Opinión

Una tumba más

Además de la renovación moral de la seguridad del país es necesario insertar una reforma al sistema de seguridad que contemple una seguridad en la Constitución.

  • 30/09/2018
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La crisis que tiene el Gobierno de Jalisco a propósito del descubrimiento de unos 440 cadáveres que fueron depositados en una caja refrigerada, es un gran problema que es posible que ya se haya desbordado.

Es un problema que ha rebasado la capacidad de los servicios forenses, por lo menos en los estados de Jalisco, Guerrero y Veracruz, y muy probablemente en Tamaulipas, Durango y Coahuila. Estamos hablando de cientos de cuerpos que de manera legal se hallan en espera de un digno final, además de los cuerpos y restos humanos descubiertos, -y por descubrir-, en fosas clandestinas.

Modelo de seguridad pública

No fue suficiente que los Congresos locales hayan modificado los elementos estructurales del concepto de homicidio en los Códigos penales del fuero común, por el que se reestructuran las estadísticas y se modifica la cantidad de fallecidos, sin importar lo violento de las circunstancias de las defunciones.

Tampoco funcionó la figura de Fiscal General en algunos estados, por el que se fusionó la Procuraduría de Justicia y la Secretaría de Seguridad Pública, que suponía un esquema integral de combate a la inseguridad, pero sin tomar en cuenta la vulnerabilidad y la permeabilidad de la corrupción en algunas de estas instituciones, en perjuicio de la función de seguridad y demeritando el esfuerzo de las Fuerzas Armadas.

Las tácticas han sido superadas por la capacidad de fuego de las organizaciones delictivas; los operativos fracasan y el estado de fuerza es mermado por la capacidad de corrupción de la delincuencia, ante las substanciales diferencias de sueldos y prestaciones en las entidades y municipios.

El modelo de seguridad pública contenido en el artículo 21 constitucional no es suficiente, cuando sólo está diseñado para una parte de la seguridad y la función de seguridad desatiende la seguridad interior y la seguridad nacional, como parte integral de un todo que, debiera de funcionar correctamente, como la función recaudatoria que está perfectamente engrasada por la federación, estados y municipios. Así debería funcionar la seguridad en el país.

Seguridad

Una de las deficiencias consiste, en que el modelo de seguridad diseñado en las leyes secundarias, no se interrelaciona entre sí, -como sucede con las leyes fiscales y hacendarias con las que opera la función de hacienda-, de tal modo que, cada estructura de coordinación que a manera de conferencia diseña la Ley General de Sistema Nacional de Seguridad Pública, como la conferencia nacional de procuradores o la conferencia nacional de secretarios de seguridad, es una oda a la inoperancia e ineficiencia, convirtiéndose en una reunión de amigos con una escasa capacidad de resolución de problemas.

En esas conferencias conviven los buenos y los malos. Por ahí transitaron otroras Fiscales como los de Nayarit o de Jalisco, seriamente cuestionados por sus relaciones con la delincuencia y sin el menor recato en ser apoyados por sus gobernadores, en quienes ahora pende una grave responsabilidad por el estado de inseguridad en que mantienen a sus estados.

Además de la renovación moral de la seguridad del país, que incluya un sólo tabulador nacional a los policías, es necesario insertar una reforma al sistema de seguridad que contemple una seguridad en la Constitución, como función de Estado, de donde se desprendan las funciones de gobierno de la seguridad, como la seguridad nacional, la seguridad interior y la seguridad pública.

Es necesario ajustar las normas secundarias para que el esfuerzo ideológico y dogmático de la seguridad se vea sincronizado con el esfuerzo normativo.

La otra transformación

@racevesj@OpinionLSR | @lasillarota

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