Opinión

Una tragedia anunciada

Un año y casi 400 mil muertos después, se confirman las sospechas de que a nuestro país no le iría bien con la pandemia del covid-19. | Octavio Díaz García de León

  • 04/02/2021
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-Para las víctimas del covid-19

La idea: Desde que inició la pandemia del covid-19 hubo señales ominosas de que a nuestro país no le iría bien. Un año y alrededor de 200 mil muertos después, las sospechas se confirman. Pero lo peor no ha pasado aún. ¿Qué no será posible que como sociedad seamos capaces de responder mejor a esta tragedia ante lo que aún falta por venir?

Para saber si se está haciendo algo bien, la manera más sencilla de comprobarlo es ver los resultados. El número de muertos por covid-19 que en unas semanas más alcanzará un cuarto de millón y el decrecimiento tan pronunciado de la economía (PIB= -8.5% en 2020) nos muestran que los resultados del combate a la pandemia no han sido buenos. 

Si desde el principio se hubiera decidido minimizar el número de fallecidos y mantener la economía funcionando, las acciones a realizar hubieran sido muy diferentes a las que se llevaron a cabo y que aún se siguen aplicando. 

En países con estrategias exitosas de contención, los gobiernos se fijaron como objetivo reducir el número de contagiados para, con ello, disminuir el número de personas que necesitaban atención hospitalaria y, por lo tanto, el número de decesos, evitando, además, el cierre de actividades económicas.  

En estos países se logró contener la pandemia con medidas drásticas pero selectivas de aislamiento, con aplicación masiva de pruebas, con seguimiento y aislamiento de contagiados, etc... Aquí se escatimaron esas medidas, incluso las más sencillas, como el uso de cubrebocas.

De acuerdo con el reciente libro de la Dra. Laurie Ann Ximénez-FyvieUn daño irreparable”, la estrategia en nuestro país no fue reducir contagios sino buscar una inmunidad de “rebaño” sin vacunas, es decir, propiciando que se enferme el mayor número posible de personas para alcanzar “inmunidad” de esa manera.

Dado que no hay medicinas que curen el covid-19, esta estrategia forzosamente tendría como daño colateral millones de muertes de acuerdo con las cifras de letalidad de la enfermedad y millones de sobrevivientes tendrían secuelas de por vida. 

Además, esta estrategia tampoco considera que cada muerto, cada enfermo, cada sobreviviente que tendrá que luchar con secuelas el resto de su vida, representa una tragedia de carácter personal para los enfermos y sus familias, lo cual ocasiona un daño moral enorme.

Los errores y acciones mal intencionadas en el manejo de la pandemia las exhibe la Dra. Ximénez en su libro. Algunas de ellas son: a) No se aplicaron medidas de contención.  b) Las cifras no son confiables. Existe un enorme subregistro por falta de pruebas y otros factores. c) Las autoridades han mandado mensajes contradictorios. d) No hay medicinas ni oxígeno suficiente. e) Los trabajadores de la salud no tienen protección adecuada, lo que ha ocasionado que en México sea el país donde más personal de salud ha fallecido. f) Se ha producido una crisis económica sin precedentes recientes, que ha exacerbado la pandemia al tener que salir a trabajar las personas, quienes se ven en el dilema de comer o arriesgarse a contraer la enfermedad, etc.… 

No todo ha sido negativo. Tenemos, por ejemplo, la actuación heroica del personal de hospitales públicos y privados, de innumerables doctores que en su consulta particular han ayudado a sus pacientes, de camilleros y operadores de ambulancias y de todos aquellos quienes han estado en la primera línea de atención a enfermos sin protección ni insumos adecuados. O bien, el enorme esfuerzo de cientos de miles de familias que atienden sin ayuda de las instituciones de salud, a sus enfermos, batallando para conseguir oxígeno y medicinas, peleando por una cama de hospital, suplicando por servicios funerarios y hasta por actas de defunción. 

También la actuación de algunos gobernadores, como la jefa de gobierno de la CDMX que, aunque tarde y tibiamente, han tratado de tomar medidas más eficaces que las que ha dictado el gobierno federal. Asimismo, la labor de la Secretaría de Relaciones Exteriores para conseguir ventiladores, insumos básicos y, recientemente, vacunas. Falta que la adquisición y distribución de las vacunas por parte del sector salud se materialice y sea eficaz, aunque ya se empezaron a ver muchas carencias y prioridades distorsionadas en su aplicación.

La sociedad debe participar, desde evitando aglomeraciones en lugares cerrados, usar siempre el cubrebocas, impulsar que se quiten las trabas para que el sector privado, a través de sus hospitales y recursos apoyen la lucha contra la enfermedad, hasta pedir que se cambie la estrategia de atención a la pandemia, la cual ha traído un daño colateral enorme en vidas humanas y sufrimiento.  

Ante gobiernos que se han visto rebasados, la sociedad debe movilizarse para tomar el control de la atención a la pandemia y tratar de detener la peor tragedia, medida en número de muertes, que ha sucedido en nuestro país en los últimos cien años.



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