberanía en ninguna de las tres grandes transformaciones que ha vivido nuestro país. Las divisiones antes, durante y después de cada una fueron tan profundas que la estabilidad y la gobernabilidad parecían imposibles.

La unidad nacional tampoco se concretó en el marco de los dos llamados que hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador el año pasado. El primero, ante la amenaza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por aplicar aranceles a México si no frenaba en su frontera el gran flujo de migrantes. El segundo, en voz del canciller Marcelo Ebrard, luego de las críticas que recibió el gobierno por dar asilo político al presidente de Bolivia Evo Morales.

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El nuevo ecosistema de comunicación tampoco permite la unidad

Los medios digitales y las redes sociales se rigen por un esquema de libertad de expresión sin precedente. Por esta razón se han convertido en el escaparate ideal para expresar las diferencias, los desacuerdos, las intolerancias, las agresiones y las expresiones discriminatorias. Pocas veces han servido para convocar a la unidad, porque casi siempre expresan con gran transparencia las diferencias.

La unidad será un valor deseable e inalcanzable también por nuestra naturaleza. El engaño, la mentira y la traición son solo algunas de las características que tiene la lucha por el poder. Se trata de actos que no siempre son comprensibles ni justificables, pero que son la fiel expresión de nuestra lucha cotidiana por la supervivencia.

Consulta: Isabel Rivas Lara. "Por la unificación del país". Especiales, El Universal 100 años, Modernidad Educativa, 19 Julio 2016.

Para aspirar a la unidad y la cohesión se necesita una auténtica voluntad de inclusión.

La inclusión socioeconómica no se puede entender sin la promoción de una cultura cívica y de solidaridad, de una cultura de respeto y reconocimiento al pluralismo y la diversidad, y del fortalecimiento de las instituciones para que cumplan con un modelo de justicia, resultados y apoyo efectivo con los programas sociales a los grupos en desventaja de la población.

Está claro que las sociedades no pueden solas, ni los gobiernos con todo.

Nuestra sociedad aún es débil, es desigual y está profundamente polarizada. Por eso, el llamado a la unidad que hicieron Javier Sicilia y los LeBarón en la Caminata por la Verdad, la Justicia y la Paz era justificado, necesario y obligado. A pesar de todo, el mensaje sirvió sin duda para sensibilizar a un mayor número de personas sobre la situación de inseguridad y violencia que estamos viviendo desde hace mucho tiempo.

También fue útil la discrepancia que provocó y los ataques que se generaron en su contra.

Por si no lo leíste: Caminata de Sicilia, un mosaico de nuevas y viejas historias de violencia.

En comunicación política, la confrontación puede fortalecer los liderazgos. De hecho, lo hemos reiterado, el conflicto es uno de los motores más poderosos con que cuenta la democracia para avanzar y consolidarse. Por un lado, porque estimula el diálogo, la negociación y el acuerdo temporal entre autoridades y sociedad. Por el otro, porque es compatible con los modelos de cohesión social que se han promovido desde las instituciones internacionales.

Recomendación editorial: Fernando Carrión M., Jenny Pontón C. y Blanca Armijos. 120 Estrategias y 36 experiencias de seguridad ciudadana. FLACSO Ecuador, 2019.